Análisis | Grecia
La encrucijada de los movimientos ante el Gobierno de Syriza

La difícil situación de Grecia obliga a los movimientos sociales a resituarse ante el nuevo Ejecutivo de Syriza.

, sociólogo, traductor y activista de la economía solidaria.
07/03/15 · 11:04
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Es ya un lugar común afirmar que la victoria electoral de Syriza se basa en gran medida en las movilizaciones de los movimientos sociales de los últimos cinco años en Grecia. No obstante, esta afirmación puede ocultar la diversidad de idearios y demandas en la sociedad griega, como también puede reforzar una imagen simplista de lucha entre las fuerzas pro y antiausteridad. Si bien Syriza ha estado presente en las grandes movilizaciones de los últimos años, el factor determinante en la consolidación de su hegemonía fue su capacidad de movilizar el voto de la clase media, convenciéndola de que podía revertir las injusticias producidas por los recortes indiscriminados, parar la movilidad hacia abajo y retomar el camino hacia la prosperidad material de los años anteriores a la crisis.

Sin embargo, en el interior de los movimientos sociales hay dos imaginarios distintos, complementarios y a la vez antagónicos. Por un lado están los movimientos de ciudadanos afectados por el ataque antisocial de la troika, que exigen la restitución del Estado de bienestar como instrumento de redistribución, el fortalecimiento del Estado como mediador de los antagonismos sociales y la vuelta al crecimiento económico con el fin de paliar la pobreza y desesperación que el desempleo masivo ha provocado. Por el otro, está una multitud de movimientos que pretenden ir más allá del Estado y de la economía capitalista como principios organizativos de la vida social y empiezan a construir ya alternativas radicales basadas en la proximidad, la solidaridad y la participación.

Por supuesto, los dos imaginarios coexisten en el seno de muchos movimientos y están en fricción permanente. Debates interminables se han producido, por ejemplo, en las asambleas de las docenas de Clínicas Solidarias Autogestio­nadas de Grecia: ¿Es su objetivo tapar los agujeros que produce el rápido desmantelamiento del sistema público de salud o, por el contrario, producir un modelo alternativo de gestión de la salud que vaya más allá de lo estatal?

Los movimientos dominados por el primer imaginario celebraron la llegada de Syriza al poder como una victoria propia. Sin embargo, un mes después, se están dejando claras las limitaciones de este ideario en la coyuntura actual. El poder del Gobierno nacional se demuestra insuficiente para plantar cara al poder establecido a nivel nacional y supranacional. A pesar de la dura negociación, el nuevo gobierno ha vuelto de Bruselas con un nuevo plan de austeridad que complicará muchísimo la puesta en marcha de su “plan de salvación social” anunciado durante la campaña electoral. Aunque este desenlace represente una mejora comparado con los planes de rescate anteriores, y aunque sea sólo un primer paso en la larga negociación, queda patente que en una Europa dominada por un núcleo duro neoliberal que exige sacrificios humanos para aplacar el mercado, hay muy poco margen de maniobra para un gobierno progresista. Además, con las arcas públicas vacías y el chantaje permanente del servicio de la deuda soberana, una recapacitación económica basada en políticas de inspiración keynesiana parece también irrealizable.

Desmovilización

Del otro lado, los movimientos inspirados en el segundo ideario, después de la efervescencia social de los años 2011-2012, vivieron una progresiva desmovilización, debido en parte a la estrategia de desgaste y represión del gobierno anterior, pero también a la dinámica electoral de Syriza, que ha canalizado de nuevo el deseo de cambio social hacia la vía parlamentaria. No obstante, pervive todavía su legado de empresas autogestionadas, iniciativas de gestión de los bienes comunes, ecoaldeas, cooperativas productivas o de consumo, centros sociales, asambleas vecinales, y una larga serie de iniciativas de base que prefiguran una institución alternativa de la sociedad en clave de democracia radical y una economía construida sobre las necesidades humanas.

Una recapacitación económica basada en políticas de inspiración keynesiana parece irrealizable

En este marco se celebró en Atenas a finales de febrero un fórum de pensadores y activistas de los movimientos de base, con cientos de participantes, bajo el rubro ‘Prosperidad sin crecimiento’, con el fin explícito de traducir su actividad en propuestas concretas, tanto hacia el poder político como hacia la sociedad. Partiendo de la premisa de que el crecimiento económico es ya incompatible con el bienestar social y la sostenibilidad medioambiental, los movimientos de base buscan complementar la resistencia creativa a las políticas neoliberales y la construcción de alternativas viables desde abajo con la exigencia de reformas radicales: desde la implantación de la renta básica universal o la institución de nuevos regímenes de gestión de los bienes comunes hasta la creación de un marco legal que permita el funcionamiento de empresas recuperadas, como la Vio.Me de Tesalónica. Se intenta así hacer uso de las oportunidades que ofrece un gobierno que explícitamente reconoce la economía social y solidaria como parte importante de su programa político.

No obstante, la relación entre el poder estatal y los movimientos de base nunca está libre de fricción y contradicciones. Históricamente, los gobiernos de izquierda presentan la amenaza de cooptación y desmovilización de los movimientos. En la presente coyuntura es importante que las iniciativas de base mantengan su autonomía de pensamiento y acción, para evitar diluirse dentro del proyecto hegemónico de Syriza. Es por esto que una de las iniciativas más relevantes que surgieron del fórum fue el intento de conectar e integrar los proyectos antagónicos en torno a los bienes comunes en un actor político que pueda adquirir protagonismo en una sociedad postconsumista, ayudando a superar el dilema artificial entre austeridad y crecimiento. 

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comentarios

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    Joser
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    11/03/2015 - 11:48pm
    Considerando al capitalismo como la corriente social y económicamente dominante, caben plantear, simplificando mucho, dos maneras de actuar. Ingresando en la corriente principal para producir derivaciones que como afluentes permitan distribuir e inundar zonas más amplias. Y la otra, posicionarse en una corriente diferenciada de la principal y formar mecanismos organizativos, colaborativos y distributivos diferentes a la línea dominante. En ocasiones la segunda opción puede dar su apoyo ocasional al intento de hacer que lo que es una corriente limitada a unos pocos se convierta en un río más fértil. El apoyo de la primera a la segunda opción pasa exclusivamente por separarse de la corriente principal. Si no es así es absorbida y reconducida dentro de la corriente dominante y desaparece. Algo así estamos viviendo de nuevo en Europa ahora mismo. Los avances sociales evidentes que se consiguieron con el anterior impulso social, encabezado y reconducido por la socialdemocracia están siendo taponados dando de nuevo fuerza a la corriente dominante y dejando eriales en su zona de irrigación. Una corriente que no cumple su función o es reconducida o debe ser abandonada; o ¿ambas a la vez?
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    Joser
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    11/03/2015 - 11:45pm
    Considerando al capitalismo como la corriente social y económicamente dominante, caben plantear, simplificando mucho, dos maneras de actuar. Ingresando en la corriente principal para producir derivaciones que como afluentes permitan distribuir e inundar zonas más amplias. Y la otra, posicionarse en una corriente diferenciada de la principal y formar mecanismos colaborativos y distributivos diferentes a la línea dominante. En ocasiones la segunda opción puede dar su apoyo ocasional al intento de hacer que lo que es una corriente limitada a unos pocos se convierta en un río fértil. El apoyo de la primera a la segunda opción pasa exclusivamente por separarse de la corriente principal. Si no es así es absorbida y reconducida dentro de la corriente dominante y desaparece. Algo así estamos viviendo en Europa ahora mismo. Los avances sociales evidentes que se consiguieron con el anterior impulso social, encabezado y reconducido por la socialdemocracia están siendo taponados dando de nuevo fuerza a la corriente dominante y dejando eriales en su zona de irrigación. Una corriente que no cumple su función o es reconducida o debe ser abandonada; o ambas a la vez?
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    mimosinnet
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    11/03/2015 - 6:16pm
    <span style="color: rgb(60, 61, 60); font-family: Georgia, Times, 'Times New Roman', serif; font-size: 16px; line-height: 22px;">En el artículo comentas que &quot;Históricamente, los gobiernos de izquierda presentan la amenaza de cooptación y desmovilización de los movimientos&quot;. En cierta forma, si una formación estatal desarrolla parte del ideario de un determinado movimiento es lógico y positivo que este movimiento se disuelva o se transforme hacia nuevas demandas. Es en parte, es lo que se está comentando en el artículo.&nbsp;</span> Viendo la situación desde España y después de la experiencia post-tatcher que viví en Inglaterra, diría que <strong>el mayor peligro de desmovilización son los gobiernos de derecha</strong>, ya que dificultan y entorpecen que exista movilización a la vez que implementan un discurso neolibeal que tarda décadas en desaparecer. En este sentido, creo que la historia contradice a&nbsp;​<span style="color: rgb(60, 61, 60); font-family: Georgia, Times, 'Times New Roman', serif; font-size: 16px; line-height: 22px;"><a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Nikolay_Chernyshevsky">Nikolay Chernyshevsky</a>, al que se atribuya la frase &quot;cuanto peor, mejor&quot;, y da razón a los argumentos de&nbsp;</span><span style="color: rgb(60, 61, 60); font-family: Georgia, Times, 'Times New Roman', serif; font-size: 16px; line-height: 22px;"><a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Naomi_Klein">Naomi Klein</a>,&nbsp;</span><span style="color: rgb(60, 61, 60); font-family: Georgia, Times, 'Times New Roman', serif; font-size: 16px; line-height: 22px;">en el sentido de que en las condiciones de &quot;excepción&quot; es cuando se instauran peores políticas para la población.</span> Ahora que Syriza puede desarrollar algunas de las demandas de los movimientos sociales, es un buen momento para profundizar en proyectos de autogestión social y política.&nbsp;
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    Em Pev
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    10/03/2015 - 11:44am
    <div style="text-align: justify;">Hay dos niveles claves de contradicción, como bien lo resalta el artículo arriba: (1) entre los movimientos sociales radicales y la vía electoral de reforma. (2) entre la vía electoral de reforma y los poderes centrales neoliberales. El desbalance de poder entre estos tres niveles es estrepitoso; unos (la Troika) operan con casi todo el poder, otros (Syriza) cuentan con un poder contingente a nivel nacional, los últimos (movimientos sociales radicales) apenas cuentan con el poder que logran construir desde abajo. Estas dos contradicciones han estado impulsando la política Latinoamericana desde el año 1999. El caso de Ecuador, por ejemplo, es llamativo en cuanto a como comenzó concentrando sus esfuerzos en la segunda contradicción, institucionalizando el descontento de las masas populares y los movimientos sociales (indígenas, ecologistas, feministas, anticapitalistas) para enfrentar en algunos puntos a los poderes centrales neoliberales, nacionales y extranjeros. Poco a poco el centro de gravedad ha ido moviéndose hacia la primera contradicción. Quizás se deba a la acumulación de poder que resulta del ejercicio del poder, y del desmantelamiento de ciertos sectores del poder neoliberal. La segunda contradiccion todavía está presente y alimenta la fuerza política del gobierno, la primera, sin embargo, es la que ha tomado el rol protagónico (al menos puertas adentro). Hay en latinoamérica mucho que aprender para los escenarios griegos y español, siendo que las dimensiones y la distribución de poder son completamente distintos.</div>