Análisis
Ucrania, un alto el fuego que presagia más guerra

El alto el fuego que entró en vigor el 15 de febrero puede saltar por los aires en cualquier momento.

, periodista experto en política internacional.
05/03/15 · 8:00
Edición impresa
La plaza de Maidan fue el escenario de los primeros enfrentamientos. / Florian Bachmeier

¿Tiene más posibilidades de aplicarse el Protocolo de Minsk-2, que entró en vigor el pasado 15 de febrero, que el Minsk-1, que se firmó en septiembre de 2014? No lo parece, el alto el fuego puede saltar por los aires en cualquier momento. Los cosas han ido demasiado lejos desde que hace ahora un año se derrumbara el Gobierno de Viktor Yanukóvich y empezara la espiral de violencia en Ucrania, y cada vez se hace más difícil recuperar alguna vía de diálogo.

En este tiempo perdieron la vida más de 6.000 personas; ciudades y pueblos del este han sido devastados, su vida económica y productiva está paralizada; miles de emplea­dos públicos y pensionistas viven en la indigencia después de que el Gobierno del magnate Petro Poro­shenko decidiera en otoño pasado cortarles las remesas en un acto de represalia masiva y arbitraria.

País fracturado

Con su visión rapiñera y cortoplacista, la UE, la OTAN y EE UU creyeron poder radicalizar hasta el extremo y controlar las iniciales protestas del Maidan contra el corrupto Gobierno de Yanukó­vich, para conseguir un objetivo que nada tenía que ver con las demandas democráticas de la calle. Creyeron estar ante la posibilidad de oro para avanzar económica y militarmente hasta las puertas de Moscú.
 

Mientras la OTAN y la UE son reticentes a armar al Ejército ucraniano, EE UU presiona par hacerlo

No contaron con que Ucrania era un país fracturado que mantenía un delicado equilibrio desde que se independizó de la URSS en 1991. Y rompieron ese equilibrio. La UE, el FMI, EEUU y la OTAN dieron alas a líderes y milicias ultraderechistas y a sus ataques xenófobos contra rusos y otras minorías. Su ceguera no les permitió prever la respuesta que habría en las zonas prorrusas tras intentar arrebatarles autonomía; derecho de uso cooficial de su lengua y otras competencias, y tampoco supieron prever la reacción que tendría Rusia.

Respuesta rusa

Putin los sorprendió con una respuesta inédita: para proteger a la península de Crimea, donde tiene asentada a su poderosa Flota del Mar Negro, y en coordinación con los partidos prorrusos de Crimea, envió a aquellos miles de hombres verdes uniformados que hablaban ruso y utilizaban vehículos de transporte y armamento ruso, pero que aseguraban ser sólo unas espontáneas “milicias de autodefensa crimeanas”. Pronto expulsaron de la zona a las tropas ucranianas. En poco tiempo se convocó un referéndum de independencia –no más irregular que el nombramiento del Gobierno provisional de Kiev–, y esa península ucraniana decidía anexionarse a Rusia.

Putin ganó el primer asalto, y con ello alentó a que en otras zonas orientales de Ucrania se proclamaran la República Popular de Donetsk y la República Popular de Lugansk. El Gobierno de Kiev, controlado por personajes tan oligarcas y corruptos como el Go­bier­no derrocado y apoyado por las grandes potencias occidentales, sólo atinó a reprimir esas rebeliones, y con ello se perdió una nueva oportunidad. Putin vio una posibilidad de influir en el futuro de Ucrania apoyando a las repúblicas populares económica y militarmente, logrando así controlar indirectamente una amplia franja de territorio ucraniano que recorre a todo lo largo la frontera con Rusia.

Lo que Occidente creyó que sería una guerra de baja intensidad temporal se ha transformado en una guerra de intensidad media, con utilización de artillería pesada y misiles. El evidente asesoramiento a las milicias rebeldes por parte de estrategas militares rusos ha acelerado a su vez la ayuda militar de países europeos al Go­bierno de Kiev. Mientras la OTAN y la UE son reticentes a armar al ejército ucraniano por las consecuencias económicas y de seguridad que podría suponer una guerra a gran escala en plena Europa, EE UU presiona para hacerlo.

Obama, con derrotas en casi todos los frentes y en la última fase de su segundo y último mandato, cuenta con el apoyo republicano... y del poderoso lobby industrial armamentístico, y no sería la primera vez que un presidente estadounidense recurre a la guerra para fomentar el espíritu patriótico de sus ciudadanos y recuperar el terreno perdido por su partido.

Diez meses, 6.000 muertos y 15.000 heridos

Según el último informe de la ONU sobre la situación de los derechos humanos en Ucrania, publicado el 2 de marzo, el número de muertos provocado por diez meses y medio de conflicto (desde abril de 2014 hasta el 28 de febrero de 2015) supera ya las 6.000 personas, y la cifra de heridos se acerca a los 15.000. 
 
Según este informe, elaborado a partir de datos proporcionados por observadores, el periodo más mortífero se ha producido entre diciembre y el alto el fuego del 15 de febrero. En este tiempo han muerto mil personas y han quedado heridas otras 3.800.
 
Imprimir Imprimir
Versión PDF PDF
Enviar
Corregir
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

Inicie sesión para comentar