Urbanismo feminista
Repensar la ciudad desde la perspectiva feminista

Desde el siglo XIX diversas experiencias confirman que es posible pensar una ciudad con otros parámetros.

02/03/15 · 8:18
Edición impresa

Texto de Blanca Gutiérrez-Valdivia, Zaida Muxí y Adriana Ciocoletto, del Col·lectiu Punt 6.

Vivimos como podemos nuestras ciudades, asumimos incomodidades, distancias, espacios públicos escasos –en algunos barrios– y excesivos –en otros–, barrios que se va­cían o llenan según los horarios laborales, calles en las que las personas son avasalladas por los coches. En estas ciudades las personas que se encuentran en ­extremos vitales no son autónomas, todas perdemos tiempo, y vida, en desplazamientos que tal vez no serían necesarios.

¿A qué se deben esas disfunciones? ¿No pueden hacerse las ciudades pensando en las personas? ¿No pueden ser amables y vitales? Sí que es posible, pero las ciudades han sido pensadas y construidas siguiendo los patrones y valores imperantes en la sociedad patriarcal y capitalista. Se han aplicado criterios considerados abstractos, neutrales y normales que, sin embargo, obedecen a experiencias bien concretas: la de una minoría masculina, de mediana edad, heterosexual, con trabajo estable, y con las tareas de la reproducción resueltas de manera invisible.

Como resultado tenemos ciudades que devoran el territorio en un modelo de extensión insostenible, tanto en términos energéticos como vitales. Ciudades en las que las actividades cotidianas se encuentran separadas y esparcidas por el territorio, unidas por vías rápidas de circulación para el vehículo privado. Este modelo de crecimiento urbano es el paradigma desarrollista, que valora solo lo productivo y remunerado menospreciando las tareas reproductivas y de cuidados, que se basa en la falsa dicotomía que asocia la esfera productiva con el ámbito público y la reproductiva con el ámbito de lo privado. Estos preceptos han dado lugar a espacios urbanos donde al priorizar esa experiencia particular, otras realidades y subjetividades han quedado invisibilizadas.

Desde el feminismo como propuesta trasformadora de los estereotipos y mandatos de género se puede construir otro tipo de ciudades, otros barrios que nos incluyan a todas las personas. Analizando la influencia del género en la construcción y uso de los espacios desde su interseccionalidad, relacionándolo con otras variables como edad, condición socioeconómica, etnicidad, identidad sexual a partir de las que también se construyen relaciones de desigualdad… Actuando desde las experiencias micro como fuente de conocimiento real y tangible. Experiencias subjetivas, ya que desde las múltiples subjetividades en sus particularidades y sus necesidades es como se puede construir una ciudad realmente inclusiva.
 
Para ello es necesario cambiar la forma de mirar, escuchar, preguntar y preguntarse, desarrollando metodologías de análisis, participación, propuestas y construcción que permitan recoger la complejidad social poniendo en el centro la vida cotidiana, reconociendo y poniendo en valor las tareas reproductivas y de cuidados, valorando la proximidad como cualidad urbana e integrando la realidad de tener un cuerpo sexuado femenino como usuario de pleno derecho del espacio público.
 

Tenemos ciudades que devoran el territorio en un modelo de extensión insostenible, tanto en términos energéticos como vitales

 
Por ello frente al modelo dominante de ciudad funcionalista y segregada, la ciudad de distancias próximas y compacta con mezcla de usos y actividades, en la que se otorgue prioridad a los recorridos peatonales y el transporte público es la que mejora las condiciones vitales de las personas en el espacio urbano, genera entornos más seguros, promueve la interacción social y enfatiza las relaciones entre las personas gracias a la proximidad y la diversidad de funciones.

Una ciudad feminista debe garantizar el derecho a la ciudad a todo tipo de personas, entendido como la libertad de utilizar y disfrutar cualquier espacio de la ciudad tanto por las cuestiones perceptivas de seguridad como por cuestiones de autonomía y accesibilidad (económica y motriz), de tener espacios que sirvan para el desarrollo de las actividades cotidianas y que permita compatibilizar las diferentes esferas de la vida (productiva, reproductiva, personal, comunitaria-política). Desde la escala más pequeña como la vivienda, a espacios públicos o equipamientos.

Donde las mujeres no tengan que ser las proveedoras de cuidados familiares como mandato de género pero que las personas que eligen cuidar puedan hacerlo con espacios que sirvan como apoyo físico y puedan ampliar los espacios de cuidado fuera del espacio doméstico-familiar, con espacios de crianza y cuidado colectivo. En la que las esferas y los tiempos de la vida cotidiana estén delimitados o compaginados según las necesidades de cada persona y no porque así lo delimita el espacio.

Esta ciudad es posible, hay experiencias que nos lo muestran desde mediados del siglo XIX. Experiencias feministas de transformación urbana que no sólo incluyen la reconstrucción física, ya que el paradigma de que toda mejora pasa por hacer tabla rasa es una visión profundamente capitalista y patriarcal que no tiene en cuenta el carácter limitado de los recursos y la posibilidad de impulsar mejoras a partir de cambios en la gestión y organización de lo existente, aprovechando los recursos y haciendo un uso colectivo.

Desigualdades espaciales

Hay diferentes experiencias dentro de la práctica urbana que funcionan, pero hay muchas otras propuestas anónimas, organizadas desde la base y sustentadas en el apoyo mutuo y la solidaridad que suceden en nuestros barrios día a día para resolver las diferentes actividades de la vida cotidiana y mejorar nuestra calidad de vida. Propuestas que van desde la transformación a partir del diseño urbano, como el proyecto de las Frauen-Werk-Stadt en Viena, un conjunto habitacional diseñado por la arquitecta Franziska Ullman con perspectiva de género, o los proyectos del colectivo Matrix en Inglaterra en los años 80, o las pequeñas reformas para mejorar la vida cotidiana en el barrio de Mariahilferstrasse, también en Viena, a proyectos impulsados por colectivos feministas para visibilizar el acoso callejero perpetuo que sufrimos las mujeres en los espacios públicos y que condiciona nuestra libertad y autonomía como la plataforma No Me Llamo Nena o el Observatorio Contra el Acoso Callejero Colombia.

Sería ingenuo pensar que la configuración espacial va a modificar comportamientos y relaciones de poder profundamente arraigados en la sociedad, sin embargo, el entorno ­físico no es solo escenario de la de­sigualdad sino que también actúa como reproductor de valores y principios que promueven las desigualdades económicas, étnicas, de género, por eso es importante intervenir en el territorio no solo para tener mejores hábitats, sino también para que el espacio deje de reproducir y reforzar estas desigualdades.

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comentarios

14

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    darkchema
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    20/05/2016 - 8:41am
    Más basura neo-comunista...
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    Ana Karina
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    18/06/2015 - 7:37am
    Excelente artículo, me encantó!!!!!!... he leído muy poco sobre la mujer y la lucha por el uso del espacio público. Es verdad que se han ido configurando más espacios para la mujer, pero donde la planificación de las ciudades están en manos del mercado (al menos ese es el caso en Chile), estos espacios responden más en facilitarle la vida a la mujer que trabaja y que puede pagar ciertos servicios como gimnasio, guardería de niños, salón de belleza, etc. Al menos en los últimos años se ha logrado visibilizar la diferencia en el suo del espcio público gracias a las campañas de acoso callejero. Pero está claro que la diferencia al usar los espacios no pasa solo por superar el miedo inculcado por una cultura patriarcal a ser violentadas verbalmente, asaltadas o violadas. También debemos ser conscientes de que la ciudad también nos pertenece y tenemos derecho a ocuparla más allá del perímetro de nuestra vivienda.  Saludos
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    Helena
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    15/05/2015 - 8:35pm
    Muy interesante artículo. También se ha creado un espacio aquí, SIN/ACOSO, www.sinacoso.org, donde se visibiliza y denuncia el acoso callejero (lo creé para acompañar una investigación que estoy haciendo sobre el acoso callejero en el Estado y en la Comunidad Autónoma Vasca). Se publicará a finales de junio. Es TAN necesario hablar de estos temas, me alegro que la conversación se esté dando :)
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    Harmida
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    12/05/2015 - 7:31am
    Me encantó tu artículo. Justo hoy platicaba con una amiga mía de los lugares que están diseñados sin una visión de género. Lugares peligrosos y estériles.  En mi ciudad, Xalapa, hay un cerro hermoso que es el centro geográfico de la ciudad. Ahí mucha gente va a correr, a pasear, a reunirse, pero las intervenciones que se han hecho ahí, no consideran la seguridad de las mujeres, se hicieron para que suban coches al cerro, no personas. Desafortunadamente han habido varias violaciones ahí. Así que este tipo de lugres legendarios están mutando en simbolismo y en historias. Habría que reflexionar y actuar colectivamente para recuperarlos y reinventarlos con otra visión. Aquí te dejo un texto que complementa un poco lo que abordas en tu artículo. Saludos desde México! Harmida http://www.avcnoticias.com.mx/columna.php?id=2458&idc=43
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    Sil
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    17/03/2015 - 8:17pm
    Interesante reflexión, el título me recuerda mucho a un artículo publicado en la revista Encrucijadas, n. 5, con un enfoque muy parecido "Reformulando la noción de “Derecho a la Ciudad” desde una perspectiva feminista" escrito por Paula Pérez Sanz, quizás sería una buena práctica añadir alguna referencia a ello. http://www.encrucijadas.org/index.php/ojs/article/view/67 
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    08/03/2015 - 7:14pm
    Creo que la participación ciudadana, colectiva, en cada fase del proceso de transformación de la ciudad es inevitable. Todavía hoy los cauces funcionan por vértices de pirámide, desde los cuales los representantes de la base se equivocan sin remedio, los técnicos trabajan con información parcial que las leyes exigen permitiendo justificar las soluciones adoptadas. Con el filtro del interés productivo basado en el espejismo de control y dominio económico. Simplificación inaudita en el medio urbano en el que cada individuo tenemos nuestra propia experiencia espacial, nuestra valoración individual, que como sociedad avanzada rechazamos emplear, tirándolo a la basura del olvido, de la desconsideración. La participación ciudadana recicla o procesa esa información de forma inteligente, incorporándola como base de trabajo para que los procesos de diseño urbano se cimenten sólidamente en reflexiones de equipos técnicos, creatividad e investigación. Todo ello nos acerca a la ciudad del futuro, la velocidad hoy en día es lenta, la frena la ilusión del rey desnudo, ignorante, quien cree que decide él. Hay más información en el blog del maestro Fariña: http://elblogdefarina.blogspot.com.es/ Tenéis un caso en marcha en nuestra web: www.efgarquitectura.es abierto y sobre el que se puede participar con una encuesta muy sencilla. ¿cruce o plaza? ¿ciudad para conductores o para todos? ¿función productiva simple o sociedad de la información compleja? Si históricamente determinadas funciones y roles se han vinculado al género, creo que hoy en día el problema de las ciudades no tiene tanto que ver con ello como con la participación ciudadana, en cualquier caso ayuda apuntar a ella y efectivamente existe una inercia al menos en cuanto a su mayor consciencia sobre el problema. Saludos cordiales.
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    Omar
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    08/03/2015 - 2:53am
    Justo esta semana veía este video de Alain de Bottom : http://www.citylab.com/cityfixer/2015/02/what-makes-a-city-beautiful/386291/?utmsource=GristFB&utm_content=buffer55f82&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer Si bien no lo aborda desde una óptica feminista, resulta interesante su idea (como la de muchos otros) de que una ciudad debe planearse de manera objetiva.
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    Alazne
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    07/03/2015 - 10:01am
    Invito a leer el siguiente informe donde queda claro como se puede aplicar la discriminación positiva en el ámbito del urbanismo. http://es.calameo.com/read/00400281237a9bf7a84e5 He trabajado en el área de urbanismo de un ayuntamiento y he visto cómo se proyecta una ciudad sin tener en cuenta las necesidades de la ciudadanía en general y cuanto más lo necesitan las personas más carencias se encuentran. Creo que en los equipos que forman el conjunto de personas que hacen proyectos sobre cómo debe ser una ciudad faltan sociólogos. Felicidades por el artículo
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    Magnus
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    04/03/2015 - 11:09am
    Buen artículo. Espero que el cometario anterior de los tacones sea una broma, porque la simple idea de construir una ciudad en función de eso es surrealista. Estoy de acuerdo con María M. en que aplicar aquí la perspectiva de género desenfoca el problema de lo verdaderamente relevante. No consigo ver donde se podría aplicar la discriminación positiva en este ámbito. Más allá de un análisis certero como el que hacéis, utilizar términos como ciudad patriarcal o ciudad feminista parecen metidos con calzador. Me suenan ciertamente a clichés que desvirtúan un poco el resto del texto.    
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    03/03/2015 - 10:43am
    Puede que se el modelo actual es insuficiente estos otros modelos os llamen la atención: <a href="https://www.thevenusproject.com/es/technology/city-systems">https://www.thevenusproject.com/es/technology/city-systems</a>
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    Angela
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    03/03/2015 - 1:25am
    Muchas gracias por el articulo. Sólo una curiosidad, decís en él, que ya en el siglo XIX se hicieron experiencias de transformación urbana con perspectiva de género &iquest;Podéis ampliar la información? saber dónde fue, cuanto tiempo duró la experiencia, si queda vestigios de esas prácticas. Gracias.
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    Alethia
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    02/03/2015 - 11:18pm
    Muy buena nota, es cierto que hace falta todo esto, las mujeres tenemos derecho a vivir y a circular libremente por la ciudad, pero todo está hecho con miras masculinas, hasta las banquetas, empedrados en los que nadie piensa que por ahí pasan mujeres con tacones. Por poner un pequeño ejemplo.
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    Maria M
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    02/03/2015 - 9:11pm
    <strong>Felicidades por el artículo.&nbsp;</strong> Describe muy bien una realidad presente en todas las ciudades de nuestro país y da luz para seguir adelante en la construcción de un futuro hacia nuevas estrategias y valores. Solo me surge un conflicto y es pensar que no podremos hacerlo sin las bondades de&nbsp;<i>lo masculino</i>, por lo que, describir el problema desde una perspectiva de género no deja de generarme inquietud y rechazo. En este artículo se definen muy bien ciertos patrones que han dado pie al escenario actual, sin embargo vienen al pensamiento celadores, trabajadores sociales, enfermeros y cuidadores que también existen y que pueden sentirse excluidos en esa diferencia. Si hablamos de generalidades sí intuyo estar más de acuerdo con vuestro discurso. Un saludo y gracias por vuestro trabajo.
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    carme
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    02/03/2015 - 5:41pm
    Estais describiendo Pontevedra, en Galicia