Mamadou Dia
fundador de la organización de cooperación Hahatay
“Soñar con Europa hacía que no viviese lo que me rodeaba”

Hablamos con este activista senegalés, autor del libro '3052', que narra su proceso migratorio, sobre su regreso a Senegal y su trabajo por el desarrollo local.

, Redacción
03/02/15 · 8:00
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Mamadou Dia. / Diego González Sanz

Mamadou Dia nació hace 31 años en un pueblo de la costa de Senegal llamado Gandiol. Es trabajador social y ha ejercido como animador, mediador intercultural y en proyectos de integración juvenil en Murcia. Ahora dirige la asociación de cooperación al desarrollo Hahatay, que trabaja en la zona de Senegal de la que es originario. Hace unos meses publicaba el libro 3052. Persiguiendo un sueño, que narra su experiencia migratoria.

En el libro relata cómo el empeoramiento de las condiciones de vida de su familia lo obligó a salir del ­país: “Mi madre era vendedora de pescado. Poseía dos barcas de pesca y su vida era muy dura porque tenía a su cargo tres familias: la suya y las de sus hermanos, ya que ellos no ­tenían trabajo. En el pueblo tenía fama de ser una madre luchadora, una mujer que vale más que dos hombres. A finales de los años 90, con la desaparición de los peces en las costas senegalesas y gambianas, mi familia sufrió una crisis económica muy dolorosa. La vida se nos hacía cada día más difícil”. Cuando se pregunta sobre el motivo que lo llevó a tomar la decisión de emigrar afirma: “Tal vez la única razón era que si me quedaba sería la vergüenza de mi familia, pues todos los jóvenes se jugaban la vida a cambio de sacar adelante a las suyas”.
 

Al final del libro hablas de cuando vuelves a Senegal. ¿Qué sentiste entonces?

La primera vez que regresé me marcó muchísimo. Sobre todo significó darme cuenta de la cantidad de oportunidades que hay en Senegal. Antes, como estaba tan atraído por viajar a Europa, por todo lo que estaba relacionado con Europa, su sociedad, nuevas tecnologías... soñar vivir todas esas cosas hacía que yo no viviera lo que me rodeaba, no le prestaba atención. Me hizo darme cuenta de que allí estaba el futuro, allí era donde había que emigrar, donde había que volver.

Y estoy feliz. Empezamos varios proyectos y al final acabamos crean­do la asociación Hahatay. Tra­ba­jamos en tres ámbitos: el de migra­ciones, haciendo incidencia, ­char­las, sensibilización, intentando llevar la verdadera imagen de Eu­ropa, que muchas veces no llega a África; y traer aquí la verdadera imagen de África, que es diferente de la imagen de miseria y hambre. Las otras dos áreas son cooperación y voluntariado. En cooperación se apoya a las mujeres del pueblo en sus proyectos y también a la escuela. El ámbito de voluntariado para mí era muy importante. He tenido la suerte de dar más de 200 charlas en todo el Estado español y haber estado con niños, personas mayores, universitarios... y preguntarles qué conocen de África. Te contestan que hay muchos animales, muchas enfermedades, la gente se muere de hambre. Pensé en intentar romper esa barrera, que jóvenes de aquí podían ir a campos de trabajo allí, y ver la realidad, y que también los de mi pueblo, que viven en el mundo del mito en el que yo había vivido antes, pensando que Europa podía ser la solución para nuestros males, podrían compartir un mismo espacio con jóvenes europeos.

Con el endurecimiento de las políticas de fronteras, ¿se ha complicado todavía más el camino a Europa?

Ha cambiado bastante. El año que llegué aquí, España todavía vivía en el boom de la construcción, estaban los campos para trabajar, estaba la hostelería. Necesitaban mano de obra barata. Ahora que España vive una crisis y no hay trabajo, y que para muchos políticos es una manera de justificarse, los medios de comunicación tienen un lenguaje muy diferente. Entre 2006 y 2008 llegaron más de 30.000 migrantes solamente por mar. Ahora no llega ni la mitad, pero se presenta esa realidad como un ‘asalto ­masivo’, como una ‘invasión’, generando miedo. Eso ha endurecido bastante la vida del migrante aquí. A Europa le interesa poder limpiarse de esa ‘inmigración ilegal’. ¿Qué es legal y qué es ilegal? Cuando los empresarios europeos o las multinacionales europeas van a África a explotar sus recursos, esa inmigración no se considera ilegal.

¿Estáis haciendo presión sobre los gobernantes africanos para exigirles el cumplimiento de los derechos humanos?

En Senegal hay mucho trabajo por hacer. En África en general. Cuando hablamos de la crueldad de Europa, realmente esta crueldad está alimentada por lo corruptos que son nuestros líderes, que en muchos casos son marionetas puestas allí por Occidente. Controlan o cuidan sus intereses. Senegal ha sido históricamente un país gobernado por sinvergüenzas. Son los que más cuidan los intereses de Francia en África. Pero los jóvenes son cada vez más conscientes y muchos lo están intentando. Hay muchas iniciativas que están surgiendo y que están animando a la gente a que haya otro tipo de participación, otro modelo de juventud activa y dinámica, para poder conseguir cambios en muchos ámbitos.

Cuando los empresarios o las multinacionales van a África esa inmigración no se considera ilegal

¿Qué dificultades tiene la persona que regresa a Senegal y cómo interactúas con quienes quieren viajar?

Siempre he intentado tratar con cuidado este tema. Yo no podía decirle a nadie “no intentes el viaje”, por muchas razones. En mi pueblo soy una figura que mucha gente admira, quiere y se me trata muy bien. Muchos jóvenes quieren llegar a ser como yo, y esto lo he conseguido a raíz de un viaje. Miro al joven que me tiene como un ídolo y le digo “no lo intentes”, ¿no? El discurso era muy difícil de llevar. Ahora me quedo allí e intento desde el ejemplo darle importancia a las cosas que ­tenemos. Invitar a que la gente reflexione sobre el consumo local, que se vistan con productos africanos, que coman productos africanos... Muchas veces tenemos muy buenos discursos pero luego en las prácticas somos otra cosa. El comportamiento es un lenguaje mucho más fuerte que el verbal. Hay que intentar provocar un cambio siendo base de ejemplo para ese cambio.

¿Crees que hay un cambio de mentalidad de la gente joven?

Si antiguamente había un porcentaje de 60% de los jóvenes africanos que querían venir aquí como sea, ahora ya no es así. También por las consecuencias de la crisis en sí, que han frenado los viajes de los migrantes hacia sus países y los envíos de dinero y la repercusión económica que podía tener la emigración sobre los países de origen. En general, las familias están orgullosas, incluso ­potencian que los jóvenes se vayan. Pero cuando hay víctimas la gente se ha empezado a reunir y a hablar. En Gandiol, por ejemplo, hay un colectivo de víctimas de la emigración clandestina, que están haciendo sensibilización sobre sus peligros.

Un adversario común en todas partes

Dia tiene muy claro cuál es el origen de los problemas de su país: “Los que nos impiden vivir en África son los mismos que nos lo impiden en Europa o en cualquier rincón del mundo, los capitalistas, las multinacionales, los bancos, así que tenemos el mismo adversario. Sólo nos hace falta la unión y hacerles frente juntos. Que el futuro de África esté en manos de los africanos y que los africanos se lo crean”. E insiste: “Es lo de siempre: los que más sudan menos cobran. Vivir bajo condiciones inhumanas, mentir para sobrevivir, engañar para existir, matar para ser rico... Los que deben defendernos mienten. Los poderosos nos roban, los líderes nos matan. Y todos lo sabemos”.

Tags relacionados: Migración Número 238 Senegal
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