DERECHOS Y MIGRACIONES
"Que el dolor no le gane el pulso a la esperanza"

Crónica desde el Monte Gurugú, a las puertas de Melilla.

, Monte Gurugú (Marruecos)
16/01/15 · 14:48
Jóvenes de Camerún observan todas las noches las luces que desprende Melilla, desde lo alto del Gurugú. / Sergi Càmara

Llegamos al Gurugú una mañana fría de invierno. Llegar allí, en mi caso, me tensa, prácticamente me paraliza el cuerpo. No es la primera vez que voy, pero la sensación al llegar continúa siendo la misma. El Gurugú, "C'est le shock", como dicen los que allí viven o lo han hecho alguna vez.

Allí, en ese bosque situado a dos kilómetros de Melilla, viven centenares de migrantes intentando llegar a Europa, los 'clandestinos', como también ellos se llaman. Vivir allí implica necesariamente fortaleza, o cuanto menos endurecimiento. Quizás también fortaleza física, pero sobre todo psicológica. Vivir allí implica tener que enfrentarse a una valla (formada por tres vallas) de seis metros de altura, en la que literalmente puedes perder la vida. Las concertinas, la propia altura de la valla, y la falta de humanidad de quien la custodia (tanto del Ejército marroquí como de la Guardia Civil). Vivir sabiendo que el objetivo es saltar una valla y que eso supone jugarse la vida es muy duro, y ese ambiente se palpa y se respira en el campamento. A la vez, allí se respira compañerismo, una cierta alegría contenida y esperanza. Incluso camaradería y comunidad, dos palabras que sospecho que tanto las personas que diseñaron la valla como las que la custodian nunca sabrán lo que significa.


Antes de llegar a la valla, enfrentarse a los 'alis' es la primera dificultad. Ellos no se cortan a la hora de lanzar piedras y golpear con sus palos. Si tienen que abrir cabezas o romper piernas lo hacen. Para eso están, para eso les pagan España y Europa, para ser sus primeros matones, y sin necesidad de tener que dar explicaciones. Son las ventajas de la externalización de fronteras.

Después está la valla, con concertinas en muchas de sus partes. Una vez le pregunté a un amigo que la había saltado qué pensaba cuando lo estaba haciendo. Me dijo que si piensas, no la saltas.

Y la Guardia Civil, a este lado de la valla. Muy parecidos a los 'alis', pero dependiendo de la situación (normalmente en función de si hay cámaras o no) a veces se cortan un poco más a la hora de pegar. A veces...

La vida en el Gurugú es de subsistencia, y de resistencia. Tener que ir a los barrios cercanos o pedir limosna o comida para sobrevivir, sabiendo que si te cogen los 'alis' o la policía marroquí te pueden detener y expulsar a alguna ciudad a cientos de kilómetros.

El frío y el viento, solamente minimizados por las hogueras y las tiendas improvisadas con piedras y plásticos. Y las redadas policiales en el propio campamento que regularmente hacen los 'alis', destrozando las mínimas y precarias infraestructuras, incluso quemándolas.

"Si piensas, no la saltas", me dijo un amigo que había saltado de la valla

Toda esta realidad es una mínima aproximación al impacto, al shock que supone vivir en el Gurugú. La mayoría de migrantes vive allí durante meses; en algunos casos durante años.

Aquella mañana, un chico se nos acerca y nos pregunta por un amigo suyo que ya ha saltado la valla y está en Melilla, en el CETI. Nos pide que le hagamos llegar un mensaje. Está convencido de volver a su país, después de años de haber partido. Ya no puede más. Sus ojos enrojecen y se llenan de lágrimas mientras nos lo cuenta. El problema no es el cuerpo, dice. El frío, el hambre, incluso los golpes de la policía se pueden aguantar. El problema es la cabeza. Ha intentado saltar la valla siete veces y no lo ha conseguido. Ha sufrido en primera persona la brutalidad policial, devoluciones en caliente y expulsiones a ciudades marroquíes en varias ocasiones.

Le han sido negados derechos básicos. El derecho a migrar, a no sufrir vejaciones ni maltratos, a ser escuchado al llegar a suelo europeo sin ser expulsado sumariamente. Su derecho a tener derechos, a no ser un sin nombre, un invisible.

Lleva dos años viviendo en el Gurugú, y ya no encuentra la motivación. No es capaz de sentir un atisbo de esperanza. La busca, y quizás la única que alberga es un mensaje de vuelta de su amigo desde el otro lado de la fortaleza, una especie de "no te rindas, camarada" o un "sí, se puede", que le de fuerzas para replantearse lo que está a punto de decidir. Abandonar el viaje, con todo lo que ello implica. No es que no lo quiera seguir intentado, es que no puede más.

En aquel momento no podemos más que contener las lágrimas, darle un abrazo, y desear que el dolor no le gane nunca el pulso a la esperanza. Ojalá...

Más información sobre el fotógrafo Sergi Càmara: sergicamarapht.wordpress.com

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comentarios

1

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    tylerdurden
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    16/01/2015 - 6:57pm
    <h3 style="margin: 0px; padding: 0px; font-weight: normal; font-family: 'Open Sans', Helvetica, Arial, sans-serif; font-size: 17.3333339691162px; color: rgb(73, 73, 73); line-height: 20.3999996185303px; background-color: rgb(255, 255, 255);">Sobre el tema recomiendo este libro:</h3> <a href="https://www.diagonalperiodico.net/comment/15240/edit#">Mostrar Administración</a> &quot;Partir para contar.&nbsp;<span style="font-size: 14.6666669845581px; line-height: 20.3999996185303px;">Un clandestino africano rumbo a Europa&quot;. de&nbsp;</span><a href="http://www.pepitas.net/mahmud-traor%C3%A9" style="font-family: 'Open Sans', Verdana, sans-serif; font-size: 12px; line-height: 20.3999996185303px; color: rgb(0, 0, 0); text-decoration: none;">Mahmud Traoré&nbsp;</a><span style="color: rgb(60, 60, 60);">&amp;</span><span style="font-family: 'Open Sans', Verdana, sans-serif; font-size: 12px; line-height: 20.3999996185303px;">&nbsp;</span><a href="http://www.pepitas.net/bruno-le-dantec" style="font-family: 'Open Sans', Verdana, sans-serif; font-size: 12px; line-height: 20.3999996185303px; color: rgb(0, 0, 0); text-decoration: none;">Bruno Le Dantec</a> Más info del libro: www.pepitas.net/libro/partir-para-contar
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