EE UU cambia de estrategia en su amenaza a Cuba
La evaporación del bloqueo y del socialismo

Tras más de 50 años de bloqueo, el poder estadounidense se decanta por la contaminación económica.

, Fue corresponsal de TVE en Cuba (2001/2005) y acaba de publicar 'El secreto mejor guardado de Fidel. Los fusilamientos del narcotráfico'.
13/01/15 · 8:00
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Mural de apoyo a los cinco presos cubanos encarcelados en EE UU. / David Fernández

inforelacionada

Estados Unidos no cambia de objetivos pero modifica los procedimientos. Los gobiernos de América Latina y del Caribe le han impuesto a Washington la presencia de Cuba en la Cumbre de las Amé­ricas que se realizará en abril en Panamá. Y el presidente Obama pretende “renovar nuestro liderazgo en el continente americano”. Llegará al país del Canal pidiendo perdón por la invasión de 1989 y diluyendo los dos conflictos que más rechazo provocan entre los latinoamericanos: el bloqueo impuesto a Cuba y la intervención en la guerra civil de Colombia.

El poder económico, político y militar que en Estados Unidos conduce las políticas presidenciales ha decidido que resulta imprescindible un nuevo manejo de la proyección imperial contra América Latina. Wa­shing­ton no tiene desde hace 15 años, cuando impuso el Plan Colom­bia, una política estratégica y global para la región. Su única iniciativa posterior, el Acuerdo de Libre Co­mer­cio para las Américas (ALCA), previsto para 2005, fue un tremendo fracaso por la oposición de Brasil en alianza con los mejores gobiernos de América del Sur. Lo que ahora preparan es una adaptación de su nueva estrategia de dominación militar, light footprint (mínima huella o marcaje suave), para su regreso diplomático, económico y cultural contra la Unión de Naciones de América del Sur (UNASUR) y la Comunidad de Es­tados Latinoamericanos y Cari­beños (CELAC). Lo que para el Pentágono son las fuerzas especiales, los drones y la ciberguerra, en el Departamento de Estado se convierte en gobiernos cómplices contra la integración regional, bombardeos comerciales y agresiva desinformación.

El bloqueo impuesto durante más de 50 años impidió el desarrollo democrático del proyecto cubano de socialismo, y el poder profundo estadounidense considera que lo más eficaz es la contaminación económica y cultural para acabar con lo poco que queda de la Revolución. No es una casualidad que la reanudación de las relaciones diplomáticas se anuncie al mismo tiempo que el alto el fuego unilateral e indefinido de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Obama quiere llegar a la Cumbre de las Américas con los dos conflictos simultáneamente desactivados. Necesita un nuevo escenario, más manejable, para ahogar al Gobierno de Venezuela, recuperar Argentina y aislar a Bo­livia y Ecuador mientras negocia con la potencia emergente de Brasil. Sus aliados en el marcaje suave, para impedir la soberanía nacional, la justicia social y la integración latinoamericana, son los gobiernos de México y de Colombia.

Defenderse de otra manera

Estados Unidos no renuncia a recuperar Cuba. Sólo cambia de procedimiento. Las remesas, el turismo y el comercio pueden provocar en la isla más desmovilización y peor desigualdad. La consecuencia sería que se evaporen al mismo tiempo el bloqueo y el proyecto de socialismo.

Hay por lo menos tres posibilidades. La restauración estadounidense que reclaman una oposición insignificante y la extrema derecha del Partido Republicano. La recuperación y democratización del proyecto cubano de socialismo en la integración regional. Y la copia china. La primera queda fuera del marcaje suave. La segunda es la que propone la auténtica izquierda del Partido Comunista de Cuba, un sector muy valioso pero minoritario y bloqueado por la burocracia. La tercera sería la combinación de un gobierno autoritario, sostenido por las Fuer­zas Ar­ma­das, con la decoración comunista y el mercado selectivo para empresarios de Rusia, China, Bra­sil, la Unión Europea, el exilio cubano y Estados Unidos.

Raúl Castro aseguró que no será presidente en 2018, cuando se realicen las elecciones para renovar la Asam­blea Nacional del Poder Popular y el Consejo de Estado. Tiene tres años para preparar a sus sucesores. ¿Con reformas económicas sin apertura política? Ahora que Washington cambia de ataque, La Habana no puede mantener la misma defensa. Sin democratización (la que necesita Cuba y no la que quiere Estados Unidos) vendrá la descomposición. La asignatura pendiente de la Re­volución Cubana sigue siendo hacer compatibles la defensa de la soberanía nacional y el derecho a la autodeterminación personal. Por­que puede haber democracia sin socialismo, pero no socialismo sin democracia.
 

¿Las FARC a cambio de Cuba?

En la edición de Diagonal del 20 de diciembre de 2012 escribí sobre la posibilidad de “la desmovilización de las FARC a cambio del final del bloqueo a Cuba”. Un mes antes habían comenzado en La Habana las negociaciones del Gobierno del presidente Juan Manuel Santos con la guerrilla y ahora se sabe que entonces Barack Obama ya había decidido iniciar conversaciones con Cuba después de su reelección presidencial.

El 17 de diciembre de 2014, Ba­rack Obama y Raúl Castro anunciaban la reanudación de las relaciones diplomáticas. El mismo día las FARC establecían por primera vez un alto el fuego unilateral e indefinido, confirmando así que las negociaciones con el Gobierno de Colombia entraban en su fase definitiva.

El 23 de febrero de 2012 estaban en La Habana (cada cual a lo suyo) el enviado de Obama y los representantes de Santos y de las FARC. En la reunión de Raúl Castro con el senador demócrata Patrick Leahyse se iniciaba el camino para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y al mismo tiempo comenzaban seis meses de conversaciones secretas entre los colombianos para definir la agenda de las negociaciones.

Nada se sabía sobre los dos procesos cuando Juan Manuel Santos viajó a La Habana el 6 de marzo para agradecerle a Raúl Castro que fuera el anfitrión del diálogo con las FARC y negociar la ausencia de Cuba en la Cumbre de las Américas que iba a realizarse en Colombia el 15 de abril. A cambio, América Latina le imponía a Estados Unidos la presencia de Cuba en la siguiente cita continental de este año en Panamá. En agosto se destaparon las negociaciones con la guerrilla colombiana.

En junio de 2013 estadounidenses y cubanos iniciaron en Canadá la elaboración de su acuerdo. En 2014 se añadió la colaboración del Vati­cano, y la información confidencial que recibió la UE provocó su cambio de actitud, decidiendo preparar un acuerdo de cooperación con Cuba. La reelección de Santos en junio se interpretó como un referéndum a favor de la negociación con las FARC. Y durante el segundo semestre se pulieron los detalles para anunciar al mismo tiempo el cambio en la política de Estados Unidos contra Cuba y el encauzamiento aparentemente definitivo de las negociaciones para la desmovilización de las FARC.

¿Ganan todos? Estados Unidos recupera la iniciativa en América La­tina. Cuba impone la defensa de su soberanía nacional y puede mejorar su situación económica. Santos consigue acabar con las FARC, el objetivo histórico de la oligarquía colombiana y de sus socios estadounidenses. ¿Y las FARC? Están rodeadas por el tremendo rodillo militar del imperio y las presiones de los gobiernos de Cuba, Venezuela, Brasil y Ecuador para que se desmovilicen. En la CELAC se consideran anacronismos tanto el bloqueo contra Cuba como la resistencia de la guerrilla en Colombia. Las FARC pueden conseguir un acuerdo razonable, pero el poder político, económico y militar de Colombia no lo cumplirá.

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