¿Podemos?

La autora del libro '¿Dónde está mi tribu?' argumenta por qué apoya a Podemos a pesar de que comparte muchas de las críticas a la formación.

02/12/14 · 13:04

Hace muchos años, debía tener yo unos 18 o 19, en mi pandilla había un muchacho encantador cuyos padres eran del Opus. Un día empezamos a discutir sobre el aborto. Yo empecé pacientemente a argumentar lo injusto que era que yo me pudiera ir a Londres a abortar, mientras que una tía sin recursos tuviera que apechugar con un hijo no deseado o arriesgarse a un aborto inseguro, con independencia de que el feto pudiera o no tener algo así como un alma. Me pareció que lo tenía medio convencido, al menos, de que el aborto debía ser legal, pero en ese momento irrumpió en la conversación otro amigo que dijo algo así como: “¡Bah, qué gilipollez! Que un feto sea o no un ser humano o un sujeto de derechos es un asunto puramente cultural; en Esparta se podía matar a los niños hasta los 7 años sin que eso fuera delito, ni siquiera era inmoral…” El colega opusino lo miró con espanto y ya no hubo forma de reconducir la conversación a un terreno compartido. Le perdí la pista este muchacho hace mucho tiempo, no sé qué pensará ahora.

Hace algún tiempo, por Twitter, comenté en tono elogioso un artículo muy interesante de Ernesto Castro, en el que defendía simultáneamente y desde una misma perspectiva el derecho al aborto y los derechos de los animales. Dije que ofrecía argumentos interesantes y novedosos para defender el derecho al aborto o algo parecido. Una compañera, feminista, a la que generalmente respeto y aprecio, me calló la boca con una frase del estilo de “el aborto es parte de los derechos reproductivos de las mujeres y no hay más argumentos que discutir”.

No contesté nada. Era en plena efervescencia contra la retrógrada y absurda ley que había propuesto Gallardón, y pensé que probablemente tenía razón y que quizá no era el momento de discutir y matizar. Nos habían puesto en una trinchera y lo que tocaba era disparar munición, cuanto más gruesa mejor. Sin embargo, al mismo tiempo que callaba y en parte compartía, me dio mucha rabia tener que aceptar esa posición a la contra, de combate, que obliga a tantas simplificaciones, que impide tantas veces traer a nuestro terreno a gente que no está en principio de acuerdo, y que, sobre todo, exime de pensar a fondo las cosas. Si mañana me nombraran ministra de sanidad o de justicia, y tuviera que reformar la ley del aborto, ¿cómo lo haría? Sí, es una hipótesis absurda, nadie me va a nombrar nada, pero ¿no estaría bien que nos obligáramos a plantearnos este tipo de cuestiones? ¿Qué haría esta amiga si fuera ella la elegida para articular una nueva legislación sobre el aborto? ¿Escucharía otros argumentos más allá del "nosotras parimos, nosotras decidimos"? ¿Aceptaría que comités de expertos en obstetricia opinaran sobre una ley de plazos, incluso aunque fuera para acortar esos plazos a la vista de los avances en las técnicas para mantener con vida a fetos que hasta hace poco eran inviables, o a la luz de nuevas investigaciones sobre el desarrollo del sistema nervioso y la capacidad de sentir dolor? Me imagino que sí, pero no lo sé, porque parece que nunca toca discutirlo…

A lo mejor hemos interiorizado demasiado la derrota, esa falta de poder que nos obliga a situarnos siempre a la contra. Y algo así me parece que pasa a veces con las críticas a Podemos. El otro día, desde la Plataforma para una Auditoría Ciudadana de la Deuda (PACD), se criticaba la resolución sobre la deuda que habían redactado algunos economistas vinculados a Podemos, con el argumento de que desde el “no debemos no pagamos” hasta la reestructuración ordenada que propone ese documento, iba mucho trecho. Me pareció muy significativo.

La PACD es un colectivo intachable, al que siempre he respetado. Y a lo mejor malinterpreté toda la situación y resulta que ellos proponen otra forma de reestructurar la deuda más chula que la de Bibiana Medialdea y compañía. La verdad es que no he seguido demasiado de cerca el caso y quizá el ejemplo no sea idóneo. Pero la impresión que saqué es que pasaba lo mismo que con los feminismos y el aborto. Tanto tiempo en la resistencia deja su huella en la forma de plantear los argumentos y hacer las cosas. Y esto, creo, es lo que Podemos está logrando hacer de otra manera. Cuando dicen que quieren ganar no están diciendo –o eso entiendo yo– que para ello estén dispuestos a tirar por la borda todos los principios que nos sacaron a las plazas el 15-M o a rebajar las propuestas con más filo hasta hacerlas irreconocibles. Lo que están diciendo es que están dispuestos a mojarse para convertir los eslóganes que hemos estado gritando desde las trincheras en políticas articuladas que puedan recabar el apoyo de una mayoría.

Hay un texto muy divertido de @gonzaire escrito al estilo de esos relatos de “elige tu propio final” que me encantaban de pequeña, en el que da a entender que para evitar que Podemos termine como el gobierno de Allende, como el de Felipe González o como el de Miterrand, lo que hace falta es más democracia y participación de los círculos y militantes. Molaría que fuera verdad, pero yo no me lo creo.

Entiendo perfectamente las críticas a la “deriva antidemocrática” del equipo de Pablo Iglesias, diagnóstico que comparto y veo patente en los sistemas de votación elegidos, por poner un ejemplo destacado. En cambio, me parece que no comparto la mayoría de las explicaciones que se dan de los motivos de esta deriva. Tal como yo lo veo, la senda que ha tomado el equipo no se debe a la necesidad de tener las cosas controladas frente al desbordamiento de la participación democrática real de la sociedad. Más bien creo que lo que intentan evitar o refrenar es la participación de la gente más implicada, es decir, de unos cuantos miles de personas. ¿Por qué? A lo mejor piensan, como yo, que su base social, sus votantes y apoyos, son una masa informe de millones de personas muy distinta de esos miles de militantes.

O sea, es verdad que sin el trabajo de los círculos y los militantes no hubieran conseguido nada, pero también es verdad que sin millones de votos no van a conseguir nada. Y sospecho (y creo que es lo que sospecha el equipo promotor) que el sentir de esa mayoría que es votante potencial de Podemos no coincide demasiado bien con el sentir de los círculos y los militantes. Por decirlo con un lenguaje viejo pero que espero que se entienda, creo que éstos son bastante más “de izquierdas” que el grueso de los votante potenciales. De hecho, lo mismo me pasa a mí. Yo quiero una revolución anticapitalista de verdad y que rueden cabezas (como mínimo, en sentido metafórico). Y por eso mismo, yo no debería gobernar.

Los partidos de izquierda (de IU hacia la izquierda), no han tenido nunca verdadero éxito electoral o lo han ido perdiendo con los años, y no solo por sus garrafales errores, sino también porque sus propuestas no gustaban al electorado. Esto es así. Y Podemos no puede permitirse que sus militantes arruinen la posibilidad de convencer a un electorado más bien timorato. Lo ideal, por supuesto, sería contar con una ciudadanía con formación política y democrática, con tradición asociativa y participativa, y valores radicalmente igualitarios y anticapitalistas. Pero esa ciudadanía, a día de hoy, no existe. Lo que creo que Pablo Iglesias y su equipo no quieren –y lo entiendo perfectamente– es que todas sus políticas estén constantemente fiscalizadas y sometidas al veto de un grupo de personas, muy majas y valiosas, pero que –lamentablemente– no representan a esa mayoría que les va a dar su voto.

Pero entonces, ¿qué se puede esperar de una hipotética victoria de Podemos? Mi esperanza es que gracias a unas políticas institucionales más sensatas (políticas antiausteridad y antipobreza, defensa de los servicios públicos, gasto de dinero público en inversiones productivas en lugar de en el sumidero infinito de la deuda y los rescates bancarios, etc.) se vaya gestando un entorno social menos agresivo, precarizado y competitivo y se vaya produciendo un desplazamiento progresivo del marco ideológico, de forma que esa masa informe de votantes que vota lo que votan los demás, como decía Santiago Alba Rico, pase a ser algo así como una ciudadanía crítica, con criterio y capacidad de movilización y con valores distintos al del consumismo y la competencia.

¿Tiene sentido esta esperanza? ¿Es razonable pensar que una política institucional diseñada desde arriba vaya a generar ese efecto social beneficioso? Por un lado diría que no, claro que no. Llevamos años –o siglos– repitiéndonos que las cosas nacen desde abajo, y generalmente es verdad. Pero, por otro lado, ¿no fue exactamente eso lo que consiguió la ofensiva conservadora-neoliberal de los años ochenta? Fue un movimiento absolutamente dirigido desde arriba –no había ningún tipo de base social que los respaldara, eran cuatro gatos (unos cuantos economistas heterodoxos, unos cuantos políticos iluminados y unos cuantos megamillonarios)– y sin embargo lograron desplazar por completo los marcos de sentido y las ideologías de todos nosotros.

Owen Jones lo cuenta muy bien. Lo que en los años sesenta era consensual y perfectamente aceptado (la necesidad de gravar a los ricos y redistribuir, las políticas keynesianas, la defensa de unos servicios públicos potentes y eficaces, las pensiones, etc.) pasó a considerarse radicalismo utópico. Y lo que era tabú minoritario (laissez-faire, ultracompetitividad, liberalización de las finanzas, culpabilización de los pobres, ineficacia de lo público, demonización de los sindicatos), se convirtió en el pan nuestro de cada día. Y cuando digo “nuestro” lo digo en serio. Es imposible tener a tanta gente engañada durante tanto tiempo. Nos convencieron. Nos lo metieron dentro en mayor o menor grado.

Ahora, gracias a muchas cosas (entre ellas, los movimientos de base, pero también la crisis) surge en el horizonte político una gente que, de momento, parece estar acertando en sus jugadas orientadas a convencernos de que, como dice César Rendueles, siempre hemos sido anticapitalistas aunque no lo supiéramos. ¿Qué vamos a hacer? Yo, desde luego, voy a apostar a que sí, a que Podemos, e incluso a que “ellos pueden”. Creo que si logran llegar a donde apuntan vamos a conseguir, como poco, desplazar el abanico de lo que ahora mismo aparece como posible, destruyendo consensos previos y cimentando un nuevo sentido común que podría dar alas a una ciudadanía que, a día de hoy, y por más que nos guste acordarnos de cómo estaban de llenas las plazas cuando el 15-M, tiene nula tradición asociativa, comunitaria, activista…

Podemos no debe ni puede dar la espalda a los movimientos sociales, pero tampoco podemos pretender que vaya a remolque de esos movimientos porque, en el fondo, y por decirlo a lo bruto, esos movimientos no nos representan, es decir, no representan a esa mayoría harta de lo que hay, que está dispuesta a apostar por Podemos. O si lo hacen, es solo en algunos aspectos muy concretos y sectoriales de nuestra vida en común (defensa de la sanidad o la educación públicas…). Podemos ha generado en poco tiempo más movilización social que la que ha habido en los últimos treinta años.

No sé si mi apoyo a Podemos peca de ingenuo o de cínico, o puede que de las dos cosas a la vez. Lo que sé es que es muy posible, incluso probable, o incluso seguro, que lo que Podemos consiga sea solo un pálido reflejo de lo que yo querría. Yo querría, por ejemplo, una sociedad anticapitalista radicalmente igualitaria, con una economía decrecentista, con expropiación y socialización de prácticamente todo lo que no sean nuestros cepillos de dientes y otros enseres privados, con derechos sociales desvinculados de lo laboral, con igualdad de género, con respeto a los animales, a los niños y al medio ambiente, sin fronteras, sin ejército ni cárceles, con muuucho tiempo libre para todos, y otras muchas cosas más que es muy posible, incluso probable, incluso seguro, que otras personas –muchas personas, la mayoría de personas– no quieran ni en pintura.

Estas son mis metas, no creo que las vaya a cambiar mucho a estas alturas. Y mi apoyo a Podemos no me hará dejar de seguir luchando por ellas, en la escasa medida de mis posibilidades. Pero no quiero que estas aspiraciones u otras semejantes lleven a nadie a boicotear el único avance hacia un mundo más justo que percibo ahora mismo en el horizonte, aunque ese avance me parezca lento, titubeante o hasta renqueante.

O sea, aunque no coincida con mis objetivos, no pienso desdeñar lo que sea que pueda conseguirse a día de hoy con el apoyo de una amplia mayoría social. En parte porque aunque solo se logre una ley antidesahucios decente, ya me merece la pena apoyar a Podemos, y en parte porque confío en que desde arriba se puede generar un ambiente apropiado para la participación democrática, el empoderamiento ciudadano y la movilización a favor del bien común.
 

Publicado originalmente en el blog ¿Dónde está mi tribu?

 

Estas navidades regalar Diagonal encaja...
 

+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

7

  • |
    cayetano
    |
    03/12/2014 - 11:57pm
    Carolina, olvidaba comentar  el relato en que tornas democracia radical, la nulidad de los círculos en los procesos deliberativos.  Para ti, dichas prácticas que producen unanimidades, se fundamentan en la esencia politizada hasta el ideologismo de los círculos, y pretenden (con error de mercado dirían los neoliberales) la consecución de la voluntad general de PODEMOS, depositada en los 250.000 adscritos digitales que representan la transversalidad. Verdaderamente la imaginación a desbordado la realidad en la pirueta justificativa, pero en ocasiones la imaginación no es creación o innovación sino invención, que confunde deseo y realidad llevándonos a la ficción. La realidad de Podemos es justamente la inversa,  el círculo al que perteneces debe ser la Complutense y la distancia entre éste y el resto del Estado es tremenda. Los círculos no están politizados hasta la ideologización, es más la politización brilla por su ausencia en los mismos, no es exceso sino defecto de músculo político entendido como tradición y experiencia, lo cual es lógico, se nació antes de ayer. La realidad nos muestra una Dirección de Podemos que sí esta fuertemente politizada, con orígenes antisistema y de izquierda, y por cierto muy cualificada en dicho ámbito. Que el maná espiritual del 15-M, continúe regando el camino de la alternativa, y Podemos como parte de ella es importante.  Pero flaco favor hacemos a Podemos y sus liderazgos, si no cuestionamos actitudes, significantes y significados que les distancia de las esperanzas e ilusiones que despertaron. Por qué señalarlos y no justificarlos aporta, sobre todo a quienes se sienten desorientados tras despertar a la politización o repolitización, ayudándonos a compartir desde la diversidad, y manteniendo la esperanza e ilusión en el cambio, por qué como decías Podemos debe ser un Proceso, un  método que en la diversidad forme parte del Cambio. Un saludo.
  • |
    Monteolivo
    |
    03/12/2014 - 2:40pm
    <p style="margin: 0px 0px 6px; color: rgb(20, 24, 35); font-family: Helvetica, Arial, 'lucida grande', tahoma, verdana, arial, sans-serif; font-size: 14px; line-height: 19.3199996948242px; background-color: rgb(255, 255, 255);">Se agradece el tono reflexivo de un artículo como éste, tan aparentemente contradictorio. La duda razonable, no tener una &#39;posición establecida&#39;, es un honesto preámbulo a cualquier decisión y, siempre que no sea tan sólo una argucia argumentativa, estar personalmente confuso no sólo es lícito sino también frecuente. Entremos pues al fondo.</p> <p style="margin: 6px 0px; color: rgb(20, 24, 35); font-family: Helvetica, Arial, 'lucida grande', tahoma, verdana, arial, sans-serif; font-size: 14px; line-height: 19.3199996948242px; background-color: rgb(255, 255, 255);">Conozco mucha gente que estuvo en la acampada Sol y acabó votando al PSOE como mal menor frente a la derecha. Yo mismo lo hice así. Pero, cuidado, los argumentos que movieron tal opción no eran los mismos de los que sostenían que fuera del posibilismo reformista no existe en absoluto vi(d)a futura. Mucho menos de los que atribuyeron la mayoria aplastante del PP a la insensatez del 15M (que por cierto llamó a la libertad de voto y no a la abstención). Puedo decir, sin embargo, que la actitud protopartidaria de quienes se consideraban propietarios de mi voto o las justificaciones posteriores sobre las intenciones implícitas a mi puntual decisión, provocaron en mí, más de una vez, nauseas, cabreo, arrepentimiento.</p> <p style="margin: 6px 0px; color: rgb(20, 24, 35); font-family: Helvetica, Arial, 'lucida grande', tahoma, verdana, arial, sans-serif; font-size: 14px; line-height: 19.3199996948242px; background-color: rgb(255, 255, 255);">Ocurre que los partidos u organizaciones son sobre todo agencias de influencia cultural y de estructuración de la vida política y social de la ciudadanía. El problema nunca es a quién votar o apoyar. Eso se da por descontado cuando llega el caso y hay que elegir o no entre las varias opciones en liza. Se vota a favor, a la contra, por razones coyunturales o histórico-identitarias, por algo o porque sí. De hecho, el voto útil es toda una institución. Y Podemos tiene un amplio apoyo que se traducirá en votos las próximas elecciones, de eso no cabe ninguna duda. El problema es cómo y para qué.</p> <p style="margin: 6px 0px; color: rgb(20, 24, 35); font-family: Helvetica, Arial, 'lucida grande', tahoma, verdana, arial, sans-serif; font-size: 14px; line-height: 19.3199996948242px; background-color: rgb(255, 255, 255);">Podemos ha logrado exitosamente agrupar a la gente en torno a un propósito común, ser la expresión política de los deseos de evacuar definitivamente modos y contenidos programáticos que nos ahogaban en un charco infame de mentiras, injusticia y corrupción. Gran parte de ese éxito consistió en su inclusividad y su método. Tan importante fue la labor propagadora y legitimadora del discurso mediático que llevaron a cabo los círculos en la campaña europea como las apariciones desmarcadas, en forma y fondo, de los tertulianos al uso, lo que hizo brillantemente nuestro designado portavoz.</p> <p style="margin: 6px 0px; color: rgb(20, 24, 35); font-family: Helvetica, Arial, 'lucida grande', tahoma, verdana, arial, sans-serif; font-size: 14px; line-height: 19.3199996948242px; background-color: rgb(255, 255, 255);">Pero sin la estructura de círculos y su activismo real y virtual entusiasmado, Pablo Iglesias no se hubiera despegado mucho de un Elpidio Silva, por ejemplo. Entonces, &quot;asustar&quot; diciendo verdades como puños no nos preocupaba. Podemos era un método, lo nuevo, lo disruptivo dentro de la ciénaga. Y así convenció a much@s con un discurso de ruptura.</p> <p style="margin: 6px 0px; color: rgb(20, 24, 35); font-family: Helvetica, Arial, 'lucida grande', tahoma, verdana, arial, sans-serif; font-size: 14px; line-height: 19.3199996948242px; background-color: rgb(255, 255, 255);">&iquest;Anticapitalismo? Sí y no &iquest;Por qué lo llaman amor cuando no hay grandes ramos de flores o altar, ni trajes blancos de cola pero sí abrazos apasionados sexo y entrega? &iquest;Acaso hace falta aquello? El anticapitalismo, como el amor, es algo que se construye y se renueva cotidianamente. Nombrarlo, dejar que se congele en una palabra, un status, suele ser el principio del fin en muchos casos, la justificación hartera de su fallecimiento. O se practica en todas sus arriesgadas y comprometidas variantes, o se fuga a nuestro pesar con nocturnidad y alevosía. A demandar democracia y justicia social, construir pueblo, tejido, cultura participativa... se le puede llamar anticapitalismo si se quiere, pero ni es justo ni tes necesario. Arrieritos somos...</p> <p style="margin: 6px 0px; color: rgb(20, 24, 35); font-family: Helvetica, Arial, 'lucida grande', tahoma, verdana, arial, sans-serif; font-size: 14px; line-height: 19.3199996948242px; background-color: rgb(255, 255, 255);">El problema es siempre implícito, de significación y de sentido. Por ejemplo, cuando por &#39;eficacia&#39; empezamos a descuidarnos respecto a lo propositivo, al valor estructurante y simbólico de las cosas que hacemos o decimos, a denostar el método que nos trajo hasta aquí y nos mantiene vivos, a formular medias verdades de esas de regalar oídos que luego se convierten en justificaciones o mentiras; cuando nos vemos compelidos a cargarnos de razones para seguir &#39;queriendonos pese a que nada es igual o parecido&#39;, a renunciar por acomodamiento o falta de valentía a encararnos a nosotr@s mism@s para ayudar mutuamente a persistir en el impulso inicial o, al menos, en lo esencial de él, etc.... nos topamos de bruces nuevamente en el universo del mal menor, del voto útil, del método expeditivo. la imposición / sumisión, el posibilismo, la impotencia... y/o su corolario: el lamento tardío o la justificación más rastrera. Políticamente significa: sobrevivir en nuestra pequeña y privada vida, votar y justificar el voto, defender argumentarios, cartelizarse, enrabietarse, lo que sea menos participar, estar activo y, con otros, luchar en las urnas y en la calle. A eso habíamos venido y eso vendimos. &iquest;Ahora hay que rectificar?</p> <p style="margin: 6px 0px; color: rgb(20, 24, 35); font-family: Helvetica, Arial, 'lucida grande', tahoma, verdana, arial, sans-serif; font-size: 14px; line-height: 19.3199996948242px; background-color: rgb(255, 255, 255);">El 15M demostró entre otras cosas que la gente no es como la pintan los partidos por mayoritarios que sean según las elecciones o las encuestas. Yo tampoco pretendo saber cómo son, dicho sea de paso, reforzando mis pre-juicios. Me basta con proponer razonablemente y sin cálculos manipulativos lo que pienso y comparto con otros sin maquillarlo. Y escuchar luego la respuesta. Y trabajarlo, que yo también soy gente y aprecio el esfuerzo, la claridad y la decencia. Los atajos siempre pagan precio. Lo fácil sale caro.</p> <p style="margin: 6px 0px; color: rgb(20, 24, 35); font-family: Helvetica, Arial, 'lucida grande', tahoma, verdana, arial, sans-serif; font-size: 14px; line-height: 19.3199996948242px; background-color: rgb(255, 255, 255);">Hay en lo que se escribe en este artículo, reconocimientos. Pero hay muchas más justificaciones. No me gusta, aunque preferiría mil veces que ese fuera el tono y no el habitual oficial en Podemos. Estoy harto de adanismos triunfalistas y de adoración a la marca. Creo que se podían y se pueden hacer las cosas de otra forma, que sería todo más eficaz para lograr los objetivos propuestos. Que lo de ganar por ganar es un virus ajeno que nos aleja de ello. Y si no, al tiempo.</p> <p style="margin: 6px 0px 0px; display: inline; color: rgb(20, 24, 35); font-family: Helvetica, Arial, 'lucida grande', tahoma, verdana, arial, sans-serif; font-size: 14px; line-height: 19.3199996948242px; background-color: rgb(255, 255, 255);">Por cierto, yo jamás oí hablar de Esparta en los debates sobre derechos reproductivos. Pero tampoco me extraña. Los brutos, aunque formen parte de un paisaje aparentemente común en lo declarativo, están del otro lado del río, en la otra orilla. A eso me refiero. Precisamente porque el problema siempre está más allá de las palabras, en la significación y en el sentido</p>
  • |
    Clara
    |
    03/12/2014 - 9:11am
    alimentemos el debate, que falta hace tanto por dentro como por fuera. gracias por el artículo.&nbsp; por mi parte sí, digo sí a podemos, pero no como representante de mi deseo, sino como el principio de algo, potente pero muy carente de muchas cosas y por tanto necesitado de mucho trabajo y contenido con cuerpo. en este sentido, si bien creo que no se le puede pedir a podemos que vaya de progre&nbsp;a nivel partido o en sus tertulias políticas, igual que digo esto: IGUAL DIGO QUE ES BIEN EXIGIBLE QUE MANTENGAN UNOS MÍNIMOS EN ESE ESPACIO ABIERTO Y QUE EN LOS CÍRCULOS Y DEMÁS ESPACIOS DE ENCUENTRO A NIVEL BASE SÍ QUE LE DEMOS FUERZA AL DEBATE, QUE AHÍ SÍ QEU SEAMOS RADICALES, QUE AHÍ NOS CUESTIONEMOS PRIVILEGIOS, QUE AHÍ EJERZAMOS NUESTRO DESEO (AUNQUE LO DEJEMOS EN ESPERA EN LOS PLATÓS DE TV)! es decir, que las necesidades &quot;de partido&quot; no se utilicen como la excusa perfecta para que no tengamos que abrir el cajón de pandora en nuestros debates a nivel de tu a tu con nuestrxs compañerxs de mani, de círculo, de jornadas, de vida... porque es ahí donde sucede también lo importante (y ahí también nos estamos jugando la victoria, la de la subjetividad, la de la política cotidiana, la del después de que Podemos gane y entonces nos demos de bruces con que?) Tenemos que jugar a dos bandas -como mínimo-: a nivel partido vamos a ganar las elecciones con mayoría (eso sí, sin perder el fondo ni el contenido), pero a nivel de base (y no hablo solo de a nivel interno de podemos, sino en los espacios donde nos encontramos por dentro y por fuera de podemos) hemos de seguir trabajando por el cambio subjetivo, el de la política cotidiana, el que alimentó el 15M, hemos de cambiar estrategias o mantener las que nos dieron fuerza.. pero desde luego no asimilar en las bases las necesidades de la máquina electoral!! porque además, si hacemos eso, no será de manera inocente.. sino porque nos sirva para evitar movernos el suelo, tanto a la hora de cuestionarnos nuestros privilegios machistas como los de nacionalidad como algún que otro privilegio más... &iquest;hay deseo ahí? &iquest;queremos ganar las elecciones y que vuelva el (abusivo-globalizado) estado de (no)bienestar o queremos trabajar por la emancipación de todas y todos? ahí es cuando se ve qué hay en los sueños de cada cual... &nbsp;y donde podemos encontrarnos. no puede ser que por decir Sí a Podemos tengamos que anular nuestro deseo... una cosa es el partido y los platós de tv y otra es la calle, el tu a tu... que ahí las críticas se aprendan a recibir con espíritu emancipador es OTRA CUESTIÓN MUY PENDIENTE POR PARTE DE MUCHOS, TODAVÍA
  • |
    cayetano
    |
    02/12/2014 - 11:43pm
    La cuestión es que los recortes de derechos y servicios son consecuencia de la estafa de Crisis, basada en la Deuda como socialización de las perdidas.&nbsp; De forma que el tratamiento de la Deuda determina los márgenes disponibles, no es cuestión baladí sino central y determinante del resto.&nbsp; Por ello la cercanía de la propuesta de PODEMOS al PSOE en la idoneidad de un marco europeo ante ésta, que conlleva necesariamente cesión de soberanía y democracia, no es crítica secundaria. Tal y como explica magistralmente Sergi Cutillas (Economista miembro delObservatorio de la Deuda de la Globalización (ODG) y la PACD) en su artículo: <a href="http://blogs.publico.es/viviendo-en-deudocracia/2014/11/27/por-que-el-financial-times-es-mal-companero-de-viaje-de-podemos/" rel="nofollow">http://blogs.publico.es/viviendo-en-deudocracia/2014/11/27/por-que-el-financial-times-es-mal-companero-de-viaje-de-podemos/</a> Un saludo
  • |
    cayetano
    |
    02/12/2014 - 11:31pm
    La radicalidad democrática habla un lenguaje acompasado entre significante y significado, confundiéndose medio y fin en un único sentido. La deriva democrática de PODEMOS no puede entenderse en términos de radicalidad, horizontalidad y empoderamiento de las bases o ciudadanía. Desde valores elitistas que dan primacía a los expertos, los mejores (en palabras de PIT),&nbsp; contra poniéndose al valor de lo colectivo y participado en la elaboración, debate y decisión por todos, condicionando el proceso por la intervención de la élite per se, no electiva.&nbsp; Igualmente dicha deriva de arradicalidad democrática, se deja ver en iniciativas como la movilización para enseñar músculo entorno a siglas, con una visión excluyente de los significados de pluralidad y diversidad que encarnaba el 15-M, las mareas o el 22-M. También la unanimidad interna en la dirección de PODEMOS, que no incluyo voz alguna entre los críticos era una señal, precedida de la misma unanimidad en la elección del equipo de preparación de la Asamblea, de la búsqueda de ésta en los procesos y formas elegidos. Pero los contenidos también acompañan a las formas, así como los círculos parecen estar reducidos a la función de comentar en los bares, son los liderazgos quienes toman las decisiones trascendentales.&nbsp; En una rueda de prensa un colectivo humano que se acostó sin aceptar la dicotomía derecha-izquierda, se levante social-democrata. Por arte de birli-birloque abandonan la exigencia de la auditoria de la Deuda y el impago de la parte ilegítima y odiosa, se plantean su reestructuración en un marco de negociación, y éste se establece en el mismo ámbito supranacional europeo que plantea el PSOE(es lógico el apoyo de Financial Time). La Deuda es la esencia estafadora de esta Crisis, la justificación y base de recortes en derechos y servicios esenciales.&nbsp; Por ello el enfoque ante la Deuda es definitorio del campo alternativo elegido, el social-democrata sistémico que aceptando las reglas del juego inexorablemente atacará al Estado del Bienestar, o el alternativo que ve la Deuda como estafa socializadora de perdidas, cuya respuesta necesariamente pasa por un cambio en la correlación de fuerzas. En ese sentido es clarificador el artículo de&nbsp; Sergi Cutillas (Economista miembro del Observatorio de la Deuda de la Globalización (ODG) y la PACD) en suartículo: <a href="http://blogs.publico.es/viviendo-en-deudocracia/2014/11/27/por-que-el-financial-times-es-mal-companero-de-viaje-de-podemos/" rel="nofollow">http://blogs.publico.es/viviendo-en-deudocracia/2014/11/27/por-que-el-financial-times-es-mal-companero-de-viaje-de-podemos/</a> PODEMOS sigue siendo un referente de la contestación al neoliberalismo, pero en su corta andadura, tanto desde significados como significantes estan desvalorizándose. Esperemos que corrijan, en ello van las ilusiones depositadas por muchos, que podrían caer en la desesperanza que lleva a la impotencia.
  • |
    jdr
    |
    02/12/2014 - 5:19pm
    Un artículo buenísimo. Me siento muy reflejado. Gracias a la autora. &nbsp;
  • |
    Antonio
    |
    02/12/2014 - 3:29pm
    Siempre me he movido en un ambito autonomo/libertario, he votado a Podemos en las europeas (primera vez que voto) y lo digo abiertamente, claro, me implica siempre unos minutos de explicación. Creo que ambas posiciones no tienen por que ser incompatibles. Considero que las asambleas son insustituibles, es la organización natural del pueblo. Un partido, y más uno con opciones de ganar, no puede ser asambleario, sus dinámicas impiden eso, las bases podrán marcar su dirección, pero jamás podrá ser asambleario. Así que no me llevo a engaño. El cambio se da en la calle, después ese bullir critaliza. Las asambleas del 15m son las que cambiaron el pensar de la mayoría. Por otro lado, nunca entendí porque se formaban mil partiditos (presentarse a elecciones, vamos) dentro de la izquierda, creo que un partido solo tiene sentido si piensas en ganar, puesto que de otra manera son más los inconvenientes que las ventajas. Creo que en este Estado, se pueden cambiar aún cosas desde las instituciones, si cerramos de una vez la cuestión clerical, territorial, la república, ... aunque solo sea por eso centraremos el debate, quitaremos paja a lo principal: Este sistema económico - productivo es miserable y además insostenible a corto-medio plazo. No creo que Podemos desvie y canalice un posible cambio radical, como hizo el PSOE en la transición, simplemente por que la gente ahora no está por ese cambio radical. Hay muchísima gente en la izquierda que: o niega, o no ve que perdimos y eso conlleva un retroceso en el sentido común de la gente, el capitalismo caló hasta los huesos. En fin: que tal como está el panórama social, Podemos puede incluso librarnos de que el descontento vire hacia la extrema derecha. Creo que se puede seguir luchando por que la gente se de cuenta de que este sistema económico es una aberración y votar a Podemos. En cuanto a la coherencia y la ética, creo que poco tienen que ver en los cambios sociales,&nbsp; poder contra poder: Pa los pobres moral y pa los ricos buena vida. Salud
  • Tienda El Salto