CRÓNICA
Cortejo fúnebre por tres combatientes de las YPG kurdas

Relato desde Suruç, Turquía, del entierro de tres soldados de las Unidades de Protección Popular.

29/10/14 · 11:51

La aglomeración se dispone a parar cualquier coche. Aquí, en el Kurdistán turco, el autostop se utiliza como forma de vida. Una furgoneta aparece y se llena con decenas de personas cuyo destino es el hospital de Suruç (Turquía). Allí comenzará el cortejo fúnebre que llevará hasta el cementerio a tres soldados de las YPG kurdas (Unidades de Protección Popular, por sus siglas en kurdo), donde comenzarán su viaje a la eternidad y formarán parte de la leyenda que se comienza a fraguar de Kobane como símbolo de resistencia. Las comparaciones, siempre odiosas, abundan: Numancia, Madrid, Varsovia, Stalingrado...

 


Los tres féretros salen de la morgue cubiertos con banderas kurdas. Sobre ellas, se sitúa la bandera del PKK, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán, antigua formación marxista-leninista reconvertido hacia al confederalismo democrático. La marcha arranca con cánticos que alaban la resistencia de Kobane y del Kurdistán. El ritmo es rápido y continuo, lo que hace complicado el trabajo de la numerosa prensa presente para dar testimonio de esta manifestación revolucionaria en que se convierte cada funeral de un combatiente kurdo.

Fuera del Suruç se haya el cementerio donde descansarán los cuerpos. El trayecto es de casi un kilómetro y es liderado por un anciano blandiendo una bandera del PKK, considerado terrorista por la OTAN, Estados Unidos y la Unión Europea. Dos mujeres llevan banderas con la cara de Abdullah Öcalan, el adorado líder y fundador del PKK, encarcelado por el Estado turco desde 1999 en una isla del mar de Mármara. Los gritos revolucionarios no cesarán en todo el recorrido. Cualquier parecido con lo que conocemos en occidente como un entierro es mera coincidencia.


Una vez en el cementerio, sitúan los ataúdes sobre unos bloques de cemento y comienzan los rezos. Las mujeres muestran su dolor con cánticos y gemidos, los hombres acarrean los cuerpos hasta la tumba y, en un ejemplo más de trabajo colectivo y cooperativo típico de la cultura kurda, cubren de tierra y cánticos los cadáveres.

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