Fin del régimen en Madrid
La cara B de la política madrileña

La investigación en torno a la gestión de Caja Madrid y Bankia arroja un listado de nombres de 86 supuestos perceptores de fondos opacos, no declarados a Hacienda.

09/10/14 · 8:00
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José Antonio Moral Santín, consejero por IU, gastó 456.700 euros con su 'tarjeta black' / David Fernández

inforelacionada

Primer año de la crisis. El endeudadísimo Ayuntamiento de Madrid presenta unos presupuestos “austeros”, en palabras del entonces alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón. Un ejemplo tomado de esas cuentas: el Área de Participación Ciudadana obtiene una dotación para gastos de personal de poco más de 1.403.000 euros. Ese año, 47 consejeros de Caja Madrid gastan 1.548.000 euros con las
célebres tarjetas opacas, tarjetas B o tarjetas black
. Dos años después, la Agencia Madrileña para la Emi­gración, dependiente de la Co­mu­nidad de Madrid, obtuvo un presupuesto de 1.516.000, apenas cien mil euros más de lo que 46 consejeros consumieron en gastos de representación, comidas, compras, regalos y hasta joyas con unas tarjetas de crédito que están siendo investigadas por la Agencia Tributaria por un presunto delito de fraude fiscal.

El 3 de octubre de 2014, una filtración derivada a distintos medios de comunicación por el Partido X en el marco del caso Blesa sacudía la política madrileña, a su partido señero, un Partido Popular dirigido por Esperanza Aguirre que lleva más de 20 años al frente de Comunidad y Ayuntamiento de Madrid; a la patronal, a los partidos de la oposición (PSOE e IU) y a los sindicatos mayoritarios en la región: CC OO y UGT. Tras dos años de sumarios en el caso Bankia, se filtraban a la opinión pública los apuntes de las tarjetas de crédito que Caja Madrid ponía a disposición de sus consejeros. Una práctica de la que el Gobierno se ha desmarcado, que ha sido criticado por el Fondo de Reestructuración Ordenada Banca­ria se ha personado en la causa, y que los Inspectores de Hacienda del Estado han calificado en el diario Expansión como “burda corrupción”.

Más de 15 millones de euros, repartidos entre 86 personas que entre 1999 y 2012 dispusieron, siempre presuntamente, de una tarjeta de crédito “black a efectos fiscales”, según los correos de Blesa divulgados por el Partido X, con un límite anual de 50.000 euros, que las principales figuras del consejo de administración superaron en varias ocasiones. De los 86 directivos con acceso a las tarjetas opacas que pasaron por Caja Madrid, sólo tres no las utilizaron

La composición del órgano de Gobierno de Caja Madrid procedía del ordenamiento de cajas de ahorros “sin ánimo de lucro”, y estaba formado, hasta el rescate y reformulación de Bankia llevado a cabo tras la crisis inmobiliaria, por “organismos representativos de la sociedad”. Esto se asentó en la práctica en un juego de sillas por el que pasaron cientos de representantes de partidos y organizaciones –por ejemplo, el líder del PSOE, Pedro Sánchez, formó parte de la Asamblea Ge­neral–, pero en el que se ganaba el acceso a la “tarjeta black” quien se sentaba en el consejo ejecutivo y directivo y el consejo de administración y comisión de control. Ochenta y seis directivos de los que sólo tres no utilizaron las tarjetas opacas. No es la única ventaja que recibían, como se ha visto en la investigación del caso Bankia, ya que otros cargos vinculados a la entidad, como Javier López Madrid (OHL) o Arturo Fernández (CEIM), están siendo investigados por la recepción de créditos en condiciones ventajosas, en concreto préstamos por valor de 344 millones de euros al 0% de interés.

Canela fina

Entre los miembros del consejo ejecutivo señalados por las tarjetas opacas, los más conocidos son los dos presidentes de la entidad, Miguel Blesa (al frente de Caja Madrid entre 1996 y 2009) y Rodrigo Rato (2010-2012), pero también Ildefonso Sán­chez Barcoj, un hombre “de la casa” que cargó más de medio millón de euros en estas tarjetas fuera de los radares de Hacienda. Entre los miembros del consejo de administración y de la comisión de control, decenas de políticos de la clase política madrileña de los últimos años. Se­gundos espadas, en la mayoría de los casos, pero necesarios para mantener engrasadas las redes que controlan la Comunidad y sus municipios desde hace décadas.

La lista es interminable y abruma por los cargos que ocuparon en el pasado sus integrantes: ministros (Rodrigo Rato, ex de Economía, y Virgilio Zapatero, ministro socialista de Relaciones con las Cortes), se­cretarios de Estado (Hacien­da, Comercio, Turismo), diputados, senadores, presidentes de la Asamblea de Madrid, consejeros y directores generales de la Comunidad (Eco­nomía), diputados autonómicos, al­caldes (Majada­honda, Alcobendas, El Escorial, Móstoles), tenientes de alcalde, concejales del Ayunta­miento, y un largo etcétera.

Junto a éstos, cargos en las instituciones, asesorías, consultorías, gestores de las concesionarias de los hospitales madrileños, de autopistas, cargos en la patronal –están incluidos en la relación el citado presidente de la patronal madrileña Arturo Fernández y el expresidente de CEOE, Gerardo Díaz Ferrán–, cargos en consejos de administración de otras empresas madrileñas y estatales (empresas municipales de vivienda, IFEMA, Telemadrid, RTVE, Tribunal de Cuentas), universi­dades (Complu­tense, UNED, Univer­sidad de Alcalá), fundaciones... Y por supuesto, cargos directivos en las pempresas del Ibex: Telefónica, FCC, u OHL, además de aquéllas en las que Caja Madrid tenía participaciones: Iberia, Realia o Mapfre, entre otras. Además, hay que sumar a animadores de la vida interna de los partidos y sindicatos: un secretario general del PSOE, un secretario general del PCE en Madrid, gerentes de partido, secretarios generales de las federaciones, secretarios de acción social, de acción sindical, etc.

La izquierda, dividida

La dimisión del histórico Rodolfo Benito, aceptada por el secretario general de Comisiones Obreras el 3 de octubre, pocas horas después de que trascendiera el caso, fue el punto de partida para una cascada de ceses en torno al caso, que al cierre de la edición ya ha afectado a una decena de nombres. En Avenida de América, era José Ricardo Martínez quien dimitía de su cargo como secretario general de UGT. El exministro Virgilio Zapatero, desde el 82 en gobiernos del PSOE, se enfrentaba con su secretario general, que ha anunciado “decisiones muy duras” con los militantes del partido salpicados por el listado de las tarjetas black. También IU ha reabierto un debate interno a raíz del caso. El día de la filtración, el portavoz de IU en el Ayuntamiento de Madrid, Ángel Pérez, pidió en las páginas de Crónica de Madrid a sus compañeros de coalición que sean “más cautos para ser más justos” a la hora de juzgar el papel de los “compañeros consejeros en Caja Madrid”, en referencia a José Antonio Moral Santín y a la diputada Libertad Martínez. Sin embargo, esa misma mañana, el coordinador de IU en la Comunidad de Madrid, Eddy Sánchez, que previamente había puesto “la mano en fuego” por Moral Santín, reconocía en Eldiario.es que se había “equivocado” con el exvicepresidente de Caja Madrid. Según la tabla filtrada, Santín habría cargado a su tarjeta 456.700 euros entre 2003 y 2012.

Nada era lo que parecía en el año 2009

En 2009, una Esperanza Aguirre en plenitud de sus ambiciones planteó una reforma de la ley de cajas que enfrentó, tras años de cordialidad, a las distintas familias políticas presentes en la caja. Aquello desembocó en unas elecciones, las que sacaron a Miguel Blesa de la presidencia de la misma. Aquel acuerdo selló tres años de pax romana entre los actores presentes en el conflicto. Desde Tomás Gómez a los sindicatos, pasando por la IU de José Antonio Moral Santín, la política madrileña aceptó el trato, explicitado en el punto tres del mismo, en el que las partes firmantes consolidaban la voluntad de “entendimiento, acuerdo y consenso” en los órganos de Gobierno de Cajamadrid. Ese año, 46 consejeros se repartieron la mayor cantidad de las cuentas desveladas ahora, 1.600.000 euros. La diputada Montiel, no implicada en el caso y que posteriormente abandonó IU, escribía que en la batalla por el control de la caja “nada había sido lo que parecía”.

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