México: solidaridad con los migrantes en la ruta hacia el norte
Las Patronas, 14 mujeres que desafiaron a La Bestia

Desde hace 20 años, Las Patronas reparten bolsas de comida a los migrantes que pasan a toda velocidad subidos en el tren llamado ‘La Bestia’.

28/09/14 · 8:00
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Las Patronas se sitúan al borde de la vía por donde pasa La Bestia y entregan bolsas de comida a los migrantes.

“No queremos que nos resuelvan la vida. Es muy poco lo que pedimos, pero no nos entienden o no nos damos a entender. No necesitamos ni queremos que se nos mantenga, sino que nos dejen trabajar nuestras tierras”. De esta manera resume Norma Romero Vázquez, del grupo Las Patronas, el discurso que dio al recibir de manos del presidente de México, Enrique Peña Nieto, el premio Nacional de Derechos Hu­manos de 2013.

Cuando le preguntamos si le dejaron decir todo lo que quería, contesta que le dieron seis minutos y al final habló 12. “Me dejaron hablar, claro, pues lo que dije era más bien el sentir de todas las mujeres. Hoy en día no hay trabajo para la gente, los jóvenes lo que hacen es sentarse en las esquinas y estar ahí todo el día ideando, no hay dónde ocuparse… No tenemos el café, no tenemos la caña. La idea del progreso sustentada en aprovecharse de las necesidades de los que menos tienen no puede ser más que una violación de los derechos humanos. Tristemente, esto lo hemos aprendido estos años trabajando con migrantes”, afirma categórica Norma Rivero.
 

Las Patronas se colocan al borde de la vía del tren y entregan bolsas con alimentos a los migrantes

El trabajo de Las Patronas empezó hace dos décadas gracias a Leo­nila Romero, conocida como la Abue­la, madre de una de las activistas que visitaron Madrid para dar a conocer el trabajo del colectivo y la situación de los derechos humanos en el viaje al Norte. El grupo, formado por 14 mujeres, se ocupa de preparar a diario comida ­para repartir entre los migrantes centroamericanos que intentan llegar a EE UU subidos en el tren de carga conocido como La Bestia.
“Todo empezó cuando mi mamá se enteró de que el tren de carga llevaba gente. Entonces pensó que había que hacer algo”, nos cuenta Norma, hija de Leonila. “Los migrantes van agarrados de donde pueden y recorren así más de 8.000 km. Como el tren es de carga, a veces se detiene para recoger mercancía y los migrantes tienen que esperar tres o cuatro días a que el tren termine de cargar”.

Las Patronas se colocan al borde de la vía del tren a su paso por Gua­dalupe La Patrona –de donde toman su nombre– y entregan bolsas con alimentos a los migrantes. Estos permanecen agarrados como pueden del tren con una mano mientras con la otra tratan de alcanzar los ‘lon­che­citos’ –como ellas les dicen– de arroz con un poco de tortillas y frijoles.

Crecimiento político

“Cuando escuchamos las máquinas salimos al encuentro del tren. El albergue que está en la zona de Tierra Blanca es el que nos avisa porque oye las máquinas engancharse o desengancharse. Desde allí, el tren tarda unas tres horas en llegar a nuestra comunidad; ése es el tiempo que tenemos para organizarnos –relata Norma–. De las 14 mujeres, cada una tiene un día de organización de comida, las demás compañeras están pendientes de la hora para el reparto”.

Pese a lo que podría parecer, no se trata de un grupo de mujeres dedicadas a una labor meramente asistencial, sino que es un colectivo que ha experimentado un proceso de crecimiento político que les ha hecho plantearse otros objetivos como la creación de redes, una constante en su discurso, o las labores de difusión y concienciación.

El proyecto ha ido creciendo y en la actualidad cuenta con un albergue en el que los migrantes pueden descansar para reponer fuerzas o ser curados de las numerosas heridas que sufren durante el viaje. Si son leves, son atendidos allí mismo; si las heridas son más graves –los casos de mutilados por La Bestia son ha­bi­tuales–, Las Patro­nas los acompañan a otros centros de salud.

Las Patronas también apoyan a familiares de migrantes desapare­ci­dos. “Cada año recibimos la Cara­vana de Madres de Desa­parecidos Centroamericanos –cuenta Leonila–. Este año hemos encontrado cinco personas, y esas cinco familias pudieron reencontrarse. A veces llevamos los avisos a las personas encargadas de la Iglesia en Honduras y El Salvador, y les hacemos llegar los mensajes a la familia; es más eficaz que tratar de contactar por radio”.

La difusión, la concienciación y la necesidad de crear redes les ha traído a España, donde han intentado no sólo compartir sus experiencias, sino también hacer que su caso sirva como referente para las situaciones de violación de derechos humanos de los migrantes en nuestras fronteras, en Melilla o en Ceuta: “La solución no es reforzar fronteras, porque los ríos siempre toman su cauce, los migrantes van a pasar por donde sea. Re­forzando fronteras lo único que conseguimos es que cada vez sean más los que estén expuestos, se genera más violencia, más muertos, más violaciones de derechos. Nadie desea irse de su país, pero la gente está huyendo, está abandonando sus tierras aquí y en Centroamérica”.
 

El campo sigue expulsando población

La miseria en el campo ha sido uno de los principales factores que han llevado a centenares de miles de personas a emprender el viaje al norte. Una situación que se sigue repitiendo: en 2014, un conflicto con EE UU ha supuesto para los productores de Veracruz, patria de Las Patronas, una reducción a la mitad del precio de la tonelada de azúcar. “Somos muchísimas familias viviendo del campo no sólo en el pueblo de La Patrona, toda Veracruz es una zona cañera y estamos luchando por que la caña valga y le den el valor que realmente tiene”, dicen.

 

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