Explotación en una de las principales transnacionales del mundo
WalMart: el negocio de la pobreza

La segunda empresa con más beneficios de Estados Unidos es conocida por sus abusivas prácticas laborales.

26/08/14 · 8:00
Interior de un WalMart de Pennsylvania. / Random Retail

inforelacionada

Texto de Alberto Maestre, extrabajador de WallMart

En los almacenes, mientras descargaba camiones a las cuatro de la madrugada, podía leer los carteles de “perritos calientes gratis si conseguimos 15 días sin accidentes, pizza si son 30, el sorteo de una Xbox 360 si son 90 días, una tele de plasma si son 120 días”. A pesar de las estratagemas para evitar denuncias por accidente laboral, nunca vi que el contador de “días sin accidentes” pasara de 12.

Mis compañeras de trabajo, como la abuela que se abrió la cabeza al caerse de una estantería y sigue trabajando el turno de madrugada con 65 años, la licenciada con máster, pluriempleada para conseguir tres sueldos mínimos con los que pagar su préstamo universitario, también la cajera que era ingeniera ambiental en su país, el casi septuagenario que carga sacos de abono en furgonetas, o la veinteañera en bancarrota que apenas puede pagar las facturas y no tiene para comer, forman parte de los casi dos millones de personas que trabajan para Walmart en Norteamérica.

En los Estados Unidos, el 1% de la población activa, en su mayoría mujeres y minorías raciales, trabaja en este gigante de los grandes almacenes, y los associates (trabajadores, en la jerga interna de la empresa) venden alimentación, ropa, electrodomésticos, muebles, productos de jardinería, óptica, servicios de reparación de automóviles, peluquería, incluso armamento y munición.

Mientras la familia Walton, heredera del fundador de la empresa, acumula un patrimonio de casi 150.000 millones de dólares, Walmart suele despertar reacciones clasistas en el imaginario norteamericano. El 18% de los food stamps (subsidios estadounidenses para alimentación) se gasta allí. La compañía es sinónimo de una pobreza ridiculizable, ya sea de sus trabajadores o sus clientes; no en vano una de las páginas web más populares en Estados Unidos es People Of Walmart, una recopilación de fotografías de clientes “pintorescos” objeto de burla a causa de su sobrepeso o su “falta de clase” al vestir.

La quimera del ‘asociado’

Desde el primer día en el que me convertí en un associate, recibí un continuo torrente de propaganda: se nos intenta convencer para cobrar parte del sueldo en acciones de la empresa, lo que reduce la ya ínfima nómina mientras engorda el valor bursátil de la compañía. Se habla de muchos posibles bonus en caso de cumplir objetivos de productividad inalcanzables en la práctica, pero que crean la ilusión de que el responsable de que su sueldo sea tan bajo es siempre del propio trabajador y no de la compañía.

A pesar de la diversidad de labores que puede realizar un associate, el periodo de formación, que dura casi una semana, apenas entrena para ninguna tarea específica. Unas animaciones de ordenador transmiten mensajes simples, fáciles de entender para aquellos cuyo inglés o sus habilidades lectoras no son fluidas. En el modelo que Walmart ha perfeccionado, en el que se contrata y se despide automáticamente según las ventas suban o bajen, no cabe ningún tipo de especialización del trabajo.

Estas animaciones de ‘formación’, por ejemplo, nos dicen que denunciar accidentes laborales supondría incómodos trámites que no convienen a nadie, y que será mejor para todos si volvemos al trabajo porque así nos seguirán pagando. Los trabajadores, una inmensa mayoría de ellos a tiempo parcial, somos a menudo chantajeados con la promesa de trabajar horas ‘extra’ no declaradas. Gracias a esta estratagema, muy pocos associates tienen los escasos derechos que otorga el estatus de trabajador a tiempo completo en las legislaciones de Estados Unidos o Canadá.

Terreno vedado a la lucha sindical

En Walmart no hay lugar para los sindicatos, y las leyes se lo permiten. La empresa, que gasta millones de dólares en donaciones políticas, mantiene buenas relaciones con cualquier tipo de gobierno; líderes como Barack Obama o Cristina Fernández de Kirchner han hecho declaraciones elogiando a la compañía. Las prácticas antisindicales han hecho que no haya trabajadores sindicados de Walmart en toda Norteamérica. Además, la comunicación interna de la compañía ha sofisticado los canales para la delación entre los propios empleados. El periodista Hamilton Nolan cita el caso de una trabajadora despedida cuando su jefe la oyó hablar de una reunión familiar; la palabra reunión es demasiado similar a union, sindicato en inglés.

Cuando los carniceros de un Walmart de Texas decidieron organizarse en un sindicato, la empresa decidió prescindir de todos sus charcuteros en todo el planeta, y pasar a vender únicamente carne empaquetada en bandejas. Cuando los trabajadores del hipermercado de Jonquiere, en Québec, se organizaron, Walmart no dudó en cerrar, despedir a todos los trabajadores y abandonar ese pueblo.

Documentales como The High Cost of Low Price muestran el efecto devastador sobre la economía de las zonas donde Walmart desembarca. Instalándose en las afueras de las ciudades, con costes laborales mínimos y con una política de precios diseñada para eliminar a su competencia, destruye muchos más puestos de trabajo que los muy precarios empleos que crea.

Walmart es la segunda empresa del mundo con más beneficios, sólo superada por ExxonMobil, y, si se cumplen los pronósticos y Hillary Clinton llega a la Casa Blanca en 2016, la empresa habrá conseguido colocar en la presidencia de los Estados Unidos a una antigua lobbista y miembro de su Consejo de Administración; para entonces, miles de associates seguirán reponiendo los estantes de alimentación mientras no pueden permitirse tres comidas diarias, y para la familia Walton, la creación de pobreza seguirá siendo un excelente negocio.

Imprimir Imprimir
Versión PDF PDF
Enviar
Corregir
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

4

  • | |
    27/08/2014 - 8:48am
    La verdad es que es una gran vergüenza que la tendencia 'low cost' este sangrando al mundo y la gente ni se preocupe, porque le sale unos céntimos mas barato X producto. Y se dejen de lado tantas otras cosas que no tienen precio, como un trato amigable, profesional y alegre que refleja un empleado satisfecho y no uno del tipo 'associate'.
  • |
    juancho
    |
    27/08/2014 - 3:07am
    Mejor dicho negociadores de la explotación.
  • |
    Ángel Pedraza Rodríguez
    |
    27/08/2014 - 12:34am
    Ése es al capitalismo puro y duro, sin cautelas ni disimulos, que explota al hombre por otros hombres con el consiguiente beneficio en el tránsito productivo. Para volver a releer "Salario, precio y ganancia", de don Carlos Marx, y aplicarlo a la práctica de esa empresa cuyo nombre no escribiré. Y aquellas autoridades elegidas para cumplir y hacer cumplir las leyes, miran para otro lado en tanto se consuma la iniquidad y el latrocinio más descarado. De ese modo, obtendrán pingües apoyos financieros en la hora de las elecciones, y a otra cosa, mariposa, que no te enteras, pasmao. Mira, te hago un trato: tú trabajas para mí, es decir, para esta empresa. ¿Cuánto y por cuánto tiempo? La bocina que avisa del comienzo de la jornada laboral y que pone fin a la misma (es un decir), está en mi poder. Es mía y soy yo quien digo cuándo se toca y cuándo no. ¿Has entendido, panoli? Pues al tajo. ¿Que cuánta plata quieres cobrar? ¿Has oído, compadre? Tú es que no has leído "Salario, precio y ganancia" de don Carlos Marx. El precio lo pongo yo, que soy el dueño de la empresa, a cada artículo con los que se mercadea en esta empresa comercial. Naturalmente, lo pongo lo más bajo posible para romper la competencia con los otro mercados que venden lo mismo que yo. Ése es el quid de la cuestión, el precio a que voy a mercadear la mercancía, que de ahí viene lo de mercadear que el corrector se empeña en subrayar en rojo como si no existiese esa palabra en el diccionario de la R.A.E. (Real Academia de la Lengua Española). Pues, en cuanto a lo que que quieres ganar, lo ganarás o no según tu aportación en trabajo al mercadeo. Porque tu trabajo, el que prestas a la compañía comercial, es otra mercancía que puede subir o bajar según el rendimiento que me des. O que des a la empresa. Y mi contable, porque yo no llevo las cuentas, ha de tener presente, en primer lugar, de qué precio parte, el del coste de la materia que vamos a elaborar, antes de ponerla al mercadeo del público consumidor; y la ganancia, que yo no voy a tener un negocio abierto todo el año para según qué ganancias, que he de pagar sueldos como el tuyo, que me parece que te has equivocado de empresa, e impuestos, y tasas, y otras menudencias que no voy a enumerar ni nombrar. Y con todos esos datos en la cabeza, calcular a cuánto se puede pagar como máximo la hora de trabajo; un trabajo bien hecho y sin prisas de que me está esperando mi novio, o que tengo a mi niño enfermo y he de darle una vuelta de tanto en tanto, que son muchos años de empresario y me las sé todas. Por cierto, que he mencionado a don Carlos Marx, y ese personaje es materia reservada. A mí exclusivamente, a quién va a ser. A ti y tus compañeras ni se os ocurra echarle un vistazo. ¿Que a qué? A nada. No he dicho nada. ¿Cómo se llama el señor que he mencionado? No lo sabes. Mejor para ti. Te podía costar el puesto de trabajo de saberlo. Si es que lo consigues, aunque pareces fuerte y sana, y tienes dos pechos como dos melones maduros que me gustaría tocarte. Pero estas son horas de trabajo y las horas de trabajo son sagradas, incluso para mí, que soy el dueño del tinglado del capital, el motor de la economía de un país. Y esta factoría y mercadería es el templo de esa religión. ¿Que de qué religión hablo? Del capitalismo, hija, del capitalismo.
  • |
    Nemigo
    |
    26/08/2014 - 7:51pm
    todo muy claro y conciso, dos dudas: por qué trabaja la gente allí? está claro que hasta mac donalds paga más y mejor siguiente pregunta: por qué alguien compra allí? Cualquier empresa es mejor