Moverse en la ciudad

Pensar una movilidad a escala humana en las ciudades frente al monocultivo del automóvil permite concebir otro modo de recorrer las metrópolis.

, especialista en teoría e Historia de la arquitectura
12/03/14 · 18:34
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Moverse es una manera de sentirse libre. Moverse en la ciudad, sentir el espacio, atravesar el tiempo, son elementos fundamentales para vivir en la metrópoli. Andar, montar en bici, usar un monopatín, patines, conducir un coche, una moto, coger el metro, el tranvía, el autobús son algunos de los medios que ofrecen distintas maneras de experimentar el espacio.

Un análisis de todos los medios puede ser largo y pedante. Resumiendo, una metrópoli necesitaría un sistema de transporte público eficiente, sostenible y gratuito, y otros medios de transporte –personales, variados y creativos– que abran la ciudad a su descubrimiento libre, imprevisible, inquieto, intrigante, extraordinario, vivo. Una ciudad con movilidad eficiente y aire puro.

El rodamiento a bola es un invento del siglo XIX que ha cambiado sustancialmente nuestra manera de movernos. Gracias a los rodamientos han sido posibles la bici y el automóvil: equidad versus velocidad. Si leemos el análisis de los medios de transporte que Ivan Illich hizo en 1974 (en Energía y equidad), descubrimos que, a pesar de la mayor velocidad, el automóvil no ofrece mayor tiempo para sus usuarios. Si comparamos el tiempo que es necesario pasar trabajando para poder comprar un coche –las horas de sol perdidas bajo la luz de los fluorescentes de una oficina– con el tiempo de trabajo (mínimo) necesario para adquirir una bici, la escena cambia: al aumentar la velocidad aumenta el tiempo dedicado al trabajo, el tiempo sustraído a nuestro conocimiento.

Experimentos y seguridades

La bici permite ser un participante activo del viaje, un descubridor que traza líneas curvas, imprevisibles, entre peatones y obstáculos. Sin peligro, sin ruido, sin óxidos de nitrógeno, penetra silente el espacio y la gente. De día o de noche, permitiendo experimentar el silencio nocturno de la ciudad.

El coche crea pasajeros, protegidos de lo desconocido por una barrera metálica que vuelve opaca la comunicación, detiene los sentidos. El coche crea normas-contratos-seguros necesarios para garantizar una ilusoria seguridad.

En Barcelona existe un servicio público de alquiler de bicis. En Berlín, además del servicio público, hay otra posibilidad, excéntrica y pura. En Berlín hay un chico que organiza, a través de internet, un sistema de alquiler de bicis gratuito, basado en la confianza, sin contratos ni tarjetas de crédito. Llego a Berlín, envío un mensaje para recibir el código del candado y conocer la ubicación de la bici, recojo la bici (en un sitio cada vez distinto de la ciudad), en mi caso enfrente de una panadería. Recoger la bici se vuelve un pretexto para conocer la ciudad. Unos días más tarde la devuelvo en el mismo sitio, agradezco y dejo la bici para el próximo desconocido, que en Berlín parece no dar miedo, parece no ser abstracto.

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comentarios

2

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    Massimo
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    24/05/2014 - 6:14pm
    Alberto, veo sólo ahora tu comentario, demasiado tarde. de todas formas el sistema de alquiler de bicis de Berlín se llama Bike Surf Berlin, aquí encuentras la web: http://www.bikesurf.org/ espero que te pueda ser útil en tu próximo viaje a Berlín. abrazo  
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    Alberto
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    07/04/2014 - 3:28am
    Muy buen artículo! me gustaría saber como se llama el sistema de bici gratuita y compartida que existe en Berlín y que se menciona en el artículo. Voy para allá en 10 días y me parece una forma genial de visitar la ciudad. Muchas gracias.
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