barcelona I expolio de bienes comunes
El mayor puerto público a disposición del sector privado

Un trabajo periodístico analiza el pasado, presente y futuro del muelle, un espacio franco para los negocios.

, Barcelona
08/01/14 · 8:00
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La revista Carrer de la Federació d’Associacions de Veïns i Veïnes de Barcelona dedicaba en su número de diciembre un dosier al Puerto de Barcelona, al cual catalogan como “un monstruo de 830 hectáreas gestionado por un limbo público-privado que no responde a los intereses de los ciudadanos”. Algunas de las cifras relacionadas con el puerto son sin duda colosales: primer puerto del Estado por facturación y por valor de mercancías transportadas, conexión con más de 300 puertos, 14.000 puestos de trabajo directo y 18.000 indirecto, beneficio neto de 43,2 millones de euros.

El puerto también destaca por la entrada de turistas a través de cruceros, unos 2,5 millones en 2012Si bien la zona comercial y logística del puerto es bastante conocida, no podemos decir lo mismo del muelle de la energía, pilar del sistema energético de Catalunya. Es la planta de almacenaje más grande del Estado y una de las mayores terminales petrolíferas del Mediterráneo. En total, son cuatro puertos en uno: el logístico-comercial, el de cruceros, el de energía y el Port Vell (que también suele aparecer con el nombre de puerto ciudadano). Este último, donde se ubican el Imax, el Maremágnum, el Aquárium o la nueva tienda de Desigual, que ocupa 11.000 metros cuadrados, era una zona tradicionalmente de pesca y comercio que se ha ido privatizando a partir de los años 80 del siglo pasado y cuya última propuesta municipal es convertirla en zona de yates de lujo. Por tanto, como dice el naviero Javier Moreno, este espacio portuario ni es “viejo” ni es “ciudadano”.

Transformaciones y resistencias

Los preparativos para albergar los Juegos Olímpicos de 1992 cambiaron radicalmente la fisonomía del litoral de Barcelona. Los cambios han afectado no siempre positivamente a los barrios adyacentes al puerto: Poble Sec, Raval, Gòtic, Casc Antic, Ribera y Barceloneta. El ingeniero de caminos Francesc Magrinyà habla de “gentrificación”, proceso que supone la transformación física, social, económica y cultural de un barrio antiguamente degradado o de clase obrera que acaba siendo de clase media-alta. Cambia la tipología de sus comercios y servicios menos orientados a la población local, que poco a poco va siendo expulsada de sus casas, como ha sucedido en el casco antiguo de Barcelona.

Plataformas de vecinos, grupos intelectuales y otros colectivos han surgido a lo largo del siglo XX intentando poner freno a los planes que las élites tenían para el puerto. Una de estas últimas organizaciones es la Plataforma Defensem el Port Vell, que en 2012 intentó parar sin éxito la marina de yates que Salamanca Group está construyendo en el Port Vell. La consulta ciudadana llegó hasta el pleno del Ayuntamiento presentada por ICV-EUiA, pero CiU y PP la tumbaron.

El fervor olímpico de 1992 impulsó la construcción de un barrio nuevo, la Villa Olímpica, y se arrasó con los espacios industriales, patrimonio siempre prescindible para quienes han gobernado la ciudad. Se iniciaba al mismo tiempo la transformación de la dársena del Port Vell en espacio de ocio, con lo que siguió la destrucción de patrimonio de Barcelona, si bien una pequeña parte se conservó. La Plataforma Defensem el Port Vell intentó frenar el proceso, pero finalmente la ciudadanía cedió ante el poder empresarial y se construyeron el centro comercial Maremágnum, el World Trade Center o más recientemente el Hotel Vela, que este año compró un fondo catarí por 200 millones de euros. En los últimos años las propuestas municipales en las zonas de los barrios de la Marina y en el Fórum, y los nuevos proyectos para reformar la Ciutat Vella, la Barceloneta y el Paralelo, parecen conducir a una nueva transformación orientada por la demanda turística tal y como denuncia la Plataforma Defensem el Port Vell.

¿Público o privado?

El puerto es una infraestructura pública tanto por el organismo que lo gestiona, la Autoritat Portuària de Barcelona (APB), como por los terrenos donde se ubica. En su artículo en Carrer, Marc Font afirma que los negocios son la prioridad máxima del puerto y así se lee en la web de la infraestructura: “Puerto para los negocios”. Según Carrer no hay ninguna capacidad de comprobación democrática de las actuaciones de APB, ni tampoco existe un control público y transparente de sus cuentas, de modo que en la práctica se permite una privatización del dominio público portuario. Al frente de la APB encontramos a Sixte Cambra, nombrado por Artur Mas en 2011.

Además de las mercancías, el puerto también destaca por la entrada de turistas a través de cruceros, unos 2,5 millones en 2012. La APB y las empresas privadas del sector se ven beneficiadas por las inversiones pagadas con recursos del puerto, gracias a las cuales se incrementa el número de clientes y por tanto de negocio. Barcelona es el primer puerto de cruceros de Europa y el cuarto del mundo. Bajo la cualificación de interés público, la APB lleva a cabo proyectos dirigidos al servicio del interés privado más que al bien de los ciudadanos. Los dos últimos han sido el Hotel Vela, construido en espacio de dominio público, y las recientes obras, aún en curso, de la Marina del Port Vell para transformarlo en un aparcamiento de lujo para yates de multimillonarios. Esa zona del puerto quedará vallada y rodeada de fuertes medidas de seguridad, pese a estar en esa parte también conocida como puerto ciudadano. 

Una zona que ha sido objeto de deseo

Lugar de interés urbanístico, el litoral ha sido fruto de remodelaciones y proyectos distintos. Fue a partir de la segunda mitad del siglo XX cuando más se intensificaron y ampliaron las instalaciones del puerto y entraron en decadencia los establecimientos tradicionales de reparación naval situados en el Paseo de Colón y en la Barceloneta. Punto y aparte merece el Pla de la Ribera (1965), bajo gobierno del alcalde franquista Porcioles, que pretendía hacer una zona residencial y de ocio en el norte del litoral de Barcelona, lo que desató la resistencia de los vecinos de Poble Nou en pleno franquismo.
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