Pacto de Gobierno con la oposición
El salario mínimo alemán despierta suspicacias

El acuerdo de Merkel con la oposición ha sido establecer, por primera vez en Alemania, una salario mínimo.

, Berlín
08/12/13 · 10:22
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Alemania va a tener por fin un salario mínimo. El pasado miércoles 27 de noviembre, Ángela Merkel, junto a Horst Seehofer, líder de su partido hermano en Baviera, la Unión Socialcristiana (CSU), y el presidente del partido de la oposición socialdemócrata, Sigmar Gabriel, firmaron un acuerdo de coalición en el que contemplan la introducción de un salario mínimo de 8,5 euros/hora. Esta fue la condición que el Partido Social­demócrata alemán (SPD) puso a la CDU para pactar un Gobierno que, de haber querido, podría haber sido un Gobierno de izquierdas junto a Die Linke y los verdes (Die Grüne).

La cúpula del SPD va a consultar a sus casi 470.000 miembros en un referéndum si quieren que su partido gobierne en conjunto con la CDU de Merkel. La creación de un salario mínimo ayudará a los socialdemócratas a contentar a las bases del partido, convenciéndolas para votar a favor de una coalición que muchos ven como una traición contra el programa electoral del partido. Sin embargo, el salario mínimo alemán no llegará hasta 2017, ya que a partir de 2015 existiría formalmente, pero los actores implicados (empleadores y empleados) que decidan no aplicarlo podrán no hacerlo hasta dos años después. Los conservadores de Merkel han sacado una legislatura completa de ventaja para establecer la norma. Y la remuneración mínima no irá ligada a la inflación, es decir, a la carestía de la vida.

Dumping salarial

El jefe de Die linke en Sarre y antiguo ministro de finanzas y exjefe del partido socialdemócrata Oskar Lafontaine explicaba en una entrevista al diario Junge Welt que “el acuerdo de salario mínimo es una vergüenza (…). Las numerosas excepciones van a llevar a que, incluso, después de su entrada en vigor, empresas por ejemplo en el sector cárnico o agrícola en Francia o en Bélgica tengan que cerrar porque no puedan mantener la competencia con Alemania”.

Los escándalos relacionados con trabajadores procedentes en su mayoría del este europeo no paran de aparecer en la prensa: jornadas de doce horas, sábados incluidos. Sueldos de 900 a 1.300 euros al mes. Trabajadores que muchas veces viven juntos en viviendas con cuartos llenos de literas, por los cuales los empleadores cobran unos 300 euros a cada trabajador. Los sectores más afectados son la construcción, los mataderos o el campo, los trabajos más duros. Todo esto lo explicaba el abogado Frederic Raue a la prensa. Este abogado trabaja en Frankfurt y defiende a estos trabajadores cuando se deciden a denunciar. Asegura que solamente denuncian cuando son robados por el empleador y no les pagan el salario.

Ni rumanos ni búlgaros tienen derecho aún a trabajar libremente por la Unión Europea, pero es normal que cuando llegan a Alemania se den de alta como autónomos y trabajen de forma legal. Hasta ahora, aparte de otras irregularidades y abusos por parte de los empleadores, que sí serían ilegales, cobrar tan poco en Alemania no era ilegal. La introducción de un salario mínimo con el actual mercado laboral alemán tendría, por otro lado, poca repercusión sin un control adecuado para evitar el fraude y la explotación. “Queremos mejorar sobre todo la situación de las personas con minijobs y empleos por obra y servicio”, aseguraba Merkel en aquella rueda de prensa. Sin embargo, según cálculos para el periódico Süddeutsche Zeitung del jefe del sindicato alemán de aduanas y finanzas (BDZ), Hilger Leprich, para instaurarlo se necesitarían unos 2.000 inspectores.

Los minijobs suponen además una figura legal que entorpece el control de la legalidad. Son contratos en los cuales se puede cobrar hasta 450 euros, después de la última subida de enero de 50 euros, y son especialmente bonificados para empleador y empleado, que tienen que pagar muy pocos impuestos.

En un contrato de minijob no aparece recogido el horario de trabajo del empleado, y como hasta ahora no había un salario mínimo, es bien conocido que muchas personas trabajan con un minijob pero en realidad tienen una jornada a tiempo completo y el resto del salario lo reciben en negro. El empleador no tiene que pagar tantos impuestos y la persona puede además cobrar la ayuda del Estado, en caso de ser ciudadano de la UE.

El salario mínimo se ha convertido desde hace varios años en una reclamación que no viene únicamente de la izquierda, sino que según encuestas de opinión se trata de una preocupación también entre los votantes conservadores. Incluso la OCDE ha reclamado a Alemania la introducción de un salario mínimo porque, según la organización, el plus en la balanza de pagos alemana atenta contra las normas de la UE. El Ejecutivo comunitario viene reclamando a Berlín que aumente la demanda interna con subidas salariales o la inversión en infraestructuras, ya que el crecimiento alemán estaría desequilibrando la zona euro. El pasado 13 de noviembre, la Comisión Europea expedientó a Alemania por su excesivo superávit, que en los primeros ocho meses de 2013 fue de unos 128.000 millones de euros. El salario mínimo, por tanto, más que ser una medida social e igualitaria, viene forzado por unas circunstancias económicas que podrían llevar a Alemania a tener que pagar una multa de hasta el 0,1% del PIB, es decir unos 2.700 millones de euros, si el análisis de la comisión así lo dictamina.

La influencia de Alemania en la eurozona

En el noroeste francés los agricultores y granjeros mantienen desde hace semanas una protesta en contra de la introducción de un nuevo impuesto por parte del Gobierno de Hollande. Aseguran que no pueden hacer frente a la competencia de la barata carne alemana, porque en aquel país no existe un salario mínimo y ellos tienen que pagar un mínimo de 9,4 euros la hora. Por su parte, el presidente  comunitario, José Manuel Durao Barroso, ha explicado que hay que verificar “si el alto superávit de Berlín es algo que está afectando al funcionamiento de la economía de la eurozona”, al no contar Alemania con un salario mínimo.

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