Alianza entre Letta y Alfano
La Democracia Cristiana revive en Italia

Tras la derrota política de Berlusconi los católicos hacen frente común para aislar a Berlusconi y seguir gobernando hasta 2018.

09/10/13 · 8:00
Berlusconi ha protagonizado la vida política italiana mientras parece que se acerca a su final.

“No moriremos democristianos”. El célebre titular publicado por diario comunista Il Manifiesto en junio de 1983, tras una derrota electoral de la Democracia Cristiana italiana (DC), parece destinado a no cumplirse. La DC, es verdad, ya no existe como partido en Italia desde el comienzo de los '90, arrasada igual que el Partido Socialista por el escándalo de corrupción conocido como Tangentopoli. Pero sus herederos no han muerto; al contrario sobreviven y siguen la tradición gracias a nuevas generaciones de políticos.

La reciente derrota parlamentaria del todopoderoso Silvio Berlusconi es el éxito más evidente de esta nueva vida de los democristianos italianos. Tras haber intentado derrumbar el Gobierno de amplia coalición que el mismo contribuyó a crear, el exprimer ministro tuvo que volver sobre sus pasos y votar la confianza al primer ministro Enrico Letta, del Partido Demócrata, (PD).

Il Cavaliere, acostumbrado a controlar su partido como si fuera su propia empresa, a la hora de quitar el apoyo a Letta, tuvo que enfrentarse a una revuelta de sus diputados y senadores dispuestos a fundar otro grupo alejado de la influencia del magnate e inspirado en el partido popular europeo. Capitaneaba la traición su delfín y hombre de confianza, el vicepresidente de Gobierno Angelino Alfano. Alfano con 42 años, ha desarrollado su carrera política a la sombra de Berlusconi. Pero, a la hora de decidir sobre el futuro del Ejecutivo prefirió elegir otra fidelidad de más largo recorrido: “responsabilidad” (o mejor dicho el apego al poder) que une los antiguos demócratas cristianos.

Al comienzo de su carrera política Alfano era secretario de los jóvenes democristianos es su ciudad, Agrigento,  Sicilia, el actual primer ministro de Italia (y miembro del progresista PD) Enrico Letta, militaba en el mismo partido, consiguiendo en unos años hacerse con el liderazgo de los jóvenes democristianos europeos.

La derrota de Berlusconi en el Parlamento (a la que hay que añadir la decisión de la Junta de echarle del Senado tal y como previsto por la reciente condena a cuatro años de prisión por fraude fiscal) es fruto de este nuevo eje entre Alfano y Letta. Ahora el objetivo de esta pareja de Gobierno es garantizar la estabilidad del Ejecutivo de amplia coalición --que, si hace falta repetirlo, no es que un viejo-nuevo Ejecutivo democristiano-- hasta 2015 o más allá.

Letta en su discurso delante del Parlamento, a la hora de pedir el voto de confianza, ha explicado que quiere durar por lo menos hasta el semestre de presidencia italiana de la Unión Europea, que termina en diciembre de 2014. Pero si todo funcionase bien y llegase por fin una tímida recuperación económica, el proyecto de Letta y Alfano podría durar hasta 2018, fin natural de la legislatura.

Objetivo: Aislar más a Berlusconi

El primer ministro italiano está convencido, como no se cansa de explicar, de que en las próximas elecciones la confrontación será entre partidos “europeistas” y “antieuropeistas”. Su intento ahora es aislar a Berlusconi y empujarle, al ala más extrema de su partido, en los brazos de los antiguos aliados xenófobos de la Liga Norte. Con el viejo magnate confinado en el papel del Le Pen transalpino, Letta y Alfano tendrían campo libre para seguir con su experimento de Gobierno de centro. Recreando, al fin y al cabo, la situación que Italia vivió en la posguerra hasta 1994, es decir la preeminencia de un partido (el DC) que siempre estuvo presente en la mesa de Gobierno.

El único peligro para este idilio entre el PD (formación nacida entre antiguos comunistas y democristianos progresistas) y los católicos conservadores, es una vez más Berlusconi. A Il Cavaliere, poco le importa las teorías políticas: su objetivo, en víspera de la expulsión definitiva del Senado, es defenderse de los magistrados --ya que una vez privado de su inmunidad parlamentaria podría acabar en la cárcel por uno de sus tantos procesos-- y defender su imperio empresarial, centrado en la cadenas de televisión de Mediaset.

El futuro del Gobierno italiano se juega, en fin, en una lucha entre dos titanes: de un lado Berlusconi, magnate todavía poderoso, pero viejo y desgastado por los escándalos, cuyo objetivo es votar cuanto antes para seguir siendo protagonista de la política transalpina. Del otro, los viejos-jóvenes democristianos Letta y Alfano que, igual que sus antecesores de la “ballena blanca” quieren quedarse para rato en los bancos del Gobierno de Italia.

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