ANÁLISIS // ÉRASE UNA VEZ EL PAÍS MÁS RICO DE LAS ANTILLAS
200 años de terremoto económico en Haití

Deuda externa, presiones de los organismos financieros internacionales e intervenciones extranjeras en el país más pobre del hemisferio occidental.

01/02/10 · 23:47
Dan Beeton. analista político y coordinador de Comunicaciones Internacionales para el Centro de Investigación Económica y Política de Washington, D.C. Traducido por Jane Arnaold.
 
Eva Máñez

El terremoto en Haití ha
atraído cotas de atención,
interés y solidaridad sin
precedentes. La magnitud
de la pérdida de vidas ha creado una
fuerte reacción internacional y una
investigación de los factores que explicarían
por qué este terremoto fue
tan devastador. 200 años de intervenciones
extranjeras –económicas y
militares– son el principal motivo que
convierten a Haití en el país más pobre
del hemisferio occidental, y a su
vez la explicación de por qué el número
de víctimas del terremoto del
12 de enero ha sido tan grande.

Haití nació endeudado, obligado a
pagar a Francia, su anterior dueño
colonial, un rescate de 90 millones
de francos para empezar a recibir reconocimiento
internacional para su
independencia. La deuda fue para
“compensar” a Francia la pérdida de
sus esclavos, los nuevos ciudadanos
de la primera república libre en el hemisferio
occidental y la primera república
negra en el mundo. Haití comenzó
a pagar en 1825 y no terminó
de saldar esta deuda hasta 1947.

Con el comienzo del reino del “presidente
vitalicio”, François Duvalier
en 1957 y luego con su hijo, Jean
Claude, Haití emprendió un nuevo
camino de endeudamiento. La nueva
deuda también fue odiosa porque fue
creada por una dictadura brutal que
usó los fondos para pagar los nefastos
escuadrones de la muerte Ton
Ton Macoute y de sufragar carísimos
lujos personales.

Pero esto es sólo el comienzo de la
historia completa de cómo Haití llegó
a ser el país más pobre del hemisferio
occidental. El Gobierno de Estados
Unidos tuvo un papel fundamental.
En 1910, EE UU saqueó el
tesoro nacional de Haití en beneficio
de los bancos estadounidenses.
Desde 1915 a 1935 las fuerzas militares
de EE UU ocuparon y controlaron
a Haití, implementando una nueva
Constitución que permitía, por
primera vez desde la independencia,
que los extranjeros puedan ser propietarios
de tierra haitiana.

La guerra del cerdo

En 1978, durante la dictadura de
Jean Claude Duvalier, EE UU asestó
otro duro golpe a la economía haitiana.
Cuando se desató un brote de gripe
porcina en los cerdos de la
República Dominicana y se descubrieron
unos pocos cerdos infectados
en Haití, EE UU presionó para la
erradicación total de los 1,3 millones
de cerdos criollos haitianos. Las compañías
norteamericanas se beneficiaron
de esta situación cuando vendieron
los cerdos para remplazar a
los eliminados. Los nuevos eran cerdos
gordos, pero ‘frágiles’: al contrario
que sus fuertes primos criollos,
estos necesitaban cobertizos y una
dieta especial, mientras los cerdos
criollos nativos comían basura. La
masacre de cerdos fue económicamente
devastadora para las familias
haitianas, cuyos cerdos eran una forma
de inversión. Requerían poco cuidado,
pero luego podían venderse
para financiar, por ejemplo, uniformes
y libros escolares.

La erradicación del cerdo criollo
fue sólo uno de los ataques al sector
agrícola de Haití en los años ‘80
y ‘90 del siglo pasado. Tras la presión
del Fondo Monetario
Internacional (FMI), del Banco
Interamericano de Desarrollo
(BID) y de otras instituciones, Haití
redujo drásticamente las tarifas para
la importación de arroz. El país
antillano, autosuficiente en la producción
de arroz hasta los años ‘80,
pronto se encontró inundado con
arroz barato de EE UU. Esto produjo
una migración interna masiva:
los campesinos, incapaces de
ganarse la vida con la agricultura,
se fueron a Puerto Príncipe a buscar
empleo en fábricas textiles,
donde recibían 14 céntimos de dólar
por hora en 1993. Una consecuencia
de esta migración rural a la
ciudad es la creación de chabolas
en las colinas alrededor de la capital,
tan vulnerables al terremoto.

Otra condición del FMI fue la privatización
de compañías del Estado,
incluyendo bancos, molinos de harina,
la empresa que fabricaba el cemento
y la compañía estatal de teléfono
(Teleco). El rechazo del pueblo
a este plan sorprendió a los prestamistas
de Washington. La oposición
a la privatización llegó a ser un importante
campo de batalla, colocando
a los presidentes Jean Bertrand
Aristide y luego René Preval entre
las exigencias aparentemente irreconciliables
de los sindicatos y movimientos
sociales por un lado, y el
FMI y el Banco Mundial por otro.

La presión ejercida sobre el Gobierno
haitiano, elegido democráticamente,
para que adoptara las políticas
del Consenso de Washington fue liderada por Estados Unidos,
cuyas acciones provocaron que
Aristide fuera derrocado dos veces,
en 1991 y 2004. Para poder
volver a la presidencia desde su
exilio, tras el primer golpe, Aristide
tuvo que aceptar las recetas políticas
del FMI. La batalla por las privatizaciones
continúa hasta hoy: el
mismo día del terremoto, estaba
prevista la posible venta de Teleco
a la empresa vietnamita Viettel.

Congelación de la ayuda

La segunda presidencia de Aristide,
iniciada en 2001, se desarrolló en
medio de una nueva batalla con
Washington en la cual EE UU utilizó
a los bancos de desarrollo multilateral
como apoderados. El Gobierno
de Bush impuso un embargo de ayuda
a Haití, usando como excusa las
supuestas irregularidades en la elección
de varios senadores (a pesar de
que observadores de la Organización
de Estados Americanos afirmaba
que las elecciones habían sido
limpias). El Departamento del Tesoro
de los EE UU mandó al BID a retener
préstamos para agua potable,
salud, y educación, a la vez que el
BID insistía para que el Gobierno de
Aristide pagara los intereses de los
préstamos retenidos. Mientras la
Administración de Bush minaba el
Gobierno, el Instituto Republicano
Internacional (brazo internacional
del Partido Republicano) ayudaba a
desestabilizar a Aristide en contacto
con las coaliciones de las élites
haitianas Convergencia Democrática
y el Grupo 184 [que agrupaba
a 184 asociaciones del sector privado],
todos ellos en contacto íntimo
con la banda de golpistas, narcos
y matones que empezaron a
atacar ciudades y comisarías de policía
en el norte de Haití. Cuando
los supuestos golpistas anunciaron
la inminencia de una escalada en el
enfrentamiento, la intervención no
se hizo esperar. Aristide se negó a
marcharse y los marines estadounidenses
fueron los encargados de
llevarlo en avión a la República
Centroafricana por la fuerza.

Después de la expulsión de Aristide,
una dictadura anticonstitucional
fue impuesta bajo el control del
tecnócrata Gerard Latortue. Al contrario
que con Aristide, el Banco
Mundial y otras instituciones norteamericanas
no tendrían problemas
con Latortue. Después de la imposición
del nuevo régimen, Caroline
Anstey, la entonces directora regional
para el Caribe del Banco
Mundial, observó que “el Gobierno
provisional está compuesto por tecnócratas
que han acordado no presentarse
en las próximas elecciones
para presidente. Como resultado,
son mucho más libres a aceptar una
agenda de reformas”.

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