Tras la diada, la vía del Govern a la postdemocracia

Manifestaciones multitudinarias como la del último 11S son difíciles de raptar por el Govern.

, (Periodista)
14/09/13 · 12:40
La vía catalana rodeando la torre de La Caixa. / Ramón Fornell

Básicamente, la crisis política en España consiste en una descomunal crisis --económica, política y de sistema-- y el problema catalán. El chiste, que este artículo pretende esbozar, es que la crisis en Catalunya consiste en lo mismo/en una serie de partidos que tampoco saben qué hacer con ambos temas.

Pack crisis económica, política y de sistema

En Catalunya pasa lo mismo que en todo el Estado. A saber: un gobierno que acaba de descubrir sus nuevas funciones --pocas; pago de deuda y legislación de un cambio de sistema, a través de la reducción de derechos y de bienestar--, y su escaso margen de maniobra y de soberanía. O, lo que es lo mismo, cientos de profesionales de la política han descubierto --comunmente, tras una dilatada carrera política que ha consumido el grueso de su vida--, que el oficio ha cambiado, y que los conocimientos que posibilitaron su carrera --gestión del tempo, la declaración y el tema territorial, objetos sobre la que se superponían políticas orientadas por la UE, adornos ideológicos locales, y negocios oscuros o claritos, a la sombra del Estado--, ya no son válidos, al menos momentáneamente, para continuar con su carrera. Con esta crisis que ha arrasado con todo, el Govern, literalmente, no se encuentra el culo con ambas manos --les sonará esa situación, vivan donde vivan--, no sabe leer la realidad, sus problemas, ni sus soluciones, en lo que, además, es una situación común en el grueso del resto de grandes partidos catalanes --y españoles--.
 

Catalunya se ha convertido en el país del Sur con mayores recortes sociales, tal vez el país más avanzado en el camino a la postdemocraciaTras la descomunal manifestación del 11S del año pasado, un Govern en la estacada, quemado por sus recortes y por su participación en la contra-reforma del Estado con sus presupuestos y sus votos en el Congreso, abrazó la causa independentista. La idea era gestionar ese tema como antaño se gestionaba el tema territorial --ya saben: declaraciones, aspavientos y ceremonias finales de victoria--. En un año, el Govern ha gestionado el tema, en efecto, con criterios propagandísticos. Es decir, ha creado organismos, declaraciones, discursos, tempo sobre el tema. Pero no ha hecho nada con el tema. De hecho, en lo que es una metáfora, ha superado el calendario que fijó para facilitar una pregunta en una posible consulta. Y, aún a pesar de poseer los mecanismos para realizar esa consulta, no la ha hecho. Lo que tenía que ser el centro de su política, no se ha producido ni percibido. Lo divertido es que no ha hecho nada más en ninguna dirección. Es el gobierno más zombie de Europa. Ha emitido apenas una ley y ni siquiera ha emitido presupuestos. La prorroga de unos presupuestos supone que no sean controlados por el Parlament. Y también supone una reducción del gasto en un 28% respecto a los presupuestos anteriores --lo que equivale, glups, a un recorte, en proporción, superior al mayor recorte griego--, algo que convierte a Catalunya en el país del Sur con mayores recortes sociales, tal vez el país más avanzado en el camino a la postdemocracia.

Los autores de este festival son CiU y ERC, que han formado un rodillo parlamentario que, por el mismo precio, han reducido el control parlamentario en otros temas, como la corrupción o la violencia gubernamental. Catalunya, en fin, tiene el típico parlamento español de toda la vida, que ustedes ya conocerán de otros documentales como Cariño, he encogido el Congreso.

Pack 'el problema catalán'

Visto así, la gestión de las demandas planteadas en el 11S de 2012 por la ciudadanía --la independencía por vía democrática, mediante referéndum--, es un tema tan alejado de la cultura democrática del Govern como del Gobierno, esas dos joyas. Y lo gestionan como pueden. Es decir, como saben. A través de la gestión de declaraciones, del tempo, de escenografías. Y mediante esa seña de identidad de su cultura política --la Cultura de la Transición--, que es la cultura que comparten, y que va y se llama pacto secreto.

Sorprende la rápida adopción de esa cosmovisión por parte de ERC, en lo que es un fenómeno que puede orientar hacia la idea de que los partidos del Régimen'78, no son tanto ideologías enfrentadas sino funciones --exemplum: su financiación-- similares. El Govern, de hecho, dispone de un grupo de comunicación que haría parecer plurales a los medios afines del Aznarato en Madrid. Mediante esos medios de comunicación, por ejemplo, mantiene una lucha interpretativa, que atiende a señalar toda su política senil --ya saben: el tempo, la declaración, la reunión secreta--, como la bomba, como jalones hacia la independencia. A veces, pues cuela. Verbigracia: esta lucha non-stop por la independencia, eclipsó momentos álgidos en los que, con unos medios que ejercieran el control del poder y con un parlamento funcional, el Govern hubiera tenido que dimitir por corrupto. Está por ver si el dominio de los medios podrá encarrilar la cosa hacia la dirección que Govern y Gobierno desean: el pacto con happy end, en forma de solución fiscal, o de la transformación de la Generalitat en algo parecido a un Estado, con la Monarquía como jefatura del casi-Estado.

Lamentablemente, manifestaciones como la del último 11S --multitudinaria--, son difíciles de raptar por el Govern. Más de un millón y medio de personas encadenándose por la independencia, son muchas independencias. Son personas sensibles al discurso gubernamental, que podrían transigir con soluciones identitarias, con pactos extraños, con consultas con preguntas dadás. Pero también son personas que en la independencia ven la ruptura del Régimen'78 --como así es--, la defensa del Bienestar, de los derechos civiles y laborales, de las escuelas, de los hospitales, de las pensiones. De todo aquello que, en fin, los dos Gobiernos que quieren cerrar esto en secreto, han hecho. Se trata de un proceso constituyente, de una idea de democracia, de unos posicionamientos fundacionales y de ruptura, defendidos por la ciudadanía, y no contemplados, ni siquiera entendidos, por el Govern que debe defenderlos, ni por el Gobierno que debe autorizarlos. Fin del chiste.

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