ASTRONOMÍA // CENTENARES DE OBJETOS GRAVITAN EN EL ESPACIO
El fin del mundo... ¿o no era para tanto?

La comunidad científica
ha localizado un nuevo
objeto que podría caer en
la Tierra. Sin embargo,
más allá del periodismo
ficción las posibilidades
de impacto son mínimas.

24/05/09 · 20:47
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El 30 de junio de 1908 cayó
sobre la taiga siberiana de
Tunguska un objeto extraterrestre,
posiblemente
el fragmento de un cometa, que
explotó justo antes de impactar sobre
la superficie de la Tierra. Pese a
ello, su efecto fue devastador. Más
de dos mil kilómetros cuadrados
de bosque fueron arrasados por la
explosión y su onda expansiva. Fue
tal la magnitud del suceso que las
estaciones sismográficas situadas a
más de 500 kilómetros de la zona
detectaron el suceso. Según los datos
obtenidos sobre el área arrasada,
se puede calcular que la dimensión
del meteorito era de 80 metros.

Recientemente, numerosos astrónomos
han vuelto a poner sobre
la mesa esta amenaza: entre
los años 2040 y 2047, la órbita de
un asteroide bautizado con el
nombre de BD81, se cruzará con
la de nuestro planeta a una distancia
cercana a los 30.000 kilómetros.
Una distancia que para la comunidad
científica convierte a este
cuerpo celeste, que el pasado 27
de febrero de 2009 pasó a siete millones
de km de la Tierra, en “potencialmente
peligroso”. Pero no
hay por qué alarmarse: son multitud
de cuerpos de muy diversos
tamaños los que se cruzan con la
órbita terrestre y se tiene que dar
la concomitancia de muchas más
variables para que se convierta en
un peligro real para el planeta
azul. Todo esto hace que la probabilidad
de impacto se reduzca a
0,0000000083.

Según mediciones más detalladas
llevadas a cabo por la NASA, el
tamaño de dicho cuerpo ronda los
300 metros de diámetro y su periodo
orbital alrededor del Sol equivale
a cuatro años y medio. En la actualidad
se han detectado más de
cuatro mil cuerpos próximos a la
Tierra, de los cuales solamente 800
presentan un peligro potencial pero
a la vez muy bajo.

Pero como bien sabemos, esta situación
no es nada nueva para
nuestro planeta, que continuamente
está recibiendo impactos de asteroides
de pequeño tamaño y seguimos
aquí para contarlo. Tenemos
la suerte de que por un lado, la
Luna, y por otro, Saturno, actúan
como escudos frente a la inminente
llegada de objetos, muchos de ellos
procedentes del cinturón de asteroides
que orbita entre Marte y el
coloso Saturno, y el denominado
cinturón de Kuiper, situado en las
proximidades de Neptuno, donde
existen cometas de tamaños más
que considerables, sobrepasando
incluso los cincuenta kilómetros de
radio. Probablemente fue uno de
esos cometas procedentes de dicho
cinturón, el que provocó la extinción
de los dinosaurios hace 65
millones de años. El choque de una
roca de unos diez kilómetros produjo
que muchas formas de vida
murieran al instante, entre ellas los
dinosaurios, pero fue lo que sobrevino
después lo que les hizo desaparecer
por completo de la faz de
la Tierra. En resumidas cuentas, la
generación de una enorme capa de
polvo, cenizas y humo impidió a
las plantas llevar a cabo la fotosíntesis
ante la ausencia casi absoluta
de rayos solares, haciendo que la
cadena trófica se viera afectada.
Además, la temperatura del planeta
aumentó debido al efecto invernadero
generado, que se fue reforzando
por la evaporación de grandes
masas de agua. Existen muchas
teorías al respecto, pero ésta
es la más aceptada por la comunidad
científica.

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