Crónica de la huelga en Navarra
[Pamplona] Madres que llevan a sus hijos al colegio

A las ocho de la mañana la ciudad se inunda, como cada día, de madres y padres que llevan a sus hijos al colegio, repartidores de verduras y pescado que descargan su mercancía, estudiantes que caminan hacia la universidad con sus apuntes en la mano y obreros de mono azul que apuran un bocadillo en las cafeterías abiertas de la calle Estafeta. Que eran todas. Nada indicaba que se tratase de la tercera convocatoria de huelga general que vive Navarra en menos de un año.

- Okupado un inmueble en la calle Amaya de Pamplona

- Manifestaciones en Pamplona Fotos: Ekinklik.org

, Pamplona
27/01/11 · 16:57

Sí, hubo también “saltos y carreras” en la entrada de la Volkswagen o mientras los autobuses de la Villavesa salían de cocheras. Pero pocos. Los antidisturbios de la Guardia Civil y la Policía Nacional ataron en corto cualquier posibilidad de que los sindicalistas aplicasen medidas de presión efectiva sobre quienes trabajaban.

La escenografía del piquete es recurrente. Su impacto también. Mientras un centenar de personas caminaba por la ciudad con paradas simbólicas de rigor, podían presenciarse acciones que demuestran lo confuso del momento en que se encuentran los sindicatos. Sacarle las llaves del camión a un repartidor de yogures y lanzárselas a lo lejos al mismo tiempo que se le llena el cristal frontal de pegatinas no genera ni siquiera enfado. -más bien pereza y desidia- en el afectado. “Ya está. ¿qué voy a hacer, enfrentarme yo sólo contra 100?. Estoy de acuerdo con todo lo que dicen, pero yo soy autónomo y no puedo hacer huelga”.

Casi al mismo tiempo, los folletos que llamaban a la movilización eran depositados sobre los mostradores de pescado del mercado municipal con todo el cuidado posible. Una cosa es protestar, otra estropear el género. Las clientas que se hacían a un lado y esperaban no tenían nada de qué preocuparse. La coreografía es conocida. Rápida y tranquila.

La mayoría de cafeterías y comercios se sumaban a “la gimnasia de los esquiroles” como algún piquete ocurrente lo ha llamado. Se baja parcialmente la persiana unos minutos antes de la llegada del piquete para subirla de nuevo una vez se va, decorada ya con pegatinas y llamamientos a la huelga que los trabajadores se esmeran en quitar inmediatamente. Como nota de color, algunas “razzias” -tan esporádicas como absolutamente pacíficas- del piquete que entra en bancos y cafeterías. “La corbata no os hace diferentes” o “vosotros también tenéis padres y familia”. gritaban los piquetes ante las miradas de sorpresa, cuando no de abierto rechazo, de quienes trabajaban o apuraban su desayuno.

La escena más significativa tuvo lugar frente a la sede de Comisiones Obreras y UGT. Mientras desde la calle una sentada les gritaba “vendidos”, desde la ventanas y con actitud chulesca, un liberado les respondía “pero dónde vais vosotros si sólo sois cuatro gatos”. Aunque tampoco se quedó corta la conversación entre el piquete y el conserje de la sede de la patronal, un hombre a punto de jubilarse “A mí ya me queda poco y me van a joder de todas maneras. Si me voy con vosotros me echan y me quedo en el paro para siempre. Y eso sería peor aún”.

El delegado sindical más dinámico estaba ya a punto de quedarse sin voz cuando, en la Delegación de la Seguridad Social, una funcionaria absolutamente desubicada le respondió en tono agresivo “los andaluces sólo salimos de aquí en bolsas de plástico”. Sorpresa. “Os vais a quedar aquí para siempre” le había espetado el piquete. Pero se refería a la decisión de alargar la edad de jubilación.

Queda claro que el diálogo es de besugos, atravesado por percepciones que aún tardarán muchos años en cambiar.

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