AGRICULTURA // SEGURIDAD ALIMENTARIA
La compra-venta de la supervivencia

En 1999, en la ciudad de Seattle, sede de gigantes como Microsoft o
Boeing, considerada por la revista
Fortune como la “mejor ciudad
americana para hacer negocios”,
decenas de miles de personas hicieron
imposible la conferencia evidenciando
las consecuencias del
fenómeno llamado benévolamente
“globalización”. El discurso, tan de
la época, de que los gigantes agropecuarios
occidentales competirían
en “igualdad de condiciones”
con los pequeños granjeros africanos
gracias a las bondades combinadas

06/05/06 · 22:45
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En 1999, en la ciudad de Seattle, sede de gigantes como Microsoft o
Boeing, considerada por la revista
Fortune como la “mejor ciudad
americana para hacer negocios”,
decenas de miles de personas hicieron
imposible la conferencia evidenciando
las consecuencias del
fenómeno llamado benévolamente
“globalización”. El discurso, tan de
la época, de que los gigantes agropecuarios
occidentales competirían
en “igualdad de condiciones”
con los pequeños granjeros africanos
gracias a las bondades combinadas
de Adam Smith y de Internet,
mostró sus contradicciones. A
partir de entonces, las siglas de la
OMC dejaron de ser desconocidas
para la enorme mayoría: las consecuencias
cotidianas de las reformas
económicas -y no solamente en el
‘tercer mundo’- empezaban a ser
demasiado evidentes.

La Ronda de Uruguay (1984-
1994) hizo buena parte del trabajo
sucio: incluyó la agricultura por primera
vez entre los temas a negociar
en los acuerdos mundiales sobre
comercio y dio los primeros pasos
hacia la desregulación de los
‘productos’ agrícolas sin tener en
cuenta, tal como no tardaron en denunciar
las organizaciones campesinas,
que esto significaba el fin de
las formas tradicionales de vida, la
ruina de los pequeños productores
y la negación de la ‘soberanía alimentaria’.

El círculo vicioso de la agricultura
se completa: los países ‘menos
avanzados’ abren sus mercados a
la importación de alimentos por los
acuerdos de la OMC. Los países
‘más avanzados’ invaden los mercados
locales con productos vendidos
a un precio incluso inferior a lo
que cuesta producirlos, gracias a
unas subvenciones que recaen en
su gran mayoría en grandes productores
y que EE UU y la UE se
niegan a eliminar. Esos productos
arruinan a los pequeños y medianos
agricultores de los países empobrecidos
y perjudican la economía
de aquellos países como Brasil
o Argentina que viven, sobre todo,
de la exportación de alimentos. Por
último, los países ricos pretenden
negociar la reducción paulatina de
estas ayudas a cambio de una mayor
apertura de los mercados locales,
como ocurre en la cumbre de
Hong Kong. El círculo se cierra. La
miseria está servida.

Tags relacionados: Ecología Soberanía alimentaria
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