INMIGRANTES //
Indefensión y precariedad

Los inmigrantes tienen un notable efecto sobre el crecimiento de la economía española, al haberse convertido en las tropas de choque de la explotación.

26/04/06 · 1:05
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EXPLOTACIÓN. Los salarios de los inmigrantes son entre un 30 y un 40% más bajos
que los de los españoles, según datos del Banco de España.

La Seguridad Social cerró 2005
con una cifra record de afiliaciones,
casi un millón más que el año
anterior. Dos tercios de los nuevos
cotizantes son extranjeros. Este
dato muestra la importancia que
han asumido los inmigrantes en el
mercado laboral español.
Los salarios de los inmigrantes
son actualmente entre un 30 y un
40% inferiores a la media española,
según datos del Banco de España.
Según la entidad, “parte de ese diferencial
es atribuible al hecho de
que los extranjeros concentran su
presencia en sectores económicos
de baja productividad (construcción,
agricultura y servicio doméstico),
para los que no se requiere un
alto nivel educativo y formativo” y
prosigue, “eliminando estos dos
elementos (el sectorial y el educativo-
formativo), seguirían existiendo
diferencias entre los sueldos de
los inmigrantes y de los nacionales,
una distancia que puede tardar
tiempo en desaparecer”.

El llamado boom migratorio de
los últimos años ha tenido notables
efectos sobre el crecimiento
de la economía española. De hecho,
y según las mismas fuentes,
el sorprendente incremento de la
población española está detrás,
junto a factores como los bajos tipos
de interés, del intenso crecimiento
que ha experimentado la
economía española, en fase expansiva
desde hace 12 años.
La población extranjera en el
Estado español ha aumentado a
una tasa media anual del 28,7%, de
manera que, mientras que en 1998
representaba el 1,6% de la población,
ahora supone el 8,5%. Esto
ha hecho que los principales motores
de la economía española (principalmente,
la construcción y el
consumo) se refuercen, alimentando
el crecimiento del PIB.

El fenómeno migratorio ha impulsado
también el empleo, si bien
bajo la forma de víctima de los mecanismos
de flexibilidad en el mercado
de trabajo, tanto en el ámbito
de la contratación como en el salarial.
Los inmigrantes están siendo
los principales protagonistas de la
precariedad laboral y de un alto
porcentaje de la siniestralidad laboral
(el Estado español dispone
de la tasa más alta de siniestralidad
laboral de la UE).
Tras el proceso de regularización
de 2005, sindicatos y organizaciones
sociales estiman en un
millón el número de personas sin
papeles en territorio español, lo
que implica un alto porcentaje de
trabajadores indefensos ante los
abusos patronales y en una situación
desregulada dentro del mercado
laboral. Estos son los resultados
indirectos de una legislación
de extranjería cuyo perfil coercitivo
bloquea la posibilidad de regularizaciones
de estos trabajadores.

En el caso de las mujeres inmigrantes,
su actividad laboral se
concentra en dos tipos de actividades:
el trabajo doméstico y la
prostitución. La falta de regulación
de estas actividades acrecienta
su vulnerabilidad, convirtiendo
a las trabajadoras inmigrantes en
la expresión más radical del proceso
de precarización laboral.
La utilización intensiva y abusiva
de esta mano de obra hace imprescindible,
según los sindicatos, el
cambio del actual modelo productivo,
basado en los bajos costes laborales
y en la precarización cada vez
mayor del mercado laboral.

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