En primera persona
En una empresa sin futuro

El ERE no sólo supuso la pérdida de 4.000 puestos de
trabajo, sino la de unas condiciones laborales dignas

16/02/10 · 0:52
Edición impresa

Entré a trabajar en Radiotelevisión
Española (RTVE) en
septiembre del año 2000
mediante una oposición
para la categoría de reportero gráfico
(ENG). Pasé a ocupar un puesto de
trabajo con unas condiciones muy
dignas: por tener una referencia, mi
salario base eran 200.000 pesetas
(1.200 euros de la época).
Tengo compañeras que entraron en
2008 con la categoría análoga de
Técnico Superior de Imagen, la cual
todavía no está definida aunque
todo apunta a que sus funciones
serán mucho más amplias que las
de ENG, y su salario base de 1.150
euros.

Entré en una empresa que tenía
unos 10.000 puestos de trabajo con
unas condiciones aceptables y
ahora, diez años después, tiene
unos 6.500 puestos de trabajo con
unas condiciones no tan aceptables.
Lo que casi no ha cambiado en
este tiempo es el elevado número
de directivos, casi todos procedentes
de la empresa privada y a la
que volverán después de un tiempo
con los bolsillos llenos.

Y por si esto fuera poco, debido a
un sistema falso para calcular cuánto
cuesta producir algo dentro de la
empresa con sus propios medios,
entregan todo el trabajo a sus productoras
amigas, privándonos así
de lo más importante: futuro.
Cualquiera con dos dedos de frente
entiende perfectamente que
tiene que salir más barato que
RTVE haga algo en sus instalaciones
ya equipadas y con su personal –al que tiene que pagar trabaje
o no–, a que lo haga una empresa
privada, que además de pagar los
salarios tiene que sacar un beneficio
económico. Eso sí, lo hace en
muchos casos usando nuestras
instalaciones.

Como dije, ocupo desde hace diez
años un puesto de trabajo, que
tiene unas condiciones de trabajo
dignas, en una empresa pública. Por
circunstancias ajenas a mi persona,
no he tenido que pelear mucho
(hasta ahora). Por lo tanto, por respeto
a los que lucharon por esas
condiciones, por respeto a mi dignidad
como trabajador y, sobre todo,
por Televisión Española (“la de
todos/as”), considero que debería
dejar el puesto que ocupo, como
mínimo, en las mismas condiciones
en las que accedí a el.

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