Del movimiento Antilou al Antibolonia

Tras el inicio del último
curso sin la implantación
total de Bolonia, revisamos
la potencialidad y
debilidad del movimiento
universitario.

04/11/09 · 0:00


Sigue la cuenta atrás del Espacio
Europeo de Educación
Superior (EEES)-2010 en un
escenario poco halagüeño a
nivel europeo (manifestaciones en
Italia, Francia, Alemania…) y estatal
(explosiones corporativas de médicos,
abogados e informáticos). En esta
situación, el movimiento antibolonia
encara el curso sin un balance
general ni generalizado, sin la ponderación
de la fatalidad de la derrota,
ni de su alcance real o los nuevos escenarios.
A pesar de la reincidencia
de características clásicas, la lucha
contra el EEES ha desarrollado aspectos
peculiares que obligan a arremangarse
e indagar más allá de los
cómodos tópicos sobre las virtudes y
defectos del movimiento estudiantil.

La reconversión mercantil de la
educación pública se ha radicalizado
desde 2001. Orquestada por la LOU
del ‘aznarato’ y aquilatada con talante
por el PSOE como LOMLOU, desde
mediados de los ‘90 ha encontrado
el rechazo en su filosofía (el
Informe Bricall), en su concreción
general (movimiento antilou, 2001) y
en su última consecuencia (Decreto
de Grados, 2007). Este tránsito ha llevado
a un movimiento centrado en el
corporativismo clásico (subida de tasas…)
hacia marcos reivindicativos
más amplios y no educativos (guerra
de Iraq) hasta la denuncia pública de
la privatización de la universidad.
En el primer gobierno del PSOE,
la aplicación y desarrollo maquillado
de la LOU no encontró una respuesta
directa. Se enfatizó en la dimensión
internacional de la reconversión
comercial y se rehusó la confrontación
directa con el PSOE y sus socios
para no hacer el juego a la derecha.

La reforma universitaria se planteó
así en clave de proyecto comercial
internacional (Acuerdo General de
Comercio de Servicios) y no como
una simple reforma universitaria
más. Este nuevo prisma condujo a
que el movimiento estudiantil de la
izquierda independentista de Euskadi,
Galiza y Països Catalans, junto
a colectivos anticapitalistas europeos,
promovieran foros internacionales
como el de Bakaiku y sus secuelas
en los foros antiglobalización.
Sin embargo, el discurso resistente
no une en la práctica sus consignas
y estrategias entre EEES y LOU,
entre la reforma y sus responsables
políticos, y su abstracción genera
cierto hartazgo hasta que la aprobación
del Decreto de Grados en noviembre
de 2007 cataliza una huelga
estatal el 6 de marzo de 2008 que, a
tres días de las elecciones generales,
recupera el “No a la LOU”.

Y de repente, los antibolonia

Los antibolonia entraron en la agenda
mediática y política tanto por sus
denuncias, como por la gestión represiva
del conflicto. La respuesta
institucional no encuentra precedente
desde los ‘80: semana especial en
RTVE, costosas campañas propagandísticas,
incluso a cambio de publirreportajes
en El Mundo, El País y
La Vanguardia, dos webs especializadas
del Ministerio, un fallido estatuto
del estudiante, un nuevo ministro
de Educación, anuncios desesperados
de nuevas becas, de incremento
(fallido) de inversión en I+D, etc.
En cuanto a las dinámicas internas
del movimiento, las asambleas
de facultad por regla general han reproducido
lógicas de dependencia y
arrastre respecto de las dinámicas de
las organizaciones político-sindicales
y estudiantiles (por incapacidad
técnica, de infraestructuras, de continuidad).
Esto ha redundado en la clásica
hipersensibilidad a las disputas
entre ellas y en el abono de una suerte
de espíritu antiorganización y de
culto al espontaneísmo que, paradójicamente,
ha reforzado la debilidad
y dependencia de las asambleas y la
estrategia del salto de mata alternante
entre radicalismo y posibilismo.

Sin embargo, gracias a la capacidad
organizativa y de transmisión
del trabajo previo de dichas organizaciones
ha sido posible dar al discurso
anti Lou de 2001 una potencia
mil veces más incisiva, aunque con
una difusión confusa y dispersa. El
movimiento contra la LOU tuvo una
capacidad de agitación masiva, con
escaso bagaje analítico y fuertemente
favorecida por el oportunismo
opositor del PSOE contra el PP, del
Grupo Prisa, de las centrales sindicales
mayoritarias e incluso de la
Conferencia de Rectores. El movimiento
antibolonia ha ganado en calidad
y profundidad de mensaje, con
la dificultad añadida del aislamiento.
A diferencia de 2001, ahora CC OO y
UGT lo apoyan con fervor, los rectores
compiten en europeísmo mercantilizador
y la preponderancia de
un clima académico rendido a la psicosis
securitaria del ‘culto al orden’ y
a la persecución de la disidencia, como
demuestra el rastro de expulsiones,
imputaciones penales, detenciones
y palizas policiales a más de 200
estudiantes. Este aislamiento de partida
del movimiento se ha visto reforzado
por la creciente sustitución de
las asambleas de centro por comités
de activistas –con esfuerzo y dedicación
indiscutibles– los cuales, con el
tiempo, han sufrido el desgaste del
hiperactivismo y la desconexión con
el común del estudiantado, lo que ha
conducido a la pérdida progresiva de
capacidad de convocatoria y de perspectiva
para crear estrategias inclusivas,
claras y fundadas, no sólo en la
contundencia y el efectismo, sino en
lo masivo de las acciones.

A pesar de las carencias, el movimiento
contra el EEES ha desplegado
un catálogo de recursos creativos
y técnicos muy versátil, superior a
los movimientos previos, y ha repercutido
sensiblemente en la provisión
de activistas más allá del ámbito
educativo, como demuestran la Semana
de Lucha Social en Madrid,
las plataformas anticrisis, el apoyo e
interrelación con la huelga de conductores
de autobús o la creación
del CSO Universitat Lliure La
Rimaia en Barcelona.

NUEVOS ESCENARIOS PARA CURSO 2009-2010

La inauguración del curso
apunta a una creciente
conflictividad laboral y a un
ataque sistemático contra
la democracia de base.
Ante este escenario parece
imprescindible la creación
de estructuras estables
que, sin suplantar a las
asambleas, permitan sortear
la pendularidad del
calendario a través de tareas
técnicas de seguimiento,
así como la elaboración
propositiva a todos
los niveles territoriales y
con vocación de alianza
estable con actores sindicales
y extra educativos. En
esta línea, es urgente una
sinergia de refuerzo mutuo
entre organizaciones estudiantiles
y asambleas por
el incremento de participación;
acompañado de un
estilo de activismo positivo,
constructivo y didáctico,
capaz de dar sentido a reivindicaciones
parciales,
dentro de un marco claro e
inequívocamente anticapitalista,
frente al corporativismo
de boina y el amarillismo
y la Bolonia que
vende la institución. La
potencia del movimiento
antibolonia reside en
buena parte en el blindaje
de la óptica y la acción de
la transversalidad de los
efectos de la reforma, en
evidenciar que es una
pieza clave para el retroceso
en derechos sociales,
propia de un modelo económico
cuyo horizonte para
la juventud trabajadora es
la ignorancia y la miseria
laboral y vital crónicas.

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