ENTREVISTA / JUAN CAVESTANY, GUIONISTA Y DRAMATURGO
“Urtain es un héroe ciego en el sentido clásico”

DIAGONAL habla con un autor prolífico que, ligado
a la compañía teatral Animalario, lleva 12 años
investigando las formas del humor. Su última obra
retoma la dictadura franquista y la Transición a
través del boxeador José Manuel Ibar, ‘Urtain’.

30/10/08 · 0:00
Edición impresa
JPG - 48 KB
EN COMBATE. La obra, representada en un ring, se pregunta por los orígenes de la violencia y del miedo / Animalario y
CDN

DIAGONAL: ¿Qué
tiene el boxeo que
no tienen otros
deportes para que
dé tanto juego cinematográfico,
y en este caso teatral?
Juan Cavestany: El deporte
es una narración dramática:
dos equipos o individuos enfrentados
por un objetivo, en
un tiempo y un espacio acotado
que puede ser el escenario
o el estadio. En el caso del
boxeo, mucho más aún puesto
que es la representación
más elemental, exacta y contundente
de la idea de la lucha
a muerte por la supervivencia.

La diferencia con el
resto de los deportes es que
como bien se ha dicho, “se
juega” al fútbol, “se juega” al
baloncesto, etc. Pero no “se
juega” al boxeo. Porque el
boxeo es en serio. Son golpes
de verdad entre dos hombres
que se suben a un ring para
hacer de forma legal o regulada
lo que está prohibido hacer
en la vida cotidiana, tanto
legal como moralmente. El
boxeo habla de cuestiones
elementales de la naturaleza
humana, y no hay mayor
dualidad que la dualidad vida/
muerte. Junto a todo esto,
también te digo que no soy
un fan del boxeo. Me parece
una salvajada. Igual que la
mafia me parece una salvajada,
pero me gusta ver Los
Soprano. El boxeo me parece
una salvajada pero me
gusta ver Toro Salvaje, o ver
el trabajo de Roberto Álamo
en Urtain. El boxeo es un tabú,
y a la gente le gusta verlo
en el ring o en la pantalla porque
a todos nos gusta mirar
por un agujero lo prohibido.
Igual que el suicidio. Ambas
cosas, el boxeo y el suicidio
constituyen el material bruto
de este montaje.

D: Decías en alguna entrevista
que no querías hablar de
Urtain como un “juguete roto”...
¿Qué tiene este personaje
que te atrapó tanto: su
biografía, el contexto histórico,
franquismo, ruralismo
vasco, etc.?

J. C.: Urtain es un harrijasotzaile
(levantador de piedras)
de Gipuzkoa que después de
ganar todos los campeonatos
rurales le proponen pasarse
al boxeo nacional y le organizan
un gran montaje con algunos
combates amañados
en mayor o menor medida, le
convierten en una de las primeras
grandes figuras “mediáticas”
de España y luego
cuando se demuestra que como
boxeador no era bueno,
va cayendo en el olvido y acaba
alcohólico tirándose por
una ventana. Esto lo lees a
primera vista y concluyes: ya
está, Urtain era un juguete
roto. El pobre inocente, el
hombretón noble y bueno al
que todo el mundo engaña.
Pues sí, eso está en la historia
de Urtain, pero considerar a
Urtain exclusivamente como
víctima me pareció demasiado
condescendiente y además
era malo o nefasto para
un protagonista dramático.
De manera que yo he querido
ver a Urtain como agente
principal de sus ambiciones
y deseos. Por un lado, eso le
hace más humano, más de
verdad, creo. No verle como
víctima creo que es un reconocimiento
de su personalidad.

Y además, como digo,
ayuda a crear un personaje
que hace las cosas que le pasan,
no al cual le pasan las cosas.
En la tragedia, lo que
ocurre tiene que ver con el
personaje, no con la trama,
va de dentro afuera, no de
afuera hacia dentro. Urtain
es una tragedia clásica en el
sentido estricto. Es un héroe
ciego. Pero es un héroe. Es él
quien inicia el camino, un camino
de huida de un mundo
oscuro y casi prehistórico,
por no decir tenebroso, como
era el País Vasco a finales de
los años ‘70. Busca la fama,
el dinero, el sexo. Y, después
de gozar de todo eso durante
sus 15 minutos de gloria, se
la pega con todo el equipo. El
contexto histórico se cuenta
con bastante detalle, y creo
que hay rigor en este montaje.
Sin embargo, no se puede
decir que sea una crítica o un
comentario sobre la España
franquista, creo que es un poco
tarde para esto. La España
franquista que aparece es la
España que conformó a un
personaje como Urtain y a
muchos de nosotros en
nuestra infancia. Finalmente,
Andrés Lima lo que
ha creado sobre el escenario
es un animal vivo. El montaje,
es un viaje al interior de
la cabeza de este hombre, un
viaje muy emocional y sensorial,
lleno de música, soniculturas do, ritmos, sensaciones, incluso
puede que también
olores y sabores. La propuesta
es viajar con Urtain,
sentir lo que él sentía en ese
viaje de oscuridad y de luces,
y en último término tal
vez identificarse.

D: Tu faceta como dramaturgo
está 100% ligada a
Animalario, ¿verdad? ¿Qué
supone escribir en este proceso
de creación colectiva?

J.C.: Estoy totalmente ligada
a Animalario. Igual que a
Urtain le convencieron de
pasarse al boxeo, a mí Animalario
me convence de vez
en cuando de pasarme al teatro,
y me hacen creer que
puedo hacerlo. El teatro me
provoca un gran respeto, no
es que el cine no me lo merezca,
pero realmente creo
que en teatro, con las cosas
tan inmensas que se han escrito
(pues la escritura en teatro
tiene un peso mucho
mayor en todos los sentidos)
si no apuntas muy alto no
merece la pena, y precisamente
al tener que apuntar
muy alto te juegas mucho
más. Andrés Lima y Alberto
San Juan me dan la confianza
de que va a haber una
gran comunicación y una
gran complicidad de principio
a fin. Tiene que ver con
los temas que nos interesan,
con el tono de terror impregnado
de humor o viceversa
que compartimos, y sobre
todo, creo, con una ausencia
de afectación en el trabajo
en equipo de la cual yo
me siento especialmente orgulloso.
En el caso de
Urtain, el texto ya existía
previamente pero lo debatimos
mucho, y yo he estado
presente en los ensayos hasta
el último día cambiando
frases, reajustando, improvisando
texto, etc. Es la única
manera de hacer esto, al
menos la que me merece la
pena.

D.: ¿Te sientes un privilegiado
viendo que tus obras se
estrenan sin necesidad de
que estés en los libros de
texto de Bachillerato?

J.C.: Se podría expresar de
muchas maneras, pero estrenar
Urtain en el Centro
Dramático Nacional (CDN),
con los ocho actores que la
llevan a cabo, un reparto encabezado
por Roberto Álamo
y Luis Callejo, es un privilegio.
Sin duda.

D.: ¿La presencia de Gerardo
Vera en el CDN está
permitiendo la entrada de
autores no consagrados
en los templos del teatro
oficial?

J.C.: Me considero un intruso
en el teatro, y me vería a
mí mismo como un impostor
intentando opinar sobre
estos temas. Porque realmente
no sé, ni manejo datos.
Sólo puedo hablar de
impresiones, desde la humildad.
Una impresión es
que en el CDN de Vera caben
muchas cosas de distinto
alcance y ambición, hay
un abanico amplio.

D.: ¿Quiénes dirías que son
tus referentes teatrales?

J.C.: Diría que algunas
obras de David Mamet, cuatro
o cinco musicales de
Broadway que vi cuando vivía
en Nueva York y un monólogo
autobiográfico de
John Leguizamo llamado
Freak. También me gusta
Sam Shepard, Clifford
Odets y George Carlin.

Tags relacionados: Audiovisual Franquismo
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador

Tienda El Salto