El tema
Triste pachanga del fútbol libio

La guerra civil libia ha sacado de
nuevo a luz la relación del país y de
la familia Gadafi con el fútbol profesional.

22/03/11 · 15:00
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Bogers.

La ciudad de Benina (Libia), a
20 kilómetros de Bengasi, forma
parte del territorio controlado
por las fuerzas opositoras al régimen
de Gadafi. Los pequeños
cambios que allí acontecen tienen
un alcance simbólico que
las agencias de noticias contribuyen
a difundir. Así ha sucedido
con el cambio de nombre del
estadio de fútbol: el Hugo Chá
vez Stadium se denomina ahora
Mártires de febrero. Dicho de
otro modo: el campo inaugurado
en 2009 con el nombre del
presidente venezolano en reconocimiento
“a sus valientes posiciones
humanitarias, especialmente
en apoyo a los habitantes
de Gaza tras la reciente agresión
israelí”, homenajea hoy a las primeras
víctimas de la revuelta
contra el dictador libio.

Según informa la agencia
France Press, el estadio fue utilizado
en febrero como centro
de refugiados para trabajadores
inmigrantes. La noticia recoge
el testimonio de Jaled el
Barghati, oficial de policía de
Benina: “Trabajadores tunecinos,
turcos y mauritanos fueron
albergados aquí durante
una semana por su propia seguridad
cuando estalló la revolución
a la espera de ser repatriados.
Hubo hasta 5.000 personas.
Dormían en las tribunas,
en el césped, en las afueras
del estadio”.

Pero esta historia no ha sido
la única que ha tocado la relación
de Libia y la familia Gadafi
con el deporte. La incipiente memoria
sobre las tropelías del autor
del Libro verde y sus vástagos
ha encontrado en el tercero
de sus hijos, Al Saadi Gadafi, un
autentico filón.
“No era una fiesta común”
A grandes rasgos, la biografía
deportiva de Al Saadi dice así:
nacido en una familia acomodada,
muy pronto mostró inclinación
y escaso talento para las
actividades deportivas. Como
quiera que el fútbol era su pasión,
contrató los servicios de
un entrenador de renombre:
Ben Johnson. A su boda, celebrada
en 2001, asistió el mismísimo
Diego Armando Maradona
con su entonces inseparable
representante, Guillermo
Coppola. Este último recuerda
así el momento: “No era una
fiesta común, era sólo de hombres.
Ni la novia estaba. Todos
comían de la misma fuente. Yo
bailaba con Diego”.

Al Saadi ya se había distinguido
por su influencia desde
la tribuna y los despachos.
Convertido en presidente de la
Federación Libia de Fútbol, era
temida su influencia sobre los
arbitrajes. Pero no se conformó
y quiso ser un astro en el terreno
de juego. Como propietario y jugador de Al-Itthad se dejó
ver por los campos de Libia. No
le pareció suficiente. En abril de
2003 dio por fin el salto al fútbol
europeo. Pagó 300.000 euros al
Barça para jugar una pachanga
bochornosa en el Camp Nou. La
entrada fue libre y 15.000 personas
vieron el 5-0 que los azulgrana
le endosaron al equipo
del voluntarioso hijo del coronel
Gadafi.

Pese al aparente fiasco, cosas
del fútbol, el Calcio reparó en la
figura emergente de Al Saadi.
Tanto es así que, dos meses después
del encuentro en el Camp
Nou, fichó por el Peruggia. Allí
llegó su definitiva consagración
como eterna promesa: sin llegar
a debutar en partido oficial
dio positivo por nandrolona.
Persuadido de que con el
Peruggia no iba a jugar la Champions, probó suerte en el
Udinese. Allí el portero (del
hotel) lo recuerda con cariño:
“Bebía vino Sassicaia, champán
Cristal o Krug y una mañana
nos pidió tres kilos de
caviar Beluga para las tres de
la tarde”.

Su periplo italiano conoció
una última etapa en la Sampdoria.
¿Cuántos millones de euros
dejó a su paso en las opacas
arcas del fútbol italiano? Es difícil
saberlo. Pero teniendo en
cuenta que el régimen de Gadafi,
a través de Lafico (la compañía
libia de inversiones extranjeras),
se hizo con el 7,5% de las
acciones de la Juventus de Turín,
parece indudable que a comienzos
del siglo XXI una porción del
fútbol italiano profesional quedaba
en familia, en una concretamente.

Últimas noticias

Las informaciones que llegan
desde Libia dibujan un panorama
que queda en parte resumido
en las dos vertientes anteriores:
los incipientes cambios promovidos
por los opositores versus
las felonías del dictador enloquecido
y su familia.

Queda no obstante un amplio
margen del que nada se sabe: el
del temor de quienes observan
que algunos de los líderes opositores
fueron hasta ayer parte indisoluble
del régimen. Un espacio
ancho e inexplorado.

Un territorio anónimo como
el de los ciclistas que debían tomar
la salida del Tour de Libia el
sábado 12 de marzo. Corredores
como el libio Ahmed Youssef
Belgasem, ganador de la edición
del pasado año, a los que no es
difícil imaginar atrapados entre
las líneas del frente sin ninguna
gana de convertirse en mártires
de la causa.

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comentarios

1

  • |
    anónima
    |
    31/03/2011 - 11:34am
    Abraiada me deixáis @s de Diagonal cando me contades as fazañas dos "pobres" rebeldes libios, non imaxinaba que tivésedes fobia a Hugo Chávez e que vos pareza máis axeitado como nome para un campo de fútbol o dunhes supostos mártires que fabricaron entre USA e OTAN. Tamén coido que tedes que vacinarvos contra da xenofobia, cecais sería bó que saisedes da vosa grande aldea para ver que cada grupo humano ten as súas costumes. En Madrid tamén hai festas de homes sólos(e non falo de festas gays senon desas festas de machotes que se chaman "despedida de solteiro" e que se basean en beber até reventar e máis en "ir de putas"). E, qué pasa con comer da mesma bandexa? Cecáis non vos parece hixiénico @s que non comedes máis que merda, eso sí merda moi limpa? Cecáis vos parece mal compartir a comida desa maneira? En definitiva, xa vexo que argumentos tén Diagonal para xustificar a intervención do Grande Imperio en Libia. Coidado! Estavos caendo a careta!!!
  • Bogers.
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