Todo termina en Milán

El Giro del 150 aniversario de la unificación italiana concluyó el pasado 29 de mayo en Milán
con la victoria de Alberto Contador y la derrota de la derecha en las elecciones municipales.

14/06/11 · 8:00
Edición impresa
JPG - 169.3 KB
Foto: Mónica Antón Bravo

En una cafetería de Susa, a los
pies de los Alpes, un equipo de
la RAI apura el almuerzo mientras
en la televisión aún no ha
comenzado la retransmisión de
la etapa. Hay tiempo para leer
la crónica de La Gazzetta dello
Sport sobre la jornada del viernes:
el relato de 500 metros mágicos
en los que Contador
acompañó a Tiralongo en su
primera victoria de etapa en la
corsa rosa. “Se podría terminar
aquí el ciclismo, porque quizá
nunca más veremos un final tan
épico y valeroso, tan romántico
y sorprendente, tan seductor y
feliz, tan ciclístico, tan deportivo”,
concluía la intensa narración
de Marco Pastonesi.

Faltan dos horas para que llegue
la cabeza de carrera y comience
el ascenso a Colle delle
Finestre. En contraste con la animación
familiar y campestre del
Tour, las rampas de este puerto
de pendiente sostenida –en torno
al 10%– e interminables curvas
son terreno exclusivo para
los aficionados al ciclismo. Miles
de bicicletas abandonadas sobre
la ladera y cunetas llenas de tifosi
dibujan en sus últimas rampas
el escenario de la carrera.

Ascender los primeros kilómetros
a pie es tan sólo una pequeña
aproximación al ambiente
que se disfruta en las alturas.
Pero es al menos una aproximación
a la sombra. Desde Meana
di Susa la anchura de la calzada
no supera los tres metros y la organización
no permite el paso de
la caravana publicitaria. Sólo
quedan ciclistas exhaustos que intentan llegar un poco más lejos
y caminantes en busca de la
perspectiva adecuada.

Son las tres de la tarde y el rumor
del helicóptero alerta de la
cercanía de la carrera. No hay
bocinazos repetidos ni sirenas
dramáticas. Apenas una tímida
escolta de motos y el coche de
Radio Giro –que en tres frases
es capaz de contar cómo va la
etapa– preceden a los escapados.
Llevan recorridos más de
3.400 kilómetros desde que salieron
de Turín hace tres semanas,
pero en su ritmo queda un
poso de novedad, un ansia de
descubrimiento; como si los 18
kilómetros interminables de
Colle delle Finestre y el posterior
ascenso a Sestriere fueran
a dar sentido a toda una vida dedicada
al ciclismo.

Cinco minutos después aparece
el grupo del líder. Nibali,
Scarponi y Contador –el podio
de Milán– avanzan con una extraña
mezcla de ansiedad y ligereza.
Al observar el rostro de
la maglia rosa, cuesta pensar
que todo esté controlado, que
esté siendo una etapa relajada
como al día siguiente contarán
las crónicas. En el esfuerzo del
ciclista que sube un puerto asoma
siempre un gesto agónico.

29 de mayo, Il Duomo

Todo está decidido en el Giro,
pero es día de desempate en
Milán: la contrarreloj de homenaje
a Alberto Contador coincide
con las elecciones municipales
que enfrentan a la alcaldesa
conservadora Letizia Moratti y al candidato del centro izquierda
Giuliano Pisapia.

Los colegios electorales, con
sus paredes desconchadas, reciben
a los votantes con esa impresión
de que algo se paró en
Italia hace 20 años. Mientras, el
centro histórico de la capital es
un caos festivo de colores chillones
y vallas publicitarias. Sólo
en el interior del Duomo queda
amortiguado el sonido del supuesto
animador y la música estridente
de la línea de meta. El
calor resulta asfixiante y el público
busca cobijo en la Galería
Vittorio Emanuele. De pronto se
arma un pequeño revuelo a la
salida de una cafetería. Es
Letizia Moratti, todavía alcaldesa,
que sonríe sin descanso y
avanza seguida de su séquito
mientras se deja fotografiar.

Todo termina en Milán. Los
23 días de carrera llegan a su
fin después de 26 kilómetros
de recorrido urbano. El público
se agolpa en las aceras y aplaude
con generosidad. Prevalece
el reconocimiento sobre la rivalidad;
es uno de los rasgos
que aún distingue al ciclismo.
En el podio de la plaza del
Duomo, Contador alza los brazos
aliviado en la primera victoria
de un año en el que corre
con la amenaza permanente de
la resolución del TAS.

También llegan a su fin los
17 años de gobiernos conservadores
en la alcaldía de Milán,
sede sentimental de Berlusconi.
Al día siguiente, 30 de mayo, los
resultados electorales darán la
victoria a Pisapia y la celebración
se trasladará de nuevo a la
plaza del Duomo.

Quizás algo haya empezado a
cambiar en Italia después de todo.
Puede que de forma inesperada
los fastos del aniversario de
la unificación hayan suscitado
más reflexión que patriotismo.
Es tan sólo una hipótesis de un
domingo en Milán al contemplar
a tres generaciones en la calle
aplaudiendo el paso de los corredores,
al recorrer los colegios
electorales parados en el tiempo...
y al escuchar en YouTube
el discurso de Riccardo Muti en
un concierto en Roma el 12 de
marzo de 2011.

Tags relacionados: Número 152 Deportes
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

Foto: Mónica Antón Bravo
Foto: Mónica Antón Bravo
separador

Tienda El Salto