ENTREVISTA CON EL DIRECTOR BASILIO MARTÍN PATINO
“Todo el que está en el poder es un censor”

Referente del ‘nuevo cine español’ en los ‘60, y autor
de varios documentales que indagaron en las
cloacas de la posguerra y el franquismo, Basilio
Martín Patino sigue escribiendo en imágenes,
aunque ahora lejos de la gran pantalla.

11/12/08 · 0:00
Edición impresa
JPG - 63.4 KB

Cuando en 2007 es
investido Doctor
Honoris Causa por
la Universidad de
Salamanca, Basilio Martín
Patino (Salamanca, 1930) presenta
Palimpsesto salmantino,
un montaje audiovisual
creado para la ocasión. Según
el diccionario de la RAE, palimpsesto
es un “manuscrito
antiguo que conserva huellas
de una escritura anterior borrada
artificialmente”. La obra
de Martín Patino, hombre afable
y de tranquila voz, tiene la
sensación que destilan estas
palabras, la de un manuscrito
personal que huele a memoria,
a blanco y negro, a franquismo
y antes. Aunque probablemente
esto sea injusto
con el resto de su obra...

DIAGONAL: La memoria es
un tema recurrente en tus películas:
sólo los recuerdos colectivos
que son capaces de
ser reconstruidos permanecen
presentes en la sociedad.
¿Qué está ocurriendo con todo
el proceso de las exhumaciones
de cadáveres, la Ley de
Memoria Histórica...?

BASILIO MARTÍN PATINO:
Yo acompañé a Gibson, en
aquellos años teníamos un
proyecto de guión. Estuvimos
en Granada, recuerdo que me
llevó al cementerio y estaba
obsesionado por encontrar a
Lorca. Hasta me acuerdo que
estuvimos en una especie de
corral que estaba lleno de cadáveres
putrefactos, te hablo
de los años sesenta. Recuerdo
también que me llevó a una
tapia donde se veían los impactos
de bala.

D.: ¿Qué tal te llevas con el establishment?

B.M.P.: No me llevo de ninguna
forma, no los trato, no los
soporto. Yo afortunadamente
me liberé pronto de ellos. Con
Canciones... fue una batalla
porque se daba la circunstancia
de que la película les gustaba
mucho, algunos iban a
verla con sus señoras pero al
mismo tiempo la prohibían
porque esas películas no se
podían ver. Fue quizás lo más
chocante. Carrero Blanco pidió
verla con su mujer... La
proyectaban en la Castellana,
donde estaba el Ministerio de
Información y Turismo, y había
una salita donde veían las
películas, y todos los viernes
iba siempre algún ministro
y su señora a ver las películas
prohibidas. Según
el proyeccionista, que era
amigo, se regocijaban, y
se reían y estaban encantados
pero prohibían que
la gente las pudiera ver. Era
un caso patológico.

D.: Y de ayer a hoy ¿tus relaciones
con las autoridades
nunca han podido ser...?

B.M.P.: Normales... Yo nunca
he debido ser buen tipo para
ellos. Lo noto por ejemplo en
televisión, mira que ahora ya
ni somos “rojos” ni somos “peligrosos”,
es aquella cosa de
que “Patino cómo se va poner
en televisión”. Hay películas
mías que todavía no se han
puesto y mira que es difícil
porque la tele lo traga todo.
Cuando me dieron la medalla
de oro de la Academia se vieron
obligados a poner una y
se empeñaron en poner Canciones
para después de una
guerra, la película tópico y yo
dije que no, que estaba ya
muy vista, que si querían poner
alguna que pusieran
Queridísimos verdugos que
estaba inédita. “Pero hombre
¿cómo se va a poner?” Mira,
iros a la mierda, si queréis
la ponéis y si no me dejáis
en paz. A los 8 o 10 días me
llamaron y dijeron que lo
habían pensado y que la
pondrían a ver qué pasaba.
Pues hombre, qué va a pasar.
Me jode porque todavía cuando
vivía Franco pues éramos
unos faltones, íbamos a por él
y había una lucha de policías
y ladrones a ver quien podía
más. Había momentos divertidos.
Ahora no tiene ya ninguna
gracia; que estos mamones
que están ahora sigan con
esa mentalidad... Pero no me
jodas, coño. Ahora no hay
unas fuerzas como las que había
entonces, que les atenazaban
o les llamaban la atención.
Ahora no hay nada.

D.: Ahora hay otras fuerzas
que son el ruido mediático,
otras formas de censura...

B.M.P.: Es posible, el ruido
mediático... Son censores natos,
todo el que está en el poder
es un censor.

D.: Dice Godard que “el travelling
es una cuestión moral”
pero tengo la impresión
de que muchos cineastas
aparcan su moral para cuestiones
puramente estéticas.
¿Dónde está la moralidad?

B.M.P.: Nunca he sabido qué
es. Más bien es una palabra
que me repele. No porque me
las dé de libertino o así, sino
que la moral... Tierno Galván,
a quien conocí bien, tiene
un estudio sobre la moral
en el que demuestra que es
un sistema de conveniencias.
En todo grupo social suele
haber un sistema de intereses
que es lo que se llama la
moral; hay que ir a por el que
haga algo que no le conviene
al grupo social .

D.: ¿Una forma de control social?

B.M.P.: Sí, cuando hay gente
que discrepa hay que cortarles
el ala, esto es la moral. Es
una actitud moral, casi religiosa,
que convierte en inmutables
los principios de esa
sociedad, ésa es la moral.
¿Quién coño va a creer a estas
alturas en la moral?
D.: ¿Y qué hay de tu manera
de hacer cine?

B.M.P.: Soy muy poco dado
a hablar de teoría, soy más
de mis prácticas, de las cosas
que he hecho y que me gustan.
No tengo una línea concreta
de actuación, cada cosa
me sale como me apetece.

D.: En Espejos en la niebla,
hay un momento en que el
catedrático dice que Salamanca
era una gran letrina...

B.M.P.: Salamanca en esa
época era una letrina, no había
sanitarios, la porquería
corría por en medio de las
calles... lo de letrina se queda
corto. De todas formas
creo que eso tiene un aire literario
y metafórico. Salamanca
está rodeada de polémicas
como la que Unamuno
tuvo con el obispo Cámara,
los fachas que ha habido
siempre... En la actualidad la
metáfora está más disimulada.
Salamanca ha evolucionado,
hoy día notas que hay
algo que tiende a reconciliarte
con tu propio país, con tu
propia ciudad.

D.: ¿Has estado exiliado de
Salamanca alguna vez?

B.M.P.: Exiliado no, pero
cuando hicimos las Conversaciones
Cinematográficas
tuvimos muchos problemas.
Ese año era mi último de
Letras y me llegó la noticia
de que sería conveniente que
me marchara de Salamanca,
venía de parte del gobernador
civil franquista de entonces.
Recuerdo que me puse
chulo y le dije que qué pasa
si no me voy. Y éste me dijo:
“Hombre, pues te puede pasar
cualquier cosa, aquí la
gente es muy bruta y a lo mejor
te meten un cargador entero
en el estómago”, algo así
me dijo, vi que iba en serio y
me marché a Madrid.

TRABAJOS DE AYER...

_ Canciones para después
de una guerra
(1971) vuelca sobre
imágenes de posguerra
las canciones del
régimen victorioso,
recurriendo al registro
documental como
forma de sortear los
problemas de censura,
pero «la censura nos
tenía ya perfectamente
fichados». Los informes
de ésta sobre la
película hablan de
«pretexto para lograr
escenas de intención
dañina (...) impregnada
de bilis de algún
rojo derrotado», «satiriza
en forma deplorable
al pueblo español, en
su carácter y gestas
históricas», «socava
los mismos cimientos
de la Patria, malintencionada
y corrosiva».
Queridísimos verdugos
(1973) recupera
el testimonio de tres
«ejecutores de sentencias»
a garrote vil.
Una aventura «irrepetible
y excitante como
ninguna: averiguar
quiénes son los ejecutores
del terror,
convencerles para
que cuesten su historia
sin inhibiciones, el
por qué matan y
cómo. Había que conseguir
despistar a la
policía y a los jueces,
improvisar los rodajes
a salto de mata, ingeniárselas
para resolver
las sorpresas».

Tags relacionados: Salamanca Audiovisual Franquismo
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador

Tienda El Salto