JUEGO CEREMONIAL DE PELOTA MESOAMERICANO
‘Tlachtli’: leyendas del artista-ladrón

Antes, mucho antes de que el fútbol adquiriera ese nombre, muchísimo antes de que los chinos en el siglo III antes de nuestra era patearan un balón intentándolo meter en la red, Mesoamérica ya llevaba poco más de mil años practicando el ‘tlachtli’. Desde Honduras y El Salvador al sur, hasta
Sonora y Arizona al norte, el juego se convirtió en un ceremonial mítico-religioso que garantizaba la continuidad del ciclo solar, para la reproducción de la vida en el mundo prehispánico.

Texto de Inti Meza , Ciudad de México

15/03/06 · 17:01
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RECINTO PARA EL JUEGO del ‘tlachtli’ en Monte Albán, Oaxaca (México), construido en torno al 200 - 500 d.C.

El tlachtli era un juego
ceremonial sumamente
complicado.
En él ya existían
las características generales
de todo juego de pelota moderno,
como el baloncesto, el
tenis o el fútbol, sin olvidar el
críquet inglés: había una zona
de rebote prohibida, tantos
a favor y tantos en contra
según fuera el caso, prohibición
del contacto de la pelota
con las manos y la misión casi
imposible de introducir la
pelota en un marco circular
demasiado pequeño, y sin
embargo los tantos ocurrían.

El juego se daba mediante
el contacto y ataque de las zonas
más inverosímiles del
cuerpo humano: las nalgas,
la cadera, el muslo, los hombros.
No obstante, a quienes
hayan visto el juego les habrá
sorprendido la extrema elegancia
de los movimientos,
saltos, giros y contracciones
de espalda y torso.

No se equivocaba Rafael
Landivar en su Rusticatio
Mexicana cuando afirmaba:
“Nada empero más digno de
mirarse/ Para quien todo lo
anota,/ Como la fiesta típica
en que el indio/ Muestra su
habilidad en la pelota”.

Es en el siglo XVI cuando
envían a la corte española a
un grupo de indígenas mexicanos
como demostración de
lo que resultaría ser un elegante
espectáculo del juego
de pelota. Por esos tiempos,
en Inglaterra el fútbol compartía
los orígenes paganos
del juego de pelota mexicano:
se cuenta que el primer
esférico con el que los habitantes
de la isla jugaron su
propia versión primitiva del
fútbol fue la cabeza de un rey.
Posteriormente, el deporte
significó la conmemoración
popular del acontecimiento
que dio origen al juego: la cabeza
de un rey destronado.

Prohibición

Pero con la llegada de los españoles
a Mesoamérica terminó
por imponerse la prohibición
de la ceremonia por
considerarla parte de la idolatría
pagana; con lo cual el
juego de pelota fue desapareciendo
poco a poco de la región
centro y sur de México,
emigrando hacia el noroeste
del país, donde, en estados de
la región como Nayarit y
Sinaloa, aún hasta la fecha
pervive bajo el nombre de
ulama. El juego también ha
sobrevivido parcialmente en
el juego de pelota tarasca
(una especie de críquet rudimentario)
o en el mixteco,
prolijo en reglas y movimientos
de golpes y ataques imposibles
de reseñar aquí.

Llegamos a la segunda mitad
del siglo XIX y en el juego
de pelota inglés hacen eco
las formas disciplinarias de
la época victoriana. Siendo
antaño un juego ruidoso y
violento, de pronto, el 8 de diciembre
de 1863, se imponen
unas maneras y reglas de
conducta que pretenden dosificar
los golpes, patadas y
demás asperezas, dotándole
de una serie de reglas restrictivas
en cuanto al tiempo y al
tipo de contacto con el oponente.
Así se le dota de una
técnica de ataque menos violenta,
basada en la disciplina
y el entrenamiento constante.
Los antiguos golpes, patadas
y otras lindezas fueron
heredadas por el rugby.

Es por esas mismas fechas
cuando llega a nuestra América.
Resulta conocido por todos
el hecho de que el carácter
disciplinado del fútbol europeo
jamás nos fue posible
aprenderlo. ¿Por qué? Regresemos
una vez más en el
tiempo hasta encontrarnos
con una leyenda maya.

Se cuenta que un día Hunhunahpu
y Vacub Hunahpu

 los dos hermanos semidioses,
ambos jugadores de pelota-
fueron invitados por los
grandes señores del inframundo
a realizar un partido
donde la suerte del jugador
decidiría la muerte del vencido.
Los dioses se encontraban
molestos con los dos hermanos,
debido al ruido y las
diversas molestias ocasionadas
por los dos entusiastas
del juego de pelota. La trampa
estaba tendida, pero al final,
para un tramposo nada
como otro aún más tramposo.
Los hermanos, mediante
argucias, dobleces y demás
actos éticamente deshonestos,
pero poéticamente recomendables,
lograron derrotar
a los pobrecitos dioses.
Hermanándose así estos seres
míticos con otros héroes
griegos como Prometeo o
Ícaro, aunque claro, sin el final
trágico e infeliz.

La mano de Dios

Los antiguos hermanos de los
mitos mayas recopilados en
el Popol vuh ya nos habían
mostrado el destino de nuestro
andar por la cancha: nuestro
fútbol se fue conformando
de otra manera, no era la técnica
sino el dominio de cierto
virtuosismo del jugador prehispánico.
Un virtuosismo
compuesto en parte de maña
y trampa en la obtención de
los favores divinos; si en
Grecia Prometeo puede ser la
figura ejemplar del semihumano
que roba los favores de
los dioses, para después donarlos
para beneficio de los
habitantes de la Tierra, nuestros
héroes mayas no dudan
en hacer uso del engaño, la
trampa y la mentira para arrebatar
los dones divinos. Es
por ello que la dicotomía entre
el Pelusa argentino frente
al rey brasileño nos resulta
falsa: por supuesto que alabamos
sin decoro a quien usó “la
mano de Dios” para vencer a
los ingleses en el campeonato
de México 86. No es a Pelé
sino a Maradona a quien alabamos.
Recordemos: aquella
vez Maradona no dudó en recurrir
a la mismísima “mano
de Dios” para meter el gol definitivo
del partido. Hizo
trampa, cierto, cometió una
falta, también es verdad, pero
el árbitro no lo vio... ¿Y por
qué no lo vio? ¡Ah, bueno!
Explicaciones hay muchas y
no es mi intención proclamar
la del favor divino, pero sin lugar
a dudas el azar y el deseo
se juntaron aquel día de verano
en la ciudad de México.

Y les diré algo más: el azar,
el deseo y sus resultados tienen
que ver con ciertas esperanzas
ofrendadas desde hacía
mucho tiempo en nuestro
continente. No sólo nos encomendamos
a ellos para vivir,
sino también para jugar.
Los de antes, los que estaban
antes que nosotros, a eso le
llamaban el juego del patolli:
“¡Oh amigos!/ Todos hemos
de jugar al Patolli/ Tenemos
que ir al lugar del misterio”.

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