Thoreau, la naturaleza como ideología

Tras ‘Cape Code’ y ‘Los bosques de Maine’,
Baile del sol publica ‘Un yanqui en Canadá’,
obras de Henry David Thoreau que se
editaron póstumamente entre 1864 y 1866.

03/01/12 · 7:50
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Ilustración: Pincho

A Henry David Thoreau se le conoce
sobre todo por su Walden,
el relato que publicó en 1854 como
diario de su experiencia durante
“dos años y dos meses” en
una cabaña construida por él
mismo junto a la orilla de la laguna
de Walden, cerca de la ciudad
de Concord, al noroeste de
EE UU, allí donde Emerson había
formado su grupo de trascendentalistas.

También se han leído
sus influyentes escritos políticos
sobre la desobediencia civil,
sus textos a favor de la abolición
de la esclavitud y sus reflexiones
acerca de una vida plena. Se
pueden encontrar estudios sobre
su vida y sus ideas (Thoreau.
Biografía esencial
, de Antonio
Casado da Rocha), pero apenas
se conocía, hasta la edición de
Los bosques de Maine (Baile del
Sol, 2007) y Cape Code (Bailedel
Sol, 2009), la materia ideológica
común a la mayor parte de su
obra: la concepción de la naturaleza
como el lugar privilegiado
en el que el ser humano puede
pensarse
. Estos libros son anotaciones
en forma de diarios de varios
viajes, algunos realizados en
años diferentes, que tratan de
explorar el territorio nororiental
norteamericano donde vive
Thoreau. Las descripciones de
montañas, lagos, ríos; de fauna y
flora, de tribus y actividad de cazadores
y empresas madereras;
los sonidos y sensaciones. Y, sin
embargo, estos libros no son los
de un “turista” que viera el territorio
como lugar de satisfacción
ociosa, ni los de un “naturalista”,
enfrentado a la tarea de catalogar
y cartografiar lo que ve.

Desde el primer momento
Thoreau intenta ver de otro modo.
Este rasgo para el que se requiere
“dejar la ciencia de lado y
disfrutar de aquella luz”, que hace
que la naturaleza produzca la
expectación de un lugar del conocimiento,
es significativo porque
está en la base de toda una
literatura norteamericana que
venía a retirarse del gran proyecto
liberal de construcción del capitalismo,
sin abandonar por ello
esta misma ideología.

Thoreau siguió en este sentido
el programa que Ralph
Waldo Emerson puso al frente
de su La naturaleza: “Nuestra
época es retrospectiva.
Construye los sepulcros de sus
padres. Escribe biografía, historia
y crítica. Las generaciones
que nos precedieron miraban a
la cara a Dios y a la naturaleza;
nosotros, miramos con sus ojos.
¿Por qué no tener también el privilegio
de una relación original
con el universo? ¿Por qué no tener
una poesía y una filosofía
que inquieran en los arcanos, no
en la tradición; y una religión
que nos sea revelada, y no la historia
de la religión de nuestros
padres? Dentro del seno de la
naturaleza por un tiempo, con
su afluencia de vida correteando
alrededor y a través nuestro,
invitándonos con sus poderes a
toda acción proporcionada a su
natura, ¿por qué andar a ciegas
buscando entre los huesos del
pasado, o hacer escarnio de todo
lo viviente por lo ajado de sus
ropas? También hoy luce el sol.

Hay más lana y lino en nuestros
campos. Hay tierras nuevas,
hombres nuevos, ideas nuevas.
Exijamos nuestras propias
obras, y leyes, nuestro propio
culto”. Es por ello que Thoreau
ensaya una vida libre “de los puros
artificios e innecesarias labores”,
donde construir “considerando
qué fin guardan en relación
con la naturaleza del
hombre una puerta, una ventana,
un sótano o una buhardilla”,
buscar la soledad, “mirar lo que
ha de ser visto” y entrar en la naturaleza.

Pero esta vida olvida
(es también función de la ideología)
lo histórico del ser humano,
omite las determinaciones y
la otra gran enunciación política,
‘yo soy por otro’, que se opone
radicalmente a la del ‘yo soy
por mí mismo’ producida y reproducida
hasta la nausea por
las ideologías liberales. Así,
Thoreau, suscribiendo la conocida
anotación de Emerson de
que “no hay Historia, sólo biografía”,
escribe en todos estos libros
el nudo fundamental de la
ideología liberal: “vivir deliberadamente,
enfrentarse sólo a los
hechos esenciales de la vida, y
ver si puedo aprender lo que ésta
tenga que enseñarme”. Entrar
en la naturaleza, como entrar en
lo salvaje, es para Thoreau absorber
lo vivo de ella, lo no sometido
a la humanidad, entrar
en una edad primitiva. En la película
de Sean Penn Hacia rutas
salvajes
es posible encontrar esta
directriz: el viajero abandona
su identidad civil, quema el dinero
como si fuera un digger,
abandona amigos y familiares, y
se dispone a llegar al centro de
lo salvaje, afrontar qué se es en
tanto que individuo. Sólo que
Penn restituye lo que falta en
Thoreau: a los otros seres humanos.

En los tres libros de viajes
de Thoreau los seres humanos
apenas son algo más que parte
del territorio. Penn los muestra
como una relación. Con todo, el
gran mito liberal fracasa:
Thoreau lee la naturaleza, la
comprende y le da un sentido
solamente a partir de lo que la
cultura y la sociedad ha hecho
con él. De lo que otros han hecho
de él. La naturaleza es, verdaderamente,
un documento de
cultura. Las constantes interpretaciones
de sonidos, lugares,
animales y situaciones a partir
de textos literarios como El
paraíso perdido
de Milton o
Robinson Crusoe, de mitos y
otras obras científicas (mapas y
descripciones de naturalistas de
otros viajeros) lo ejemplifican
bien. El proyecto de Emerson,
que Thoreau emprende, de “retirarse
tanto de sus aposentos
como del resto de los hombres”
para estar solos es imposible.

Los libros de Thoreau lejos de
nuestro tiempo en buena medida,
nos permiten vislumbrar entre
sus páginas el momento crítico
en el que la ideología liberal
se quebró, el modo en que se
produjo la división y la dominación
de unas tendencias filosóficas
sobre otras, de la disfunción
y las contradicciones en
que empezó a manifestarse la
ideología liberal en un momento
histórico en que triunfa el
desarrollismo capitalista (sostenido
en el liberalismo económico)
y el parlamentarismo (sostenido
en el liberalismo político).
La naturaleza en estos libros
trata de invertir la dirección
de esa historia. Como
residuo ha funcionado contra la
sociedad industrial y después
contra la sociedad de consumo,
influyendo en el anarquismo y
en el ecologismo. Años después
de Thoreau, otros escritores, como
Jack London o Bruno
Traven, abordaron la naturaleza
como parte de una relación
social. Entonces el liberalismo
ya había entrado en conflicto
con el socialismo y la naturaleza
fue desplazada del debate
ideológico. //

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