LOS MIEMBROS DE LA BANDA PUNK BRITÁNICA ACTÚAN EN LA PENÍNSULA
The Stranglers: punk gourmet

Quiere la casualidad que en el mes de enero coincidan,
por separado, las giras de Hugh Cornwell y The
Stranglers. Fenomenal circunstancia que sirve para
repasar la trayectoria de uno de los más excéntricos
combos de punk, cosecha del ‘77.

22/01/09 · 0:00
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THE STRANGLERS formaron parte de la escena punk de los setenta, aunque aunaban otros sonidos como el garage y el rock clásico.

Es bien conocido
que la explosión
punk de finales de
los setenta fue el
último cenit en cuanto a
creatividad musical se refiere.

Ninguna de las escenas
surgidas en décadas posteriores
pudo igualarse en
cuanto a variedad y riqueza
de las propuestas. Entre
aquella amalgama sonora
The Stranglers destacaron
por su personalidad y superioridad
técnica.

Los cuatro de Guildford

Al contrario que en otras
bandas, en las que encontramos
al miembro que nadie
recuerda, en The Stranglers
coincidieron cuatro
personalidades diferentes,
cada una dispuesta a aportar
su parte en la creación
de un sonido característico.

Originarios de las calles de
Guildford, Hugh Cornwell
era un músico interesado
por el blues que llevaría a
sus compañeros por derroteros
pub rock durante los
días de rodaje de la banda.
Jet Black era músico de
jazz antes de debutar como
batería de The Stranglers y
tanto Jean Jacques Burnel
como Dave Greenfield contaban
con la experiencia al
bajo y los teclados de sus
estudios clásicos y su servicio
en el ejército. Independientemente
de sus conocimientos,
The Stranglers se
formaron antes de la explosión
punk del ‘77, lo cual
les permitió hacer los deberes
como banda antes de
que empezara aquel jaleo.

A diferencia de grupos como
The Jam, que aprendían
casi a la par que grababan
sus primeros discos, o
Sex Pistols, que nunca llegaron
a saber tocar, The
Stranglers eran excelentes
músicos, lo cual no es que
estuviera precisamente
bien visto por parte de la
ortodoxia punk más cerril.
El sonido de The Stranglers
aglutina la pasión por el
rock y garage clásico con
propuestas más retorcidas,
al estilo The Velvet Underground,
atmosferas que remiten
a Television y unos
omnipresentes teclados herederos
del Ray Mazareck
menos desatado. La adaptación
de esta propuesta al
ritmo de los tiempos será la
marca de la casa de un sonido
único e identificable.

London Boys

En 1976 The Stranglers ya
estaban allí para abrir los
conciertos en el desembarco
británico de Patti Smith
y Ramones. La influencia de
estos artistas provoca el primer
giro de la banda, que se
traslada a Londres, donde
grupos como The Clash o
Sex Pistols iniciaban su andadura.
Abrazando el espíritu
punk, entran en estudio
en 1977 para registrar Rattus
norvergicus, que incluye
trallazos como “London
lady” o “Peaches”. Seguirían
los incontestables No
more heroes y Black and
white.

Estos tres primeros álbumes
recogen una de las mejores
cosechas de singles
del momento. No obstante,
The Stranglers nunca estuvieron
dispuestos a permitir
que la corriente dominante
fagocitara su peculiar
sonido, de modo que su música
recibió no pocas acusaciones
de ser demasiado
profesional para las exigencias
del momento.

Censurados por la BBC
(por el tema “Peaches”),
criticados por grupos de feministas
radicales que no
entendían que la banda exhibiese
coristas con los pechos
al aire, faltones con el
público..., bastantes actuaciones
de The Stranglers
de aquel periodo terminaron
en algaradas con presencia
policial incluida. La
actitud cínica de Cornwell
con todo lo que le rodeaba
le granjeó fama de misántropo,
pero la banda seguía
a lo suyo. En 1979 entregan
The Raven, de estilo más popesco,
a la vez que diferentes
miembros de la banda
alternan con proyectos en
solitario y que probablemente
sean culpables de
The gospel acording to the
meninblack.

Su siguiente trabajo, el
magnífico La folie, vuelve a
recuperar el pulso de unos
Stranglers capaces de facturar
perfectas lecciones
musicales en pocos minutos:
“Non stop”, “Let me introduce
you to the family”
o “Golden brown”, con su
bucle de clavicordio repetido
hasta el hartazgo. El
sempiterno cinismo de
Cornwell queda patente en
títulos como “The man they
love to hate”.

Goodbye, Mr. Cornwell

The Stranglers continúan
toda la década de los ochenta
produciendo trabajos notables
como Feline, Dreamtime
o Aural sculpture. Pop
rock de brillantes melodías
y perfecta ejecución. Los
días del punk han quedado
atrás en el tiempo. Graban
una versión de “All day and
all of the night”, el clásico
de The Kinks, y con el disco
10 despiden la década y
Hugh Cornwell abandona
la banda para retomar su
carrera en solitario, que había
iniciado en 1979 con la
grabación de Nosferatu.

Durante la década de los
noventa, la banda sufrirá altibajos
sin que afecten al ritmo
de producción. Stranglers
in the night (1992),
About time (1995), Written
in red (1997), Coup de grace
(1998), Norfolk Coast
(2004) y Suite XVI (2006)
son el legado post Cornwell
de una banda que ha sabido
preservar su sonido pese a
los cambios de formación.
Sus actuaciones en directo
han sido siempre bien recibidos
por crítica y público
gracias al buen puñado de
clásicos que nos han ido regalando
a lo largo de sus
treinta años de carrera.

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