UNA EXPERIENCIA COPYLEFT EN EL ÁMBITO AUDIOVISUAL Y ALGUNA PISTA PARA LA INDUSTRIA
Tender puentes entre público y autores

Hace año y medio
colgué mi primer
corto en Youtube.
En ese tiempo ha tenido
más de 11 millones de descargas.
¿Qué ha pasado para
que se desate semejante
fenómeno? Creedme: nada
tiene que ver con el corto en
sí. No es por la historia o la
factura técnica, ni por la fama
de la protagonista. Todo
eso puede hacer que alguien
lo disfrute, pero no
llegan a verlo por eso. El
corto tiene una licencia
Creative Commons Atribución-
No comercial-Compartir

18/07/07 · 19:12

Hace año y medio
colgué mi primer
corto en Youtube.
En ese tiempo ha tenido
más de 11 millones de descargas.
¿Qué ha pasado para
que se desate semejante
fenómeno? Creedme: nada
tiene que ver con el corto en
sí. No es por la historia o la
factura técnica, ni por la fama
de la protagonista. Todo
eso puede hacer que alguien
lo disfrute, pero no
llegan a verlo por eso. El
corto tiene una licencia
Creative Commons Atribución-
No comercial-Compartir
igual. Y no la tiene para
permitir que la gente haga
cosas (copiarlo, modificarlo...),
sino para legitimar
algo que ya hacen de por sí.
La licencia no es un impulso,
sino un mecanismo de
legitimación de una práctica
que se hace de forma autónoma
y desde abajo.

Las licencias Creative
Commons (CC) y, de forma
más amplia, el movimiento
copyleft, no sólo producen
una práctica jurídica, sino
una relación social. Un puente
entre el espectador y
el conjunto de creadores.
Un espacio intermedio que,
de alguna manera, reconoce
que ellos y nosotros (si
es que esos términos tienen
sentido) hacemos lo mismo.
En ese reconocimiento
de un sustrato común está
la base del ‘éxito’ del corto.

Pero no nos engañemos,
las licencias CC y el movimiento
copyleft no son sinónimo
de éxito y no deberían
usarse por razones equivocadas.
Pensar que las licencias
CC son una marca, un
logo ‘cool’ para poner a circular
productos culturales,
es un error. Las licencias expresan
la legitimación de
una práctica y la expresión
de una potencia, que puede
concretarse o no. Usarlas
debe partir de otro lado, quizás
del mismo que lleva a escribir,
hacer fotos, música o
cortos. No se trata de cuánta
gente te ve o te oye, sino de
cuánto le aportas al común
que componemos entre todos.
Cuánto pones en ese
humus intertextual que es la
inteligencia colectiva para
que la cultura siga creciendo
como la hierba.

Cuando la industria audiovisual
enfoca ‘el problema
de la red’ ignora este
principio básico. Creen que
van por delante de la sociedad,
que pueden gobernarla.
Se equivocan. Las licencias
CC no son más que otra
forma (más abierta y justa)
de copyright y la gente viola,
pervierte y rompe las normas
de copyright imponiendo
una realidad social que
corre más que cualquier ley
o dispositivo tecnológico. En
esa carrera en la que tanto
el movimiento copyleft como
el entramado que pretende
privatizar la cultura
van por detrás, el primero
tiene ventaja porque le está
diciendo a la gente que lo
que hace es lo que hay que
hacer. Ése debe ser el punto
de partida de cualquier política
industrial seria en materia
audiovisual: no hay ni va
a haber un gobierno de la
red en términos restrictivos.

Quienes han entendido
la profunda transformación
que se está dando han
empezado a proponer sistemas
nuevos de restricción,
a través de la gestión
de los canales por los que
los contenidos fluyen ‘libremente’
(desde Youtube
a las televisiones que permiten
la descarga de sus
programas). Ése es el siguiente
debate al que se enfrenta
el movimiento copyleft.
De momento tiene una
tarea más importante: seguir
produciendo material
con licencias libres.

+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador

Tienda El Salto