TEBEOS
Superhéroes y superparias de barrio

Lleno de imperfecciones más propias del villano,
el antisuperhéroe sobresale sobre todo por ser
excesivamente torpe para los tiempos que corren.

02/05/11 · 19:45
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Ilustración: Pincho.

“La democracia no funciona, la
gente no puede votar a quien
quiere”, afirma indignado el antihéroe Pafman, en el álbum
Pafdark, el cabestro oscuro.
Pafman es un imitador a la española de Batman, cuyas principales armas son el humor y la
ironía.

Su creador, Joaquín
Cera, empezó a narrarnos las
aventuras de Pafman durante
los ‘80, en la revista de historietas Mortadelo. Actualmente, este antihéroe aparece en la colección Top Cómic de Ediciones B,
tratando temas políticos y sociales para ‘niños grandes’.

Como Pafman, hay otros muchos antisuperhéroes. En el cómic español suelen predominar la sátira y los personajes torpes,
que suelen ridiculizar las virtudes arquetípicas del héroe convencional. Si Superman fue en
su día capaz de convertirse en
“un símbolo del bien” y de los
valores morales estadounidenses, el antihéroe, por el contrario, es un personaje que simboliza la excepción. Suele moverse
en los márgenes de la sociedad
y suele sufrir las consecuencias
de un sistema que es implacable
con quienes no cumplen con los
patrones asociados al éxito.

A pesar de que los orígenes
del antihéroe quedan algo difusos, algo hace pensar que la picaresca en la literatura española
tuvo gran influencia en la creación de este nuevo modelo. Este
género literario surgió durante
el Siglo de Oro como parodia
que se burlaba de los héroes que salían en las grandes epopeyas
o relatos épicos del Renacimiento. El fuerte contraste con
la realidad social generó las antinovelas, de carácter antiheroico.

Su paso al cómic le ha dado
multitud de formas y estéticas,
conforme a las problemáticas y
tendencias del momento.
Rodolfo Santullo, escritor
uruguayo, guionista de cómic y
editor del grupo Belerofonte, especializado en la publicación de
historietas desde el 2005, opina
al respecto que “el descreimiento de ciertas formas morales, éticas o políticas de los años ‘70 se
reflejó en todas las ramas de la
cultura”, y por supuesto también
en el cómic. También nos habla
de las diferentes estéticas del antihéroe según los géneros y los
países. En EE UU el reverso del
héroe se ha asociado normalmente al antifaz o el aspecto
monstruoso, mientras que según Santullo, “el resto del mundo ha permitido la inclusión de
un antihéroe más mundano”.

Reflejo de la lucha obrera

En España tenemos la versión
más simpática de este personaje
tipo, por su tremenda humanidad e incapacidad para resolver
problemas sin ayuda. En este caso, la doble personalidad, a la
que los dibujantes y guionistas
recurren frecuentemente para
ocultar “la identidad heroica” del
protagonista es prácticamente
inexistente en el antihéroe español. Su vida de “superhéroe”
y su vida cotidiana de fracasado se confunden prácticamente
en una. Más que nada, porque
en ambas tiene un poder limitado para controlar el mundo que
le rodea. La dualidad suele simbolizar la voluntad de ser otro,
la fachada aparente, el personaje o la imagen construida para
rehuir los defectos indeseables
que nos persiguen, pero que en
definitiva nos hacen humanos.

En ese sentido, Superlópez, la
parodia de Superman a la española, se convirtió en el vehículo
idóneo para tratar diversos temas, abordando la crítica social
de manera mordaz. Su autor
Juan López (Jan), dibujó a
Superlópez en 1973 como reflejo del español de clase media
que aspiraba a ser un superhéroe, a pesar de que siempre la
pifiaba. Sin embargo, su mayor
logro era sobrevivir a la frustración cotidiana en una siniestra
oficina, donde los villanos cotidianos eran compañeros de trabajo, y su jefe, que era un déspota.

Superlópez se convirtió así
en el fiel reflejo de la frustración
del obrero. Al igual que Pafman,
Superlópez se atreve con temas
controvertidos, desde la falta de
seguridad en las centrales nucleares, en Pesadilla atómica,
hasta la especulación inmobiliaria en Guerra en la dimensión
oscura.

Versión moderna

Otra versión más moderna del
antihéroe en España es la que
nos ofrece el guionista Pepo
Pérez, cuyo cómic El vecino fue
nominado a mejor obra, mejor
guion y autor revelación en el
salón del cómic de Barcelona
de 2005. Aquí se nos narra la
historia de una persona aburrida y corriente que estudia unas
oposiciones. Lo más emocionante que le ocurre es que su
vecino es “un superhéroe” o aspira a serlo, pero sin éxito.
Titán, que así se hace llamar el
vecino cuando se pone el traje
y la capa, es en la vida real un
periodista treintañero en paro,
que quiere ser escritor a pesar
de que carece de todo talento y
disciplina para ello. Titán se
enfrenta la mayor parte del
tiempo contra “ejércitos invisibles” y recurre a unas pastillas
que le otorgan unos poderes limitados e impredecibles, que
le ponen más de una vez en un
aprieto. La gran ciudad se convierte en el escenario en el que
el protagonista lucha de manera heroica contra sus propios
fantasmas para sobrevivir a la
mediocridad, en una mezcla tragicómica.

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Ilustración: Pincho.
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