apostilla desde la mesa camilla...EN EL CAPÍTULO DE HOY:
El show de las b(f)eas

Nuestra querida cronista catódica, la doctora Schmidt,
pone en el punto de su mirilla analítica a uno de los
fenómenos televisivos de los últimos tiempos: la
versión española de la surrealista y entrañable
teleserie colombiana ‘Yo soy Betty, la Fea’.

12/06/08 · 0:00
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RUTH NÚÑEZ es la actriz que
encarna a Bea en la versión
española.

Como en un diabólico
simulacro la vida
copia a la ficción.
La pareja protagonista
de la serie Yo Soy
Bea (Telecinco) está también
liada en eso cada vez
más sospechoso que es ‘la vida
real’. La serie ‘acabó’ –lo
de las comillas se explica
más adelante– el domingo 8
de junio en prime time después
de dos años en antena
y 450 capítulos, con el bodorrio
ficcional de ambos. Y las
fotos del rodaje fueron fatalmente
publicadas tres días
antes del último capítulo para
horror de los productores,
que habían logrado mantener
a Ruth Núñez (la actriz
supuestamente guapa que
encarnaba a Bea), bajo un
draconiano contrato, en una
especie de semicautiverio
del que no me extrañaría
que hubiera fingido hasta
querer casarse para poder
salir a la calle con el pelo
suelto y sin gafas.
Mientras, en el plató de la
productora Grundy, trabajadores
al aparato: “Acoso
laboral, jornadas que sobrepasan
en muchas horas los
planes de trabajo, despidos
arbitrarios y pésimas condiciones
de seguridad e higiene
en el trabajo”. Por no hablar
de los guionistas, que ni
siquiera pertenecen al convenio
de técnicos audiovisuales.

Hasta son llamados
“lionistas” por los integrantes
de los foros de seguidores
que cuajan la red.
Y es que sobrepasado el
año de emisión, ante el rotundo
éxito, los dueños decidieron
extender artificialmente
la vida de la gallina de
los huevos de oro, sometiendo
a la audiencia a un duro
examen de conciencia que
les ha ido obligando a elegir
entre su permanencia en el
colectivo altruista que compone
el share o reconocer
honestamente que la serie
iba a la deriva y que ya, lo de
menos, era la ficción. El
nicho de mercado se había
zampado a la teleserie. Un
intercambio incesante de actores
y unas subtramas más
soporíferas que las intervenciones
de Pedro Solbes hacen
exasperar al más convencido.
Y es que hasta los
culebrones tienen su medido
tempo.

Aun así, muchísimos espectadores
han seguido a
Bea hasta el final desafiando
en fidelidad a los parroquianos
de Hillary Clinton. Y todo
para asistir al previsible
final del proceso de transformación
de Beatriz Pérez Pinzón
en Beatriz Pérez Pibón
–perdón–. Después de escribir
la última página de su
blog Feonautas, Bea dejó su
piso del extrarradio para irse
a un spa-tierra de Oz de la
mano del personaje-relevo,
Be, un pibón verdadero y sin
cerebro, que le mostrará los
caminos redentores de la minifalda
y el serum reparador
de esas pieles castigadas y
sin brillo. Porque, dios todopoderoso,
la serie no se acaba,
cual empresa boyante se
deslocaliza y recoloca sus
stocks en un delirio mercantil.

Como a un Franco cableado
en el quirófano, los productores
no han desenchufado
el respirador hasta haber
encontrado el modo de
mantener viva la llamita del
producto. La nueva reina,
Be, la guapa con problemas
de sinapsis, ocupará un trono
discutido que sólo la insistencia
ciega y la infinita
mansedumbre del público
podrán mantener en pie. ¡A
ver si la serie va a resultar
ser un trasunto arriesgado
de la Transición española en
plan memoria histórica para
todos los públicos!
Por suerte, el martes 10, para
paliar un poco el tostoncísimo
verano eurocopista-olímpico
que se nos viene encima,
Cuatro ha echado el último órdago
en el duelo de las Feas:
Ugly Betty (ABC), la serie que
lo está petando en los Estates.
¿Su secreto? Aparte de la eficacia
del cuento del patito feo,
pasar las mimbres del primigenio
culebrón colombiano
Betty La Fea (RCN, aquí pasado
por Antena 3) a la cuerda
del nuevo producto cultural de
gourmets con proyector casero
y pack DVD de lujo: la Alta
Cultura de la Buena Serie.

Precedida por su éxito y el de
América Ferrara, una solvente
actriz hondureña, esperamos
que esta nueva versión
nos haga olvidar el regusto del
refrito del engendro al que nos
ha sometido Grundy/Telecinco
durante dos años –que
no es lo mismo que dos temporadas–.
Cual Jim Carrey encontrando
la puerta de salida
del estudio del Show de
Truman más allá del mar,
imaginamos a Ruth Núñez saliendo
en zapatillas de estar
en casa camino al próximo
casting, mientras alguien susurra
a su paso: “Mira: por ahí
va la Fea”.

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