LIGA DE FÚTBOL: UNA CRISIS DE MODELO
El salto hacia el fútbol inglés

El patrón de crecimiento del fútbol
español parece agotado. Derechos
de televisión, recalificaciones y
patrocinios ya no pueden competir
con el modelo inglés.

18/09/08 · 0:00
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MODELO AGOTADO. El salto pendiente del fútbol español parece pasar por la compra de magnates foráneos / San Kelly

La élite del fútbol español
la componen
20 equipos que se
enfrentan entre sí
(en partidos de ida y vuelta)
desde septiembre a junio; un
asunto menor en torno al
que se teje un gran mercado.
Real Madrid, Barcelona,
Athletic de Bilbao y Osasuna
son sociedades deportivas,
mientras los otros 16 clubes
funcionan como sociedades
anónimas. Esta diferencia
obedece a que la Ley del
Deporte de 1990 preveía la
conversión de los clubes no
saneados en sociedades anónimas,
mientras respetaba
el estatus deportivo para
aquellos que acreditaran un
“saldo positivo”. Los 20 clubes
de Primera División y los
22 de Segunda integran la
Liga de Fútbol Profesional,
que a su vez forma parte de
la Federación Española de
Fútbol, si bien dispone de
una amplia autonomía.

Han transcurrido casi dos
décadas desde aquella operación
de saneamiento generalizado
y la Liga afronta
hoy una situación de estancamiento
económico.

Plataformas y
recalificaciones

La década de los ‘90 estuvo
marcada por el desembarco
de las televisiones
privadas en el fútbol profesional.
La venta de derechos
se convirtió entonces
en el nuevo maná que hizo
posible los fichajes desorbitados.
La presente década, en
cambio, no puede entenderse
sin el paradigma
planteado por Florentino
Pérez en la operación de la
Ciudad Deportiva del Real
Madrid. El esquema es
sencillo: un equipo de amplio
calado social, todos los
de Primera lo son, deja patentes
sus dificultades económicas
y su necesidad de
crecer; el Ayuntamiento –en solitario, o con la colaboración
de otras administraciones
públicas– le concede
la gracia de recalificarle
los terrenos céntricos
del viejo estadio o de las
canchas de entrenamiento;
el club obtiene una elevada
suma con la operación
y solares en la periferia para
construir sus instalaciones.

Para completar el
quiebro es conveniente
contar con uno o varios arquitectos
de prestigio que
diseñen el nuevo estadio o
los edificios del terreno recalificado –o ambos si es
posible– y aconsejable que
el presidente del club sea
un constructor.
El boom de las plataformas
digitales y la versión
futbolística de la burbuja
inmobiliaria, aliñados con
la presencia creciente de
marcas asociadas a los jugadores,
a los clubes, a los
estadios y a la propia Liga,
se muestran hoy, sin embargo,
insuficientes.

Nada que empeñar

En el período de fichajes previos
a la Liga 2008-2009, los
equipos transfirieron jugadores
por valor de 344 millones
de euros e invirtieron
306 en la contratación de
nuevos futbolistas. Este inusual
saldo favorable representa
un indicio de que el
modelo de crecimiento se ha
agotado. El fútbol, como
mercado de compraventa
etérea –la ilusión de una ciudad,
los valores de la entidad,
etc.–, no parece que vaya
a resignarse al estancamiento.
Es necesario crecer,
pero aquí ya no queda nada
que empeñar.
El salto pendiente consiste
en pasar del modelo autóctono
de empresarios que
acercan su patrimonio a un
club –y obtienen notoriedad
y otros beneficios más tangibles–
a la compra por parte
de magnates foráneos –inversiones
estratégicas o caprichosas,
según los casos–;
del modesto ladrillo al negocio
en expansión de cuantos
combustibles alimentan el
suministro de energía. La
Premier League, no hace
tanto tiempo recordada como
una leyenda marchita de
linimentos y pases largos, es
ahora el campo de pruebas
del nuevo paradigma. Buena
parte de los clubes de la primera
división británica cotizan
o han cotizado en bolsa
y, en parte como consecuencia,
más de la mitad cuenta
con propietarios extranjeros.

Emiratos Árabes acaba
de entrar en el negocio.
En el caso español, aunque
las sociedades anónimas
deportivas pueden cotizar
en bolsa desde 2002, ningún
equipo ha dado este paso.
¿Cuál es el problema?
Por un lado, la transparencia
y los requisitos contables
exigibles en el parqué no parecen
compatibles con las
prácticas de la mayor parte
de los clubes. Por otro, el hecho
de que Real Madrid y
Barcelona no sean vendibles
dificulta la apertura del mercado.
No obstante, el cambio
de modelo parece inevitable
y la crisis actual ofrece
el escenario idóneo.

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