CINE
Sally Potter y el cuestionamiento de la mirada

Desde que empezó a hacer cine, Sally Potter no
ha dejado de experimentar con el lenguaje
cinematográfico, rompiendo los códigos,
inventando modos de comunicar, poniendo en
marcha proyectos arriesgados e innovadores.

26/03/10 · 17:42
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Actores y actrices hablan a la
cámara del teléfono móvil de
Michelangelo, un joven estudiante
que se mete en los preparativos
de un desfile de moda
de Nueva York. Cada día graba
y lo sube a internet, cualquiera
lo puede ver en su ordenador
o en el móvil.
La denuncia de la búsqueda
de lucro por encima de todo es
el tema principal de la última
película de Sally Potter, Rage,
pero también lo es el uso de las
nuevas tecnologías: “Quería hacer
una película que no sólo
fuera estrenada de forma diferente,
sino que tratara el tema
de que existe una nueva manera
de mirar a las cosas”, comenta
la directora en una entrevista
realizada tras el estreno.
Las innovaciones y el cuestionamiento
de la mirada son
una constante en la obra de
Potter. Su película más conocida,
Orlando (1992), traslada
la novela de Virgina Woolf a
una narración cinematográfica
que rompe límites de tiempo,
espacio e identidades.
La película anterior a Rage,
titulada Yes (2004), está escrita
en el pentámetro yámbico de
Willian Shakespeare: con el
verso la directora sentía que
podía explicar la complejidad
que quería transmitir. Yes empezó
a escribirse el día después
al 11 de septiembre como una
propuesta de “reescribir las líneas
de la imaginación”, porque,
tal como ella explica, “la
imagen del enemigo se crea en
la imaginación de muchos individuos
y lo que yo espero es
introducir interrogantes sobre
ello”.



Creadora múltiple

Los primeros trabajos de Sally
Potter fueron cortometrajes
experimentales, creados dentro
de la cooperativa de cineastas
London FilmMakers’ Coop.
Se incorporó a ella en 1969 y
ahí aprendió diversas funciones
necesarias para la realización
de películas, y también su
modo de concebir la dirección
como “una forma de colaboración,
lo que es en sí una forma
de arte”.
En esos años también se forma
como bailarina y crea su
propia compañía, The Limited
Dance Company. Esa formación
le ayudó a Potter a desarrollar
un sentido del movimiento
que se expresa en sus
películas: en el ritmo de la narración,
en una cámara que
acompaña con compás a los
personajes. Sally Potter se dedica a la dirección, pero también
ha actuado, tanto en performances
callejeras como en
películas (La lección de tango,
1997), maneja la cámara (como
en Rage), hace los guiones,
edita, y también ha compuesto
bandas sonoras, varias
de ellas con la compositora y
activista Lindsay Cooper.
En 1977 formó con otras cuatro
mujeres el Feminist Improvising
Group, el primer grupo
inglés dedicado a la improvisación
formado íntegramente por
mujeres. Realizaban parodias
sobre el rol de las mujeres en
la sociedad, e incorporaban
objetos cotidianos en sus actuaciones,
creando sonidos
con elementos domésticos.
En ese grupo Sally Potter ya
se planteaba la ruptura de las
barreras existentes entre quien
actúa y la audiencia, algo que
ha mantenido a lo largo de sus
trabajos: en el cine cuestionando
la relación de quién mira
en el auditorio, quién mira
tras la cámara y quién mira como
personaje.
“La cámara es un cuerpo”,
explicaba la directora en un
encuentro con el público en la
Filmoteca Española el pasado
enero, “el cine suele concebir
la cámara como una ventana
abierta al mundo, objetiva, un
elemento rígido que se intenta
ocultar. En mi cine, la cámara
frecuentemente es como un
testigo. En Rage lo es hasta
sus últimas consecuencias”.

Hombres que lloran

Ante la forma de realizar Rage
algunas críticas dijeron que la
directora estaba haciendo una
guerra al cine. Ella responde
que “el cine es un acto de
amor” y que es importante
“trabajar con la belleza que la
revolución digital nos puede
dar”.
Su última película se empezó
a gestar más de diez años
antes de ser estrenada. En La
lección de tango el espectador
presencia el proceso de inspiración
para crear esta película
y cómo la abandona cuando
los productores le ponen condiciones
para llevarla a cabo.
Según Sally Potter, ella sólo
trabaja en aquello que cree. Lo
explica en su manifiesto Barefoot
Filmmaking (algo así como
“cine descalzo”), que encontramos
entre los escritos
de su blog, donde también
describe por qué denomina su
creación como “cine pobre”,
un cine honesto y sin un excesivo
envoltorio.
Una de las películas que reconoce
que menos le ha gustado
ha sido The Man Who Cried
(traducida como Vidas furtivas,
2000), su película más
hollywoodiense y de la que
afirma que no hizo lo que tenía
intención de hacer en un
principio. Sin embargo el título,
tan mal traducido al castellano,
sí hace referencia a una
idea que también le acompaña
en su trayectoria: mostrar a
hombres que lloran, lo que
concibe como algo “profundamente
político”, pues “gran
parte de la explicación de la violencia masculina y de la
guerra es la supresión del sentimiento
de los hombres”.
Para seguir sus reflexiones
y su particular modo de crear,
tras su película Yes inició un
blog en el que se hace accesi-
Desde que empezó a hacer cine, Sally Potter no
ha dejado de experimentar con el lenguaje
cinematográfico, rompiendo los códigos,
inventando modos de comunicar, poniendo en
marcha proyectos arriesgados e innovadores.
ble y donde también ha creado
otra novedad: el SP-Ark,
un recurso educativo con el
que acceder al archivo personal
de Sally Potter, toda una
maleta con elementos de su
cinematografía.

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