ENTREVISTA A ANN VAN DEN BROEK, COREÓGRAFA
“El rosa me sugiere el color de las luces y los trajes de las prostitutas”

Ann Van den Broek es una artista para quien las
emociones y los instintos son el canal hacia la continua
autodestrucción y reinvención de nosotras mismas.
Hablamos con ella en el Festival de Artes Escénicas de
Sevilla, donde llegó con su compañía Ward Ward.

01/05/08 · 13:00
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DIAGONAL: El concepto
clave de tu representación
es un hambre insaciable,
una necesidad irresistible
física y mental representada
a través del cuerpo de
tres mujeres. ¿Cómo crees
que las mujeres resuelven
esta dualidad (sensualidadinteligencia,
gusto por ser
deseada y deseo de reconocimiento)
de la que hablas
en tu obra?

ANN VAN DEN BROEK:
Por supuesto, se trata de un
conflicto y esta hambre, a veces,
está dirigida hacia un
hombre. Las mujeres desean
ser bellas, jóvenes y todo
eso, y a la vez desean inspeccionar,
tener una carrera.
Los anhelos son muy
profundos y muchas mujeres
no son capaces de canalizarlos.
Mucha gente intenta
regular sus vidas, pero en
ocasiones esta canalización
no funciona. Para mí, esta
representación es como
una pregunta que contiene
muchas emociones, las pongo
en una forma abstracta
y luego se las muestro al
público, en forma de interrogación.

D.: No existen límites en tu
estructura narrativa ni en el
marco que usas, hablas de
un tiempo no lineal en tu
obra, y un espacio circular
compuesto por “islas virtuales”,
¿Por qué has elegido este
tipo de estructura?
A.V.B.: Para mí, este concepto
clave viene y va, sube
y baja. Sube y revela la tragedia
y entonces decae para
volver a elevarse de nuevo.
Este ciclo traduce el concepto
clave en el espacio, como
una isla. Es la mejor estructura
para que este concepto
quede claro.

El público no puede ver
este trabajo, pero las islas están
ahí, en la superficie. Hay
cinco islas: la isla de la búsqueda
(del hambre y la necesidad),
la isla del control
(de la apariencia, de lo superficial),
la isla del punto
cero, blanco –de pausa– y
después la isla de la satisfacción
(a través de la carne)
emergiendo en la frontera.
Todas estas emociones se dirigen
justo al centro del escenario
a la isla del trance,
del éxtasis. Nosotras trabajamos
sobre esto. Y esta estructura
resulta realmente
buena para mí, porque las
emociones y la cultura se sitúan
en esta isla traducidas
en movimientos abstractos.
Y simplemente corto, y me
voy hacia otra isla. Me da la
oportunidad de mostrar al
exterior cómo se puede ir
buscando una cosa y de repente
pensar para tus adentros:
“No, no es suficiente.
Ya no quiero más. OK, a otra
cosa”. Entonces arranca de
nuevo esta ansiedad y pasas
a otro estado. Cambia y corta
con lo anterior. Esto sucede
continuamente en el cerebro.

Por encima de todo,
existe una estructura visual
en la representación, porque
en la mitad, en la isla del éxtasis
todo crece en extremo.
Al principio los movimientos
son suaves y poco a poco van
siendo más agresivos, como
si estuvieran drogadas, y al
final crece, aumenta. Así, están
exhaustas, quiero decir,
paradas en medio del escenario,
y de nuevo una se levanta
y comienza a buscar
algo que tener. Así que para
mí, ésta es la gran estructura,
como si realmente no
gestionases bien esas emociones,
no las canalizaras,
por lo que estás continuamente
necesitando, sin realizarte
con nada de lo que consigues.
Es algo cíclico.

D.: Para cuerpos semidesnudos,
un espacio vacío y
música electrónica sólo utilizas
tres colores: el blanco,
el rosa y el carne. ¿Tienen
algún significado?

A.V.B.: Cuando estaba decidiendo
los colores para el
vestuario, vinieron a mí como
un flash, sin pensar realmente
qué es lo que iba a hacer.
El blanco es muy estético,
puro y limpio. No admite
manchas. Es un tipo
de superficialidad, un tipo
de imagen muy estética. El
rosa tiene otra traducción,
me sugiere el color de las
luces y los trajes de las
prostitutas, y también sentimientos
tiernos, amables a
veces. El color de la piel simboliza
la carne, el cuerpo.
Pone de relieve la importancia
de las apariencias, porque,
al fin y al cabo, se trata
de simple carne.

D.: Hablas de cómo algunas
mujeres han utilizado su feminidad
en su trabajo, como
Billie Holiday, Madonna o
las Colettes, para explorar
los roles femeninos, pero en
muchas ocasiones esto las
ha conducido a un camino
de autodestrucción. En esta
obra no has podido analizar
todos estos aspectos. ¿Quizá
en tu próximo trabajo?

A.V.B.: Sí (risas). Otro ejemplo
es la cantante Marianne
Faithful. Su vida ha sido
muy intensa. Ella tenía una
voz bonita, era guapa y se
encontró tirada en la calle
en algunos momentos, y luego
volvió, regresó más fuerte.
Madonna es otra cosa.
Ella utiliza su carne para
provocar, es muy lista. Y las
diferentes escritoras de
Colette todas eran mujeres
fuertes que también iban de
arriba a abajo. Realmente se
trataría de contar un montón
de caras de un montón
de historias.

Pero quiero consolidar
primero esta obra sólo con
mujeres. Mi próxima idea
es un solo para un hombre
y un solo para una mujer.
Separados entre sí. Dos
cuerpos en soledad. Es una
obra muy psicológica sobre
qué pasaría si estuviéramos
solos. Desde pequeños
nos enseñan a ser sociales,
somos creados, programados.
La cuestión es si la
gente es capaz de vivir sin
sociedad. ¿Es bueno siempre
establecer relaciones y
compromisos sociales?

MASCARADA DE ACCIÓN
_ Clown, danza y
teatro han sido
los ingredientes
fundamentales
de la última edición
del Festival
Internacional de
las Artes Escénicas
de Sevilla.
Durante las últimas
dos semanas
(del 15 al 27
de abril), los teatros
y las calles
de la ciudad han
acogido un sinfín
de espectáculos
adaptados a
todos los gustos
y a todas las edades
(desde un
Jango Edwards
en forma hasta
los trabajos profundos
de Carlos
Fernández). Artistas
nacionales e
internacionales,
con predominancia
franco-belga,
se han dado cita
en este festival
para compartir
experiencias,
difundir sus trabajos
y hechizar
a un público
ávido de nuevas
formas y lenguajes.
Desde su
inauguración
frente a la Giralda
con un espectáculo
de altura
de la compañía
argentina Puja!,
síntesis de teatro,
música y circo,
casi un centenar
de espectáculos
han derribado la
cuarta pared a
base de cuerpos,
historias, risas y
sueños, demostrando
que el teatro
no es un fetiche
cultural, sino
una forma de ver
y entender la
vida. Una vez
más, Sevilla se
ha quedado con
los ojos abiertos
y las palmas
enrojecidas.

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