LITERATURA
Roig en plural, un aliciente para leerla

Desde la reflexión de tres de sus lectoras, buceamos en algunas de las
constantes de los textos de la autora de ‘El tiempo de las cerezas’.

02/12/11 · 8:00
Edición impresa

Ahora que se cumplen 20 años
de la muerte de Montserrat Roig
vuelven a aflorar las etiquetas
sobre este personaje. Feminista,
antifeminista, marxista, demasiado
de derechas, demasiado
de izquierdas, demasiado carca,
demasiado nacionalista, poco
catalanista, provocadora... Los
intentos de encasillar a Roig no
han cesado todavía. Frente a tales
simplificaciones, ella aludía
a la definición que le dedicó
Joan Fuster, según la cuál la autora
no era catalanista sino catalana
y no era feminista sino mujer,
aunque políticamente sí que
tendía amarxista.

Lejos de dichas clasificaciones,
nos presentamos como lectoras
de Montserrat Roig con el
afán de compartir los caminos
personales que nos han llevado
a ella y los itinerarios que ella
nos abrió.

Su laboratorio es la
realidad, y su empeño
por retratar su tiempo se
complementa con una
extrema curiosidad

El temps de les cireres [El
tiempo de las cerezas
] es una
buena manera de introducirse
en la obra de Roig. Es una de
las cinco novelas realistas en
que la escritora se convierte en
testimonio de la desintegración
de la burguesía barcelonesa. La
decadencia es una constante
en estas novelas, en las que
también circulan personajes de
la generación de los años ‘60,
personajes que quisieron cambiar
el mundo y ahora, anclados
en la utopía, son incapaces
de vivir el presente por culpa
de una nostalgia feroz. Estas
novelas, igual que sus relatos,
construyen un mundo coherente
y bien ligado, y la convierten
en una fabuladora espléndida,
capaz de reelaborar
y preservar una época.

El laboratorio de Montserrat
Roig es la realidad, y su empeño
por retratar su tiempo se
complementa con una extrema
curiosidad. “Soy inocente, todo
me sorprende”, confesaba.
Ante sus obras, tanto en los géneros
periodísticos como en los
de ficción, fascina la capacidad
de sorpresa de Roig, propia del
mejor periodismo. Joaquim
Molas describe sus reportajes:
“descripción sin retoques, bruta
como sale, casi espontáneamente,
de las fuentes”.

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Las fuentes de Roig hablan,
y ella se convierte a su vez en
un “testimonio”, tal como definía
Ernesto Sábato a las personas
que escriben. Es esa necesidad
de recoger las voces
de los deportados la que nos
lleva ante el ejemplo magistral
de Roig, Els catalans als
camps nazis
(1977), en donde cultiva el género de la entrevista
en toda su potencialidad.
No es baladí su interés por los
relatos de las personas mayores,
por ser testimonios del
horror personal y colectivo y
por tener muchas cosas que
contar. A través del libro, ella
se sorprendió, y nos sorprendió,
al descubrir tal cantidad
de catalanes que pasaron por
los campos de exterminio del
nazismo.

Su estilo a la hora de contar
es extremadamente detallista,
personal, empático y sus aportaciones
autobiográficas están
presentes a menudo. Roig era
“sensible a las historias pequeñas
de la gente”, decía Ignasi
Riera, que retrataba con detalle
y la elegancia de quien sabe escuchar
más que hablar. Como
dijo Manuel Ibáñez Escofet,
más que entrevistas Roig “hace
hábiles provocaciones al monólogo”.
Así lo demostró en las
entrevistas para el circuito catalán
de TVE, del programa
Personatges, en algunos casos
vetadas en su tiempo, y en los
libros donde publicó más de
ellas, Personatges y Retrats paral
·lels
. Su aparición en televisión
destaca otra vez por su valentía
de utilizarla en pleno tardofranquismo,
en un momento
en que los intelectuales de izquierdas
consideran este medio
como un mero instrumento
de control social.

Más que entrevistas,
Montserrat Roig “hace
hábiles provocaciones al
monólogo”, en palabras
de Ibáñez Escofet

A los 10 años de la muerte de
Montserrat Roig, el periodista
Joan Barril recordó cómo el
mismo día que se conocieron,
ella se sorprendió de que Barril
ya escribiera con un Amstrad y
le propuso, directa y sin reparos,
acompañarlo hasta su casa
para que le enseñara su funcionamiento.

Una enamoradissa

Ella se tildaba a si misma de
“enamoradissa” de muchas
cosas, que en catalán describe
aquella persona que tiene tendencia
a apasionarse constantemente.
El amor y el fracaso
son dos temas clave en una de
sus obras de ficción más íntima,
L’hora violeta (1980). Como lectoras
la descubrimos en momentos
de reflexión personal y
vital, un hecho que solo hizo amplificar
su carácter introspectivo
y psicológico, de viaje hacia el
interior. Es una obra que presenta
el universo conectado de
tres mujeres que experimentan
el fracaso frente al hombre-padre,
el hombre-cerebro, el hombre
como ideal romántico. En
esta obra hay rencor, angustia
vital, pero también aparece la
reivindicación de la memoria,
de la importancia de asimilar el
pasado y de interpretar la vida
con una mirada propia.

En el momento de escribir este
texto, tan rojo como hemos
podido, el nuevo panorama del
poder en España se tiñe de azul
intenso. No podemos sino preguntarnos
si estamos repitiendo,
de nuevo, un error histórico. En
el proceso de investigación y redacción
de Els catalans als
camps nazis
, Roig no se limitó a
la recolección de testimonios,
supo añadir un por qué. Decía
que el nazismo no es fruto de
una época, sino que es una cosa
cíclica que se transforma y vuelve
a aparecer, “es como el huevo
de la serpiente: se reproduce
constantemente, es una forma
de concebir el mundo”.

SI ME NECESITAS, SILBA

Por David Fernández

'Els catalans als...'

Obra de referencia, pionera en el rescate de la memoria y precursora en la
ruptura del silencio impuesto, devenida clásico imprescindible. Combinando
periodismo de investigación y compromiso histórico, se documenta el destino trágico -derrota, exilio, muerte o deportación- de los más de 2.000
republicanos de los Pa_Øsos Catalans que sucumbieron o resistieron los campos de exterminio. Con el valor intrínseco del testimonio, Roig recupera la voz y la experiencia de los deportados, sin olvidar la implicación del cuñadísimo Serrano Suñer en su final, y desciende al horror-infierno del espectral universo de los campos nazis, descodificando insondables miradas perdidas.

'Digues que m'estimes encara…'

Ensayo que recopila artículos y reflexiones sobre el oficio de escribir -«me
invento el tiempo que no se acaba»-, donde Montserrat Roig ahonda en la
memoria personal y colectiva como recurso vital, la insatisfacción sobre la
propia obra, la cartografía geográfica de su ciudad literaria indefectiblemente
Barcelona y el barrio de l'Eixample- y la evolución de la vida cotidiana de
las mujeres en paralelo a la mutación de lo urbano barcelonés. La realidad
como inspiración, la recuperación del relato de personas condenadas al anonimato o la cuestión de la creación creativa en un mundo de cánones masculinos y masculinizados revelan sus inquietudes vitales y literarias. Allí
donde vivir y escribir se fusionan y evocan su universo singular y particular.
Vázquez Montalbán sintetizó que «Roig hacía servir el sentimiento como un instrumento de conocimiento tan válido como la razón o, en todo caso, necesariamente complementario».

'Diari d'uns anys'

Selección de artículos periodísticos de Montserrat Roig que compila escritos
publicados en diversos medios entre 1975 y 1981. El conjunto deviene una
particular crónica revisitada del final de la dictadura, el inicio de la transición
y el cúmulo de renuncias explícitas e implícitas que incorporó. El editor
Josep María Castellet categorizó que «la madurez de su pensamiento y obra se basan en la preocupación por el mantenimiento de la memoria como
recuperación de la historia de la humanidad y de los individuos que la
componen». Ella que un día nos aclaró bien aclarado que «dicen que todo
eso es ser roja y separatista y yo sólo soy una chica bien educada».

'El temps de les cireres'

Retablo hiperrealista de la sociedad catalana bajo el Franquismo, del colapso personal y colectivo que generó la(s) represión(es) y de las densas frustraciones acumuladas, narradas siempre desde la polifonía de la vida cotidiana de mujeres que sobreviven. En particular, exilio exterior y interior, desde la mirada de Natalia, la protagonista que, regresando a Barcelona tras 12 años en Londres, tiene que reinterpretar y entender su país. Concebida a modo de particular trilogía feminista junto a las obras Adéu Ramona (1972) y L'hora violeta (1980), en todas ellas se abordan las contradicciones, fracasos y renuncias de mujeres de tres generaciones diferentes. En un abierto alegato emancipatorio, construido sobre preguntas
más que sobre respuestas, donde se vindica la propia mirada, con los propios ojos y sin filtros ajenos, como alternativa para seguir con los pies en el suelo y la esperanza intacta. Esperando el tiempo de las cerezas.

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