DOCUMENTALES QUE REFLEXIONAN SOBRE LA HISTORIA RECIENTE
Reescribir la memoria heredada

Tras el olvido impuesto por la Transición, proliferan las iniciativas
culturales que buscan la recuperación de la memoria histórica.
Conversamos con los directores de tres documentales que reflexionan
sobre el pasado reciente -‘Presos del silencio’, ‘Sanfermines 78’ y ‘Entre el
dictador y yo’- sobre cómo reescribir una historia cargada de silencios.

08/05/06 · 15:15
Edición impresa
JPG - 55.1 KB
LA CONVULSA TRANSICIÓN. Una imagen de ‘Sanfermines 78’, tras la entrada de la policía en la plaza de toros, que se saldó con 150 heridos y un muerto.

Estos tres documentales,
aparentemente
diversos, están atravesados
por el hilo
común que une la Guerra
Civil, la Transición y la actualidad,
y por la voluntad de
ofrecer una visión crítica de
lo sucedido. Más allá de homenajear
a los vencidos, recuperando
su punto de vista,
llaman la atención sobre las
heridas no cerradas, rescatando
hechos de la memoria
colectiva o personal que se
tratan de relegar al olvido.
Otro punto en común: sus directores
pertenecen a la generación
de los que eran niños
cuando Franco murió o
nacieron poco después.

Presos del silencio, de Mariano
Agudo y Eduardo Montero,
es el que se remonta más
lejos, para dar la voz a presos
republicanos y sus familiares,
que rememoran el trabajo forzado
al que fueron obligados
para construir el Canal del
Bajo Guadalquivir en Sevilla.
Un hecho que los directores
conocieron gracias a un grupo
de investigadores que publicó
el libro El canal de los
presos (Crítica). El documental
recoge lo sucedido a través
de los “testimonios de personas
que pasaron por la más
feroz represión franquista de
la guerra y la posguerra”, según
Eduardo Montero, y que
cuentan “los trabajos forzados
del preso y la doble humillación
sufrida por las mujeres
de los presos en la calle”. El
documental hace un recorrido
desde la guerra hasta la actualidad,
y permite recuperar
una historia que había permanecido
en el olvido. Como señala
Eduardo, para los protagonistas
“fue un desahogo poder
contar en voz alta lo que
sólo y de manera puntual y
extraordinaria se había transmitido
en el núcleo familiar”.
José Ángel Jiménez y Juan
Gautier nos llevan con Sanfermines
78 al 8 de julio de 1978,
en plena transición, cuando
las fiestas de Sanfermines se
interrumpieron tras la entrada
de la policía a la plaza de
toros para reprimir una protesta
que dejó 150 heridos y la
vida de Germán Rodríguez.
Como señala José Ángel
Jiménez, “el manto de la transición
cubrió el suceso y se
convirtió en uno de esos temas
de los que es mejor no
hablar”. El documental hace
además un retrato del contexto
social de la época, en la que
“además del conflicto social,
se estaba gestando un conflicto
identitario. La población
navarra estaba dividida ante
la posibilidad de pasar a formar
parte de la autonomía
vasca” y la Constitución estaba
en fase de redacción. Tras
25 años del suceso, Jiménez y
su codirector Juan Gautier deciden
empezar a grabar testimonios:
“hemos querido saber
qué pasó realmente, dirigiéndonos
a los protagonistas
para, con sus recuerdos, reconstruir
lo sucedido”.

Entre el dictador y yo surge
a iniciativa del Memorial Democratic,
una institución de
la Generalitat de Cataluña,
para impulsar un debate sobre
la figura de Franco. La
apuesta es diferente: un documental
hecho por jóvenes que
nacieron desde 1975, y cuyo
punto de partida sea la pregunta:
“¿Cuándo fue la primera
vez que oíste hablar de
Franco?”. El resultado son
seis cortos personales, que
parten de diferentes anécdotas
para indagar en la imbricación
entre memoria social y
subjetiva y que, según Sandra
Ruesga, una de las directoras,
casi sin darse cuenta, llegan a
una conclusión común: “todos
veníamos a decir lo mismo,
que no nos han contado
mucho del tema, y que en realidad
nunca nos había interesado
demasiado. Después de
la sorpresa inicial nos dimos
cuenta que, sin buscarlo, era
algo bastante significativo”.
La propia Sandra decidió centrarse
en “cómo era posible
que hasta que no he sido muy
mayor no me he dado cuenta
de que Franco ha sido un
cruento dictador”. Así, sobre
un fondo de imágenes de vídeos
en súper 8 en los que se
ven las visitas familiares a lugares
como el Valle de los
Caídos, oímos la voz de la directora
que interroga a sus
padres en una conversación
telefónica. “Pensé que iba a
ser un tema un poco tabú, que
me iban a contestar con algo
tipo ‘para qué quieres remover
el pasado”. Y mi sorpresa
fue que me contestaron abiertamente,
que para ellos era
una opción del todo consciente el criarme en el desconocimiento
de esa parte
de su / mi historia”.

Versiones de la historia

Las tres iniciativas participan
de una corriente en auge, la
de proyectos -editoriales, audiovisuales... -
sobre memoria
histórica, para los que, en
palabras de Eduardo, “recuperar
estos capítulos de guerra
y posguerra son esfuerzos
que contribuyen a escribir y
reescribir la historia que nos
negaron y silenciaron, a identificarnos
con nuestros orígenes
político-sociales, a la vez
que dignificar a los represaliados
que aún viven y a sus
familiares”. El proceso de
olvido que se impuso en la
Transición ha hecho que ahora
estalle una demanda social
por conocer lo sucedido y por
contar la historia desde el
punto de vista de los vencidos,
impulsada por un movimiento
“nacido desde asociaciones,
colectivos, familiares
de represaliados y organizaciones
sociales, que son sin
lugar a duda los que impulsaron
esta labor reivindicativa
contra la desmemoria”, apunta
Eduardo. José Ángel señala
que “hay una necesidad de
recobrar la memoria de lo sucedido
y mucha de la ilusión
que había en aquella época”.
Sandra coincide: “aún hay
tantas lagunas e historias por
conocer, y sobre todo por corregir.
Porque de muchas cosas
sólo han prevalecido las
‘versiones oficiales’, y así nos
va”. “Los vencidos por fin ven
que pueden hablar sin miedo
y que se empieza a reconocer
abiertamente su lucha y su
sufrimiento, después de todos
estos años de haber sido
silenciados”.

Sin embargo, hay quienes
alertan contra algunas de estas
iniciativas, que construyen
un relato indulgente y amable
de lo sucedido. Como advierte
el escritor Isaac Rosa en El
vano ayer, nos enfrentamos a
“la corrupción de la memoria
histórica mediante su definitiva
sustitución por una repugnante
nostalgia”. En un reciente
especial de La Vanguardia
sobre los 30 años de
la muerte de Franco, Rosa se
lamentaba de que en la actualidad
está “controlada la demanda
social de memoria
mediante el consumo de clichés
televisivos y una enorme
producción editorial que satisface
el interés por el pasado
sin incomodar a nadie”.
Como señalaba ahí mismo el
escritor Francesc Marc Álvaro,
“el mito oficial de la transición
democrática permanece
intocable desde que se forjó a
conciencia entre 1975 y 1982.
Ese relato plano y sin memoria,
que sirvió para que mis
padres aterrizaran en la democracia
sin tanto miedo, se
ha convertido hoy en un
cuento obsoleto que no tiene
nada que ver con nuestro
presente”.

¿Cómo salir de ese relato
estereotípico? Para Sandra,
“es necesario empezar a
destruir los mitos de la Transición
y cuestionar con otras
visiones lo que nos han contado
hasta ahora”. José Ángel
lo tiene claro: “ha pasado suficiente
tiempo como para
desmitificar un poco esa transición.
Si miras hacia atrás te
das cuenta de que hubo que
hacer muchas cesiones por
parte de todos, pero que la izquierda
particularmente tuvo
que olvidar mucho, no sólo lo
que había pasado en la Guerra
Civil, sino mucho de lo que
estaba pasando en las calles
en esos días”. Según Eduardo,
“la generación que nos antecede
aceptó como un mal
menor las condiciones de la
extrema derecha y los militares;
los mismos sectores reaccionarios
que dieron el golpe
en el 36 impusieron la transición
inmodélica de la que disfrutamos.
Ellos nunca van a
reconocer el daño que han
causado a los perdedores de
la guerra y a la democracia.
Como a estas alturas no van a
rectificar, no nos queda otra
opción que ser nosotros los
que dignifiquemos las luchas
y las injusticias vividas por
nuestros abuelos”.

De alguna manera, todos se
enfrentan al reto de reescribir
la historia oficial, una tarea
ineludible para, en la palabras
de Alvaró, “no ser prisioneros
de aquella excepcionalidad
trufada de temores, amenazas,
silencios, tutelas, chantajes,
ignorancias y tristezas”.

FICHA TÉCNICA

¬_ Presos del silencio (2004), de
Mariano Agudo y Eduardo Montero.
Premio Eurodoc en el Festival
de cine de Sevilla.
[Ir a intermedia->intermedia@interbook.es]

¬_ Sanfermines 78 (2005), de José
Ángel Jiménez y Juan Gautier.
Premio CÁDIZ.DOC a la mejor
dirección de largometraje documental.
[Ir a sanfermines78->www.sanfermines78.com]

¬_ Entre el dictador y yo (2005), de
Juan A. Barrero, Guillem López,
Sandra Ruesga, Elia Urquiza,
Raúl Cuevas y Mónica Rovira.
[Ir a entreeldictadoryyo->www.entreeldictadoryyo.com]

LA RESPONSABILIDAD DE UNA GENERACIÓN JOVEN

Mucha de la producción editorial y
cinematográfica más incómoda sobre
memoria histórica proviene justamente
de los que que eran niños
cuando murió Franco, o nacieron poco
después. ¿Quizás esta generación
siente la responsabilidad de recuperar
la historia que sus mayores
quisieron olvidar? Según Eduardo,
«somos de una generación que ha
crecido sin miedo y que no está hipotecada
por la Transición y su proyecto
de olvido, y hemos querido
aportar nuestro granito de arena para
saldar la deuda que la sociedad
española tiene con las víctimas del
franquismo». Sandra añade: «Creo
que las generaciones más jóvenes
abordamos esta parte de la historia
sin ese lastre de dolor y sufrimiento
vivido, y eso nos permite afrontar los
hechos con más 'naturalidad' y distancia».
José Ángel contextualiza,
además, esta producción en «un
marco en el que la producción audiovisual
se ha abaratado mucho, y
en el que la gente que antes no podíamos
realizar una producción audiovisual
ahora podemos acceder a
esos medios».

+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador

Tienda El Salto