premio nobel de literatura
Un recuerdo contra Mario Vargas Llosa
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09/10/10 · 15:56
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“… Creí que se habían olvidado de mí…” Con estas palabras, según los periódicos, recibió Mario Vargas Llosa la noticia del Nobel. Y, a medida que las veía repetidas en todos los medios, iba cayendo en la cuenta de que esas eran exactamente las palabras que mejor definían, en efecto, al tipo de escritor e intelectual que Mario Vargas Llosa es; al tiempo que me traían a la memoria, cual madalena proustiana, la causa, las circunstancias y los matices del desencuentro que tuve con él, hace ya algo más de veinte años, en uno de los círculos burgueses de la ciudad italiana de Trieste, a propósito del estreno de su obra Kathie y el hipopótamo, y tras una charla, cuyo título, pensado ahora, resulta más que significativo, "La mentira y su función en la vida y en la literatura"… Y es que, detrás de esas palabras, leídas una y otra vez, volvía a ver a ese escritor e intelectual maniobrero y vergonzante que vi entonces; aquel que abandonó, un día, el compromiso con la escritura y con el desentrañamiento de las auténticas tramas del mundo real, para irse por las ramas, y echarse en manos de la impostura y del lucro –esto es, de la industria literaria y de sus dueños–, y que demandaba –y exigía, desde hacía tiempo ya– el pago definitivo de su servicio, diferido tan incomprensiblemente, para él, y los suyos, en el tiempo. Que, al fin, ha llegado.

Fue en la primavera de 1988, cuando, en efecto, se me presentó la ocasión de encontrarme –e incluso la posibilidad cierta de compartir mesa y mantel– con el autor de Los cachorros, uno de los relatos que más había contribuido, durante mi adolescencia, a atizar esta pasión mía por la escritura; pero también –y al mismo tiempo– la ocasión de enfrentarme al político que acababa de fundar el Frente Democrático (FREDEMO), una amalgama conservadora y neoliberal –entre reaganiana y thatcheriana–, con la que se había enfrentado a Alán García, y con la que trataría de alcanzar, luego, la presidencia peruana, defendiendo un programa político y económico tan radicalmente antisocial, que, de puro rechazo, abriría las puertas, de par en par, a la victoria de un indeseable populista como fue Alberto Fujimori.

Había, pues, mucho de contradictorio y de paradójico en la emoción que me embargaba, mientras me dirigía en automóvil, desde Ljubljana, en cuya universidad trabajaba por esos días, hasta la cercana ciudad de Trieste, acompañado de algunas de mis colegas del Departamento de Lengua española y Literatura. No sabía a qué Vargas Llosa me encontraría, si al extraordinario escritor que tanto me había marcado, o al detestable político neoliberal que había traicionado y traicionaba, de modo tan flagrante, el sentido profundo de su propia escritura, tal como yo la había recibido y comprendido.

Aunque, debo reconocerlo, me sentía más predispuesto a entender y a comprender, que a reconvenir e increpar, a pesar incluso de que la sede inicialmente prevista para la conferencia había sido trasladada desde los locales de la Universidad triestina al de una sociedad cultural burguesa de la ciudad, por el miedo de los organizadores del acto a que le sucediese lo mismo que le había acontecido, unos días antes, en la Universidad de Bolonia, en la que, según me contaron, los profesores y los estudiantes de la misma le habían puesto en más de un brete y dificultad mayúscula con sus insistentes preguntas acerca de su compromiso político y de las nefastas consecuencias que su intervención había tenido finalmente para su país.

Sin embargo, para mi completa decepción y sorpresa, no me encontré con ninguno de los dos, sino con una lamentable especie de híbrido de los dos Vargas Llosa que se arrastró durante más de una hora, ante un auditorio compuesto por esas señoras de abrigo de visón y de collar de perlas, tan típicas de determinados actos de “alta cultura”, por una parte; y unos cuantos profesores –entre los que nos encontrábamos nosotros–, con algún estudiante de español, quizás, perdido entre tanto derroche de piel y de inteligencia, por otra; con un discurso manido y anticuado ya, a esas alturas, sobre el valor genésico de la mentira, sobre la autonomía del arte y de la literatura, y contra el compromiso en la escritura y en el ejercicio de la literatura, que encantó a las primeras, pero que dejó fríos y frustrados a la mayor parte de los segundos.

Mi rabia y frustración, sin embargo, no procedían tanto de lo afectado, de lo superficial y lo manoseado del discurso, sino de ver cómo un gigante de la auténtica literatura se convertía, se había convertido ya definitivamente, delante de mis ojos, en un remedo de sí mismo, en un penoso monstruo de la feria cultural, que trataba, mostrando sus llagas de puntual arrepentido, congraciarse con los amos del circo, pensando ya, estoy seguro, en lo que diría cuando recibiese el premio y la recompensa prometida.

¿Cómo podía pretender aquel hombre que optaba a la presidencia de su país, con el fin de implantar en él las recetas más lesivas y criminales del Fondo Monetario Internacional y de la inteligencia económica neoliberal, pretender que su escritura no estaba ya contaminada por el compromiso? ¿Cómo podía pretender aquel hombre una literatura y un arte desligados de cualquier compromiso con las tensiones y los conflictos que jalonan y constituyen el mundo real? Y esa fue, según recuerdo, mi pregunta…

Cuando se refería al compromiso desbaratador de la literatura y del arte puros –le pregunté–, se estaba refiriendo, por lo que podía deducir, sólo a un tipo de compromiso concreto, el que se dirige a la raíz de los procesos históricos y de los fenómenos, aquel que posibilita una literatura y una escritura críticas: vamos, un compromiso social “de izquierda”, ¿no era eso lo que había dicho? Ya que el compromiso con las élites y con el dinero o el lucro no contamina la literatura; ¿había entendido bien, o no, sus palabras?
Más tarde, una vez finalizado el acto, ese fue también, más o menos, el contenido de la breve conversación que mantuve con él, a las puertas de la institución; que aquel Vargas Llosa que había escuchado hacía un rato, y el contenido de su discurso, eran las razones por las que su escritura había dejado de interesarme a partir de un cierto punto…

Cuestión y actitud, la mía, que juzgó literalmente “extremadamente prejuiciosa”. Huelga decir que finalmente no compartimos mesa y mantel.
Recuerdo también el baboso servilismo de los que lo rodeaban, tan semejante al baboseo mediático de estos días. Sí, así mueren nuestros héroes, entre babas, pero resulta realmente impresionante y doloroso verlos caer delante de ti. A veces, no obstante, percibo destellos del escritor que una vez fue, en su escritura reciente, y me inclino a recuperar entonces la memoria de aquel emocionante y cortante relato que marcó mi actitud frente a la escritura; y me olvido, por un instante, del fantoche que vi en Trieste, o de este patético ser que dice “… Creí que se habían olvidado de mí…”.

Y, mientras redacto esta breve memoria de aquel momento de hace más de veinte años, Oliver Stone, de visita en Madrid, para promocionar su última película, e interlocutor alejado de la general pleitesía hispano/mediática en torno al Nobel, en una entrevista radiofónica, aun reconociendo que es cierto que sólo ha leído en inglés la obra del autor peruano, y que “a lo mejor, quizás por ello, se ha perdido algo”, esboza de él un retrato que representa a la perfección aquella impresión que tuve y que mantengo aún de aquella tarde en Trieste. “… Conocí a Mario, y lo veo torcido, reprimido, conservador y con la mentalidad de las jerarquías que impiden los cambios necesarios en Sudamérica…”, afirma contundente, Stone. “… Pero eso no impide que escriba bien…”, protesta la locutora, con ese tono de rancio y dulzón liberalismo bien pensante, tan sabihondo y tan encantado de conocerse a sí mismo, marca de la casa (de la Ser y del grupo Prisa, en general), que odio hasta el extremo. “… Eso es verdad, pero Vargas Llosa ha construido un lobby, porque es un político, y ha estado planeándolo durante mucho tiempo, no entiendo que no se lo hayan dado a Carlos Fuentes…”, le responde el director norteamericano. Sobran los comentarios. Y compruebo que no son sólo mis prejuicios los que escriben.

* Imagen de portada bajo licencia Creative Commons extraída de http://www.flickr.com/photos/globovision/5060397547/.

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comentarios

11

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    anónima
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    22/04/2011 - 5:34pm
    Excelente su recuerdo personal de Vargas Llosa, alcahuete ilustre de la banca internacional. Defensor a ultranza del neoliberalismo supracapitalista,que no sólo hunde a millones en la indigencia sino que además está llevando al planeta a un holocausto ecológico global. Parafraseando a Shakespeare: se puede escribir muy bien, y seguir escribiendo bien y recibir todos los premios que este mundo hipócrita, vergonzoso y pestilente pueda otorgar, y al mismo tiempo seguir siendo un perfecto cerdo.
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    anónima
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    02/11/2010 - 6:31pm
    100% de acuerdo con el articulo, lamentable caso de decadencia
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    anónima
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    13/10/2010 - 4:59pm
    Totalmente de acuerdo con el articulo , no se puede soportar las alabanzas a semejante individuo al que yo hace tiempo que deje de leer porque me repugna su ideologia que es la misma que llevo a America Latina al desastre economico y a millones de personas a la pobreza y marginacion, y ahora por lo que veo quieren llevar a algunos paises de Europa.
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    anónima
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    12/10/2010 - 9:02pm
    Entonces,¿ es falso que Mario Vargas es un tipo que públicamente ha defendido a personajes como Bush y Aznar y que ideológicamente defiende las posiciones de aquellos que han sembrado la explotación y la ruina en el planeta?. Escribir un artículo de opinión basado en las impresiones personales es ABSOLUTAMENTE legítimo, señor que lo critica. Yo a ese escritor, aunque reconozca que narra muy bien, le tengo prohibida la entrada en mi casa. Para mi, sentarme a leer una novela es un momento de placer que comparto-lo más comodo posible- ritualmente con el autor. Y, sinceramente, soy incapaz de sentarme dos minutos con un facha, si, facha, porque casi no puedo compartir nada con él. ¿Dormir con el enemigo? ¡Venga ya!, cuando él va a estar siempre buscando la forma de machacarme. No, Vargas Llosa, por como piensa, no puede ser una buena persona y no le permito entrar en mi casa. Y menos tomarse un pelotazo sentado en mi sofá mientras que leo lo que ha escrito, según él, para mi.
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    anónima
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    12/10/2010 - 1:22pm
    <p class="spip">Es lamentable desarrollar un artículo de opinión (basado, por otra parte, en impresiones personales y no en argumentos) con el único objetivo de desprestigiar a un artista por el mero hecho de ser <i class="spip">de derechas</i> y de amoldarse al <i class="spip">sistema</i>.</p> <p class="spip">De todos modos, es todavía más lamentable e incluso patético cerrar el artículo citando a un artista al que se le otorga autoridad por ser <i class="spip">de izquierdas</i>, pero que se ha amoldado igualmente y además ha sido multipremiado por un <i class="spip">sistema</i> radicalmente más capitalista y neoliberal que el europeo. Esto es maniqueísmo y demagogia de baratillo.</p>
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    anónima
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    12/10/2010 - 12:44pm
    Manuel, no podrías haberlo expresado mejor
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    anónima
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    11/10/2010 - 9:21pm
    hablar así de las personas es nocivo e induce a la violencia. Leer tu opinión sobre Vargas Llosa no me aportó nada sólo una mancha de rencor en mi alma. Casi parece que escribes en un sótano húmedo y maloliente con la luz de una vela. Sal a la calle a proclamar y convencer a la gente en las plazas, sé constructivo. Tienes el don de escribir. dedicarse a esto, y más en estos foros donde la opinión es unidreccional no sirve de nada.
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    anónima
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    11/10/2010 - 8:18pm
    <p class="spip">Saludos.</p> <p class="spip">Aquí les dejo con otro artículo muy bueno escrito por un compañero peruano sobre M. Vargas Llosa.</p> <p class="spip">http://www.alasbarricadas.org/noticias/?q=node/15374</p> <p class="spip">Gracias.</p> <p class="spip">Carmela A. Cárdenas</p>
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    anónima
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    11/10/2010 - 7:35pm
    Gracias por el artículo. Es un respiro después del concierto laudatorio que hemos tenido que soportar. Al fin y al cabo Vargas Llosa es lo que es: la grotesca ruina de un gran escritor vendido al dinero y a cualquier tipo de poder que mejor lo alimente. Por eso estaban eufóricos los medios de la derecha (y los social-liberales también). Esos son sus héroes.
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    anónima
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    11/10/2010 - 2:02pm
    Me sumo con una pequeña aportación gráfica en el blog que acompaña a estas lineas
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    anónima
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    10/10/2010 - 10:22pm
  • vargas_llosa
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