ENTREVISTA CON EL ARQUITECTO SANTIAGO CIRUGEDA
Recetas urbanas para una ciudad habitable

Cambiemos el entorno urbano desde una perspectiva creativa que tenga en cuenta las necesidades sociales: ésa es la propuesta del arquitecto Santiago Cirugeda. Sus armas: el reciclaje y la reutilización de materiales, la ocupación de espacios abandonados y mucha imaginación.

Texto de I.G.R. y F.C.

18/10/07 · 0:11
Edición impresa

El sevillano Santiago
Cirugeda es un
arquitecto atípico:
mitad activista,
mitad profesional, desarrolla
proyectos originales que
tratan de resolver las carencias
urbanísticas con el
menor coste posible. Cirugeda
consigue crear espacios
para usos sociales
aprovechando los deshechos
urbanos, con una arquitectura
ligera, barata y
flexible. Se trata, en última
instancia, de cuestionar un
modelo de urbanismo y
una arquitectura que no tienen
en cuenta las necesidades
de los ciudadanos.
Frente a ésto, Cirugeda
propone un modelo de ciudad
autogestionada en la
que sus habitantes puedan
tomar decisiones sobre su
entorno.
DIAGONAL: ¿Cómo y qué
impactos crees haber logrado
en el desarrollo urbano?

SANTIAGO CIRUGEDA:
Por un lado, hemos conseguido,
desde Recetas Urbanas
 [1],
que ciertas administraciones
sean sensibles e incluso
propongan ocupaciones
temporales en solares de
propiedad pública mientras
están sin edificar. También
hemos visto que en algunas
políticas culturales y urbanísticas
se empieza asumir
la arquitectura reversible,
temporal y de bajo impacto.
Estamos interviniendo en
edificios vacíos y en desuso,
y proponiendo viviendas en
suelo equipamental.

También veo como algo
positivo los cientos de mails
que he recibido contándome
visiones críticas particulares,
consejos o dudas urbanísticas
y legales, que me
hacen pensar que la gente
podría intervenir y producir
ciertos cambios en la gestión
de lo que nos rodea; de
hecho, creo que lo hacen.
Hay veces que mi colaboración
con estos ciudadanos
pasa por solucionar problemas
concretos, incluso asumiendo
la ilegalidad, una situación
que no me inquieta.

D.: ¿Cómo ves los esfuerzos
de los movimientos sociales
por transformar la
urbe?

S.C.: El trabajo de los movimientos
sociales es fundamental,
por la labor que
desempeñan en temas de
formación, gestión social,
re-información, etc., y que
de maneras muy diferentes
quieren transmitir una visión
crítica y proponer una
ciudad más justa y razonable.

D.: ¿Qué papel crees que debería
tener el arquitecto y,
por ende, la arquitectura?

S.C.: Para mí, un arquitecto
debería buscar situaciones
de gestión novedosas e
independientes, no presentarse
exclusivamente a
concursos y creer que ésa
es la única vía de hacer arquitectura.

Hay que ser
consciente de que las necesidades
y patologías de la
ciudad las definen otros,
los que plantean los concursos,
a los que casi todos
los arquitectos responden
con sus edificios más bonitos
y emblemáticos.
Yo prefiero ponerme en
la posición de los que analizan
el hecho urbano para
proponer. La arquitectura
será mejor cuando se involucre
mucho más en los
problemas sociales y no sea
mero decorador de las ciudades
que finalmente hacen
políticos y promotores.

D.: ¿Qué peso tiene el conocimiento
de las normativas
y del recurso jurídico
en esta posible transformación?

S.C.: Creo que evaluar los
sistemas normativos existentes
y que regulan nuestra
convivencia social es
una labor necesaria, tanto
como arquitecto como ciudadano.
En mi caso, he tenido
que llegar al límite de
la legalidad para plantear
situaciones que mejoren la
participación ciudadana en
el proceso urbano.

La sociedad debe conocer
estos soportes, y dentro
de la profesión también
hay que redefinir las pautas
a través de estos vacíos
legales o propuestas de ordenación.
En Europa tenemos
grandes soportes legales.
Su incumplimiento
produce mucho temor a las
administraciones públicas,
pero hay que replantearse
su buen funcionamiento en
relación a la sociedad que
representa. Curiosamente,
la administración incumple
muchos de los soportes legales
que han redactado.

D.: Planteas la arquitectura
sin arraigo y la autoconstrucción
como una forma
de autogestión. ¿Cómo sería
este modelo de ciudad?

S.C.: Una ciudad que genere
mecanismos de participación
y autogestión, que
produzcan un uso y una actividad
alternativa a los modelos
establecidos, tanto en
el modelo económico como
en el cultural.

Ciertas situaciones sociales
se alimentan o se facilitan
a través de estrategias
urbanas o construcciones
arquitectónicas. La
arquitectura, a parte de
poder producir el destrozo
territorial y paisajístico de
una ciudad, también tiene
capacidad técnica y de
gestión para producir situaciones
reversibles, de
reuso, de tiempo limitado,
capaces de dar vida con
pocos recursos a situaciones
de abandono o degradación.

Por ejemplo, soluciones
técnicas como las que estamos
produciendo para la
construcción de viviendas
ilegales facilitan que gente
inexperta pueda construirse
una vivienda digna.
Me gusta llamar a los
ejemplos que ya hemos realizado
‘jurisprudencias
construidas’, ya que sirven
para que políticos y técnicos
reconozcan que nuestra
capacidad como ciudadanos
va más allá del conformismo
y la pasividad.
Que somos los que podemos
generar una opción
diferente a la vida urbana
de una ciudad que está
marcada por la economía
y por una cultura que normalmente
la acompaña
dócilmente.


EL AUGE DE LA ARQUITECTURA ESPECTÁCULO

D.: Cada vez es más frecuente que los grandes desarrollos urbanísticos vengan acompañados de proyectos y despliegues culturales: el Macba y la reforma del barrio gótico en  Barcelona, el eje Museo del Prado-Reina Sofia- Matadero en Madrid, el Guggenheim en Bilbao, etc. ¿Cómo intervenir en estos procesos? La arquitectura que planteas, ¿puede acabar siendo integrada como producto cultural?

S.C.: Plantear que la
cultura no genere economía
es interesante,
pero bastante alejado
de la realidad. El problema
viene cuando
el desarrollo de cierto
tipo de cultura agota
los presupuestos
públicos y no escucha
ni apoya otro
tipo de manifestaciones
fuera del oficialismo
político.

Muchos de esos proyectos
son simples
intentos de mostrar a
la ciudadanía que a
través de una arquitectura
espectacular
se mejora una ciudad,
cuando los problemas
de la misma son más
complejos y requieren
una intervención a
nivel global. En
la actualidad,
podemos
verificar
que en el
hipercapitalismo
en el que vivimos
hay multitud de
ejemplos frívolos y
estúpidos de una
arquitectura que es
la imagen perfecta
de esta época.
Yo planteo y hago
diferentes opciones
arquitectónicas, unas
al margen de la legalidad
o de las instituciones,
y otras pactando
con ellas. El trato
con las instituciones
hace que ellas se validen
por mi trabajo,
pero yo a cambio
pretendo que esa
institución sea más
abierta y tenga
más capacidad de
intercambio social.

[1] recetasurbanas.net

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