EL HIP HOP COMO VEHÍCULO DE EXPRESIÓN DE LA VIDA EN EL GUETO
Rap, lenguaje de las multitudes

¿Por qué el rap sirve de lenguaje comunicativo y expresión entre las clases populares? Reconstruimos su viaje desde EE UU a los barrios populares de todo el planeta.

04/09/08 · 0:00

Esta música surgida
en los barrios degradados
de Nueva
York, allá por los ‘80,
emergió como vía de escape
y protesta de los jóvenes negros,
para años más tarde expandirse
entre los desheredados
de gran parte del planeta.
Estos artistas de lo efímero
aportan con la cultura
del hip hop un vasto conocimiento
social, tanto a través
de las artes empleadas, como
por el ingenio que desprenden
sus actos de supervivencia.

Son virtuosos sin obra,
necesitan de la presencia de
otros para desarrollar su cultura;
muchos de sus discos y
canciones se diluyen al ritmo
que surgen temas nuevos,
sus graffitis duran hasta que
las paredes son limpiadas o
recubiertas por uno nuevo, y
el crip walk, con sus increíbles
juegos de piernas y manos,
sólo es apreciable in situ,
después desaparece.

Su cara más conocida y divulgada
se centra en la exaltación
de la violencia pandillera,
la adoración del dinero
y la vejación de las mujeres,
es el llamado gangsta rap. Su
razón de ser se marca en un
contexto postindustrial, donde
la retirada total del poco
Estado social urbano y el aumento
masivo del desempleo
obligaron a los jóvenes a observar
cómo funcionaban los
mecanismos de relación capitalistas.
De esta forma crearon
su propia empresa en
torno a las drogas, que les sirvió
de sostén económico, a la
par que la comunidad fue
condenada a la violencia pandémica
como consecuencia
de los enfrentamientos entre
bandas, dejando tras de sí un
reguero continuo de muertos.

Si el soul nació en un contexto
de opresión, pero encontró
en el gueto un ‘estar
en casa’ gracias a las distintas
redes sociales que permitían
a la población negra reconocerse
como raza, como
sujeto unido, el hipergueto
del siglo XXI se rodea de soledad,
ruptura y encarnación
del capitalismo de calle más
salvaje. El rap habla del miedo
rutinario que implica el tedio
de la vida, la desesperación
enfrascada en la necesidad
de transmitir que son duros
frente a una realidad tétrica
que asfixia sin pausa y
consume la vida.

Pero existen momentos en
los que la contradicción entre
vivir en una posición apartada
de toda inclusión social y
el sueño americano al que todos
aspiran estalla contra un
sistema de control que les hace
caer en el olvido. Arrasando
y quemando toda estructura
estable, mostrando
su cara más nihilista y destructiva
que sólo es equiparable
a su desesperación y frustración
existencial. Se desdibujan
las diferencias que les
enfrentan por ser de otra banda,
o por ser chicanos o negros,
agregando lo múltiple a
la unidad, lo plural en lo singular,
formando una verdadera
multitud que apunta, a
veces sin saberlo, al corazón
del mando capitalista.

Renacen los colonizados
de Franz Fanon en Los condenados
de la tierra, que sólo
a través de la violencia encuentran
la llave para su liberación
y saneamiento interno,
volviendo a formar parte
de algo, de un nosotros, reconociéndose
de nuevo al correr
juntos entre las llamaradas
que alumbran las calles.
El rap es el carruaje perfecto
como expresión cultural de
esa contradicción que supone
la vida en el gueto, entre el
dinero y el poder ansiado y la
podredumbre de sus vidas.

Sumándose al legado que
roció el reggae tras los ‘70 en
África, Europa y EE UU, y de
la contribución de todo el movimiento
del nacionalismo
negro, surgen proyectos que
pretenden dar forma política
a la rabia de los jóvenes de las
zonas abandonadas. Los
RBG (Revolutionary But
Gangsta) compuestos por
distintos grupos, entre los
que destacan Dead Prez o
Alikes, fusionan esa imagen
de chungo de barrio con un
contenido altamente revolucionario,
idolatran las armas
pero no para matarse entre
ellos, sino aludiendo a aquellas
patrullas de alarma policial
que constituían las
Panteras negras allá por los
‘70, cuyo fin era la protección
de la comunidad frente a la
invasión y vejación policial.
El artista y activista político
que en los últimos años levanta
más ampollas es un peruano
afincado en Harlem
que se hace llamar Inmortal
Technique; el mejor ejemplo
de que puede surgir buen rap
de abajo, bien duro y violento,
pero concienciado y político,
enfrentado constantemente
a la lógica individual y
mercantil que ilusiona a muchos
jóvenes del gueto, cuya
imagen de ‘artista’ se refleja
en individuos como 50 cent.

Rap y metrópolis son elementos
indisociables que
junto a la hermandad que les
une al new roots y dancehall
jamaicanos, con artistas como
Bounty Killa y Sizzla,
constituyen la voz del gueto,
de los sufridores, reproduciendo
a las poblaciones esclavizadas
de antaño cuyo canal
de expresión pública se
reducía a la música, síntoma
de que se encontraban vivos
y así no caían en el olvido. En
2008 nos encontramos con
las mismas necesidades: para
algunos la vida no ha mejorado
mucho.

HIP HOP GLOBAL

En un mundo globalizado el rap traduce la vivencia de los más desgraciados y olvidados constituyendo un pilar en la identidad de los jóvenes urbanos. Allá donde existe la densidad de la metrópolis surge esta cultura urbana adaptada en cada caso a los márgenes coyunturales de su realidad nacional. El rap en francés adquiere una imagen y un estilo propio entre los jóvenes de las banlieues claramente diferenciada del modelo de East Coast o West Coast, pero expresa sentimientos similares. En África se extiende como la pólvora: ya sea en Kenia, Sudáfrica o Ghana, los jóvenes deciden hacer suya esta cultura, yendo desde el modelo más americano, como se da en Sudáfrica con grupos como Prophets of da city, hasta la hibridación con elementos africanistas como el swahili hip hop de X Plastaz, originarios de Tanzania.

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