Quinqui sound (vieja y nueva escuela)

¿Existe la música de los quinquis? Más allá de que la rumba glosase la vida de estos héroes bandarras, la necesidad de un ritmo está vigente en cualquier ambiente en el que palos y bardeos impongan sus reglas.

, Es escritor.
09/09/09 · 0:00
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¿Música quinqui? Como sucede
 con los mods (perdón por la
 comparación, amigos de las vespas),
la música quinqui no existe.
 Su canon lo conforman una
 serie de estilos que, sea por temática
 o por popularidad en los
 barrios donde proliferaban los
quinquis, eran escuchados por
 los amigos del bardeo y el tirón
 (y el ocasional chino de “burro
viejo”). Si nos preguntan ustedes
 a los nacidos en el extrarradio
 barcelonés entre 1969-1973
 (es decir, los que pasamos la infancia
justo en medio de los ‘70),
era más que probable que aquellos
 tíos aceitunados que venían
a los solares a robarnos los cromos
de Galactica fuesen tan
 fans de Accept y Obús como de
 Los Chunguitos.
¿Quiere decir
 eso que el hard-rock era música
 quinqui? No exactamente. Simplemente
 que sus usuarios se
 conectaban a unos estereotipos
 de marginalidad, delincuencia y
 rebeldía de clase que estaban
expuestos tanto en las canciones
 de Barón Rojo como en Los
 Chichos.

En la Inglaterra de los
primeros ‘70, por exponer un
 ejemplo foráneo de lo mismo, la
música más usada por aquellos
 hardies y skinheads que iban pegando
 palos con despreocupación
eran el glam rock y el reggae.
Y en el ambiente casual
futbolero inglés de 1981, el garrulo
 demenciado que estaba a
punto de hincarle a aquel otro el
 cutter en la ceja era casi seguro
 fan de Joy Division o Jam. Eso
 no hace al reggae o al post-punk
 música quinqui; simplemente
hay que comprender que –al
 contrario de lo que sucede en
 ambientes estudiantiles de clase
media– en entornos marginales,
 subculturales y de clase obrera,
la música es algo que es ‘usado’
más que ‘contemplado’.
Utilizas
 esa música para ambientar o acceder
 a otras cosas: al placer del
 baile, del fuki-fuki, del asalto a
 una licorería o del pegar puñetazos
en caras, dependiendo del
 momento.

Los quinquis españoles de
 los primeros ‘70, por tanto, utilizaban
la rumba delincuente
 porque pintaba con realismo,
 sin moralina y utilizando palabras
de la calle un paisaje de
 drogadicción, entradas-salidas
 del talego y traiciones del corazón. Este tipo de rumba es,
 ciertamente, música quinqui,
 sólo que de una época y lugar
 muy determinados. Imagino
 que para el cholo actual y su
mundo de tuning, pastis, bermudas
 pirata de colorido fulgor,
pirsin (piercings), full boxing,
 perros feroces y enrevesados
tatuajes sub-polinesios,
la rumba quinqui-funk de 1976
 no tiene vigencia alguna. El
 mundo del nuevo quinqui requiere
 otro tipo de sonido para
 ambientar sus algaradas de insomne
fin de semana;
mákina,
 preferiblemente, o como se llame
 su equivalente de hace
 unos meses. Algo ultra-rápido,
 sin letra potencialmente distractora,
 que acelere el corazón
y nuble los sentidos y le
 ponga a uno sediento de sangre
 y vehículos ajenos.

Dicho todo esto, tras visionar
unos cuantos vídeos de Los
 Chichos y Los Chunguitos en
YouTube, sí he de admitir que
 sus intérpretes se parecen peligrosamente
a aquellos manguis
 que venían –armados de
palos con clavos y el puntual
 cortauñas– a sustraer nuestras
 bicis y balones en el extrarradio
de los ‘70. De hecho, si uno
obvia los trajes plateados de
Troggs aeronautas que manejan,
 podrían ser ellos. El Jero,
el Titi, el Piyi y el Nino (me los
invento), todos con sus coloridos
 nombres calis de El día del
 Watusi.
Y tiene toda la lógica
 del mundo que un amigo de lo
 ajeno y los opiáceos en 1977 escuchara
 La Cachimba o Quiero
ser libre
de Los Chichos, o esa
 ranchera-punk de letra explícita
 que es El pasota en Benidorm
 de El Payo Juan Manuel,
 con su protagonista poniéndose
 to’ciego de hiroína y micropuntos
 en Benidor. Esto es, sin
duda, sonido quinqui; sólo que
 anticuado. Ahora los tiempos
 son otros, y seguro que únicamente
la vieja guardia de granaditos
 expresidiarios quinquis
 se mantiene fiel a la rumba
old skool. Por lo que respecta
 a las nuevas generaciones
cholas, es probable que el nota
 que se nos acerca con aviesas
 intenciones en un callejón esté
 escuchando mismamente jau
 (house).
¿No oyen, el retumbar
 de los bajos? Ese es el nuevo
 tambor de guerra quinqui. Al
 loro con él.


TOP QUINQUI

PACO PASCUAL. Promotor Musical y DJ

1- Los Chichos, La Cachimba. Una
historia de amor no correspondida
 sobrellevada a base de costo y con
 quizá uno de los mejores breaks funk
 de la música quinqui.

2- El Pelos, Sr. Juez. El quinqui
 siempre sufre en sus carnes las
injusticias de un sistema judicial que
 no comprende por qué la sociedad les
 lleva a ser lo que son, un alegato final
 con posiblemente la letra más políticamente
incorrecta que jamás se haya
 escrito.

3- Los Calis, Heroína. Y la heroína
 mostró su cara más amarga, y los
músicos les dijeron a los quinquis lo
 mala que era. Aunque viendo el resultado
a estas alturas, o la didáctica de
 estas canciones no calaron o los quinquis
no supieron verle el sentido a las
 letras. El Lp donde venía este tema
vendió cerca de un millón de copias ,
me río yo de los superventas de ahora.

4- Los Utrera, Prisionero de la Droga. Un testimonio de primera
 mano para explicarnos las consecuencias
de la maldita droga en el quinqui.
 Mucho sufrimiento, lágrimas y jóvenes
cuerpos arruinados.

5- Tony El Gitano, La droga. La
 mejor droga es el amor, o eso
 pretende decirle Tony el Gitano en
 esta composición que va dirigida a la
juventud, esa juventud buena a la que
 no se le dan oportunidades sólo por
 cometer el delito de ser joven. Di no a
 la heroína que es muy mala y te arruina la vida.

6- El Payo Juan Manuel, El Protector.
El oficio de proxeneta alcanza
 un raro lirismo, si se hace de la
forma en que lo desarrolla el Sr. Micalet,
 protagonista de esta alegre tonadilla que nos muestra que el mundo de
 la prostitución puede llevar al retiro
 temprano y encima dejar que la descendencia
 se haga cargo del negocio.

7- Bordón 4, Paso de lo que digan.
Un alegato a la libertad, bueno
más bien, al hago lo que me da la
gana, lo que viene siendo salir de
 copas, alternar, levantarse algún 1.430
y demás tareas que todo buen quinqui
 debe de realizar, y que por su puesto, le impiden ganarse la vida honradamente.

8- El fary, La Mandanga. La
heroína mala, pero los
porros… los porros no, todo lo contrario,
 es una cosa muy moderna de
la juventud. O eso decía el mismísimo
Fary en esta coplilla con base
disco allá por los ‘70. Esto es provocación,
 no ponerse una cresta de
 colores o un imperdible. Un tema
 del que él mismo llegó a renegar
cuando se hizo mayor.

9- Tony el Gitano, Mossos d’Esquadra.
El mayor enemigo del quinqui,
la pestañí. Y aunque la dictadura
terminó y los cuerpos de seguridad
 del Estado parece que se democratizaron,
el quinqui sabe que no, que
aunque la mona se vista de seda…
Aquí encontramos un singular relato
 del pavor y la ruina que al quinqui le
producen la más sola mención del
nombre de cualquiera de uno los
 cuerpos seguridad.

10- El Pelos y Los Marus, El Legionario. De los tiempos
 en que la violencia de género era el
 anis nuestro de cada día. Un tema
que nos cuenta como un legionario
 se siente obligado a matar a su
 novia y a su amante por un despecho.
Una truculenta historia que
tiene todos los ingredientes para una
 película, legionarios, burdeles, costo,
desamores, etc.

 

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