ESPECIAL LOS RAMONES
De Queens a la tumba

Varios libros recuerdan a los Ramones, la banda punk que durante décadas buscó el número
uno del billboard, una banda rock que, pese a que sus miembros no se hablaban, nunca se
separó (y por lo tanto nunca se reunificó). Es hora de rendirles el enésimo homenaje.

19/03/10 · 1:24
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En 2003 Nueva York bautizaba
una de sus calles como Joey
Ramone Place y colocaba una
placa con el nombre del cantante,
fallecido en 2001, en el cruce
del Bowery con la segunda, a escasos
metros del lugar en el que
se ubicaba el mítico CBGC, donde
los de Queens dieron sus primeros
pasos. Pocos meses antes,
la industria discográfica había
homenajeado a la banda al completo
al entrar ésta a formar
parte del Rock and Roll Hall of
Fame. Los Ramones, que comenzaron
su andadura en 1974,
se veían por fin reconocidos, con
varios lustros de retraso.

Más de 20 años de música
contra viento y marea en las que
fraguaron un estilo del que se declaran
herederos cientos de grupos,
muchos de ellos más conocidos
por el gran público y con
muchos más discos vendidos.
Ésta es la gran paradoja del completo
contrasentido que fue la carrera
de los padres del punk:
queriendo hacer rock se les encasilló
como los artífices de un
nuevo y desagradable sonido
–para la puritana EE UU–. Y
cuando, a principios de los ‘90,
este sonido fue convenientemente
esterilizado y rentabilizado
por el sistema, en la llamada “segunda
ola punk”, los Ramones
quedaron fuera de la etiqueta.

Al contrario que en la escena
británica, la formación nunca se
expresó contra el establishment,
sino que persiguió incansable el
éxito de ventas, el hit, álbum tras
álbum.

No se produjo tanto una ruptura
con la música precedente
como con la contemporánea, dominada
por una psicodelia que
había perdido el rumbo entre
canciones interminables y egocentrismos
musicales, y que
–como temía Lennon durante la
última etapa de los Beatles– traicionaba
el espíritu del rock.

De hecho, una de las grandes
referencias de Ramones era el
cuarteto de Liverpool, al menos
hasta su colaboración con Brian
Epstein
. Pero, el reflejo de la
gran banda de los ‘60 en los espejos
del Callejón del Gato que
fueron los años ‘70 no era ya el
de los Beatles, sino el de una
panda de desarrapados del extrarradio
neoyorquino, igualmente
uniformados, pero con
chupas de cuero, pantalones rotos,
zapatillas baratas y cara de
mala leche.

Influidos también por el sonido
garage, filtrado desde
Detroit por el blues explosivo
de MC5 y el rock ‘n’ roll salvaje
de Stooges, y desde su propia
ciudad por el glam de New York
Dolls –formación tan legendaria
y underground como ellos mismos–.

Con los Ramones se consolida
un profundo cambio: ya
no hay lugar para superestrellas
ni virtuosos; ahora los protagonistas
de los escenarios son, sin
saber apenas tocar, eternos ‘don
nadie’, chavales de clase mediabaja
de los suburbios de las
grandes ciudades, aquéllos que
con la crisis económica se convierten
habitualmente en carne
de cañón en las junglas de asfalto.
Como reflejo de su tiempo, el
Blitzkrieg bop es el leit motiv de
la banda sonora de una generación
que entró en juego con la
partida ya perdida.

Los Ramones no fueron tan
provocadores en la forma como
Sex Pistols ni tan contundentes
en el contenido como The Clash
pero, si el medio es el mensaje,
la mayoría de sus canciones son
profundamente revolucionarias,
aunque políticamente la banda
sea inclasificable, situada en ese
punto intermedio, tan típico del
pensamiento estadounidense,
entre el ácrata radical y el patriota
conservador; con Joey en la
izquierda y Johnny en la ultraderecha.
Los temas afilados y
breves, simples y directos, rabiosos
y de letras absurdas se convirtieron
en la voz de todos los
perdedores que viven en el patio
trasero del sueño americano.

Uno de los suyos

Pero los ‘70 pasaron, e incluso,
esa rabia de derrota se esfumó
en los años siguientes. Los
Ramones, sin embargo, permanecieron.
No vendían demasiados
discos, los grandes medios
de comunicación pasaban de
ellos, tenían serios problemas
con el alcohol y las drogas, y
prácticamente no se podían ni
ver entre ellos –Joey y Johnny
incluso dejaron de hablarse desde
que la novia de aquél empezóa salir con éste, algo que llevó al
vocalista a escribir The KKK took
my baby away
como venganza–.

Pero aguantaron, a pesar de
todo, hasta 1996, y ésta es otra
de las paradojas que definen a
un grupo cuya mayor virtud era
la autenticidad pero cuyos
miembros cambiaban de nombre
y se escondían tras gafas oscuras.
Como partículas que se
mantienen unidas precisamente
por ser opuestas, la banda era
una apisonadora inamovible e
imparable, donde cualquier
Ramone era tan prescindible como
fundamental: Tommy, el primero
en ejercer como portavoz,
fue también el primero en marcharse;
Johnny, que controlaba
con mano de hierro a sus compañeros,
era quien menos temas
aportaba a los discos; el más inseguro,
Joey, fue quien más coqueteó
con proyectos en solitario;
y Dee Dee, aquel tipo que berreaba
“One, two, three, four”
antes de cada canción y que fue
el principal compositor, incluso
después de marcharse en 1989,
y el alma del grupo para muchos,
era también el paradigma
del yonqui.

Más allá de esta etiqueta, ensalzada
por la contracultura usamericana
desde la generación
beat, Dee Dee era la fuerza que
ponía en movimiento la tensión
del grupo. Si Joey cantaba para
dejar de ser el chico raro y
Johnny tocaba porque “no sabía
hacer otra cosa”, Douglas Colvin
lo hacía para no olvidar otro cruce
de la ciudad de los rascacielos,
el de la calle 53 con la tercera;
para no olvidar que hay demasiadas
esquinas por las que
nos arrastramos día a día; para,
cantando, sobrevivir. Ése es el
gran mensaje de los Ramones, el
que se te cuela en la cabeza y el
cuerpo mientras lo escuchas una
y otra vez, hasta que, inevitablemente,
piensas: “gabba, gabba,
soy uno de los vuestros”
.


2.263
conciertos con
los Ramones

Por Arturo Ochoa

‘De gira con los Ramones’ es el libro definitivo
para conocer a la banda. Su autor Monte A.
Melnick
fue su road manager durante toda su
carrera. Hablamos con él sobre el libro, su papel
en esta historia y, por supuesto, los Ramones.



Ante un libro sobre una banda
siempre surge una duda: ¿Quién
lo escribe? Si es un fan será muy
benévolo con el grupo, si es un
periodista/escritor se corre el peligro
de que sea una recopilación
de hechos sin más interés
que el de conocer la historia, si
es un miembro del grupo es probable
que se calle muchas cosas.
Pero, ¿y si quien lo escribe es alguien
que ha estado al lado del
grupo a lo largo de toda su historia?
Esto es lo que ha hecho
(hizo, porque el libro es de 2003)
Monte A. Melnick, cuyos 22
años al lado de los Ramones le
dan una solvencia más que demostrada
para ponerse a escribir
sobre ellos.

Aunque realmente no sea mucho
lo que ha escrito, ya que se
trata de una biografía a base de
entrevistas tanto con los miembros
de la banda como a sus personajes
más próximos. Y es ahí
donde está la clave de este libro,
cuya edición española ha publicado
Munster Books y que traduce
y prologa Jaime Gonzalo.
Es una historia coral contada
por sus protagonistas y allegados
en la que se cuentan cosas
que sólo habiendo estado en el
grupo se podrían haber conocido.
El mismo autor nos cuenta
el porqué del libro “Me he estado
planteando durante años hacer
un libro sobre los Ramones.
Fue después de que Joey falleciera
cuando sentí que podía
contar la historia completa.
Aparte de Arturo Vega [director
artístico y jefe de iluminación
del grupo] soy la única persona viva que estuvo con el grupo
desde el principio hasta el final,
y más allá. Esto aporta a mi libro
una mirada única de los
Ramones”. Además de los testimonios
con que cuenta, también
destaca por la cantidad y la calidad
del material gráfico con el
que cuenta, “Hablé con figuras
clave que trabajaron con ellos y
lo conocieron a la perfección.
Además tengo una habitación
llena de memorabilia de los Ramones
que recopilé a lo largo de
los años”

Analizando tanto su trabajo al
lado del grupo y su forma de recogerlo
en el libro, así como su
figura, que le llevó a convertirse
en pieza fundamental para su
continuidad, no pretende darse
más importancia de la que tuvo
(que no es poca), “No estoy reivindicando
nada, sólo cuento lo
que vi y experimenté a lo largo
de 22 años trabajando con ellos.
Se podría decir que el manager
es el héroe invisible de los grupos,
pero eso va con el trabajo.
Se dieron cuenta de que la música
que componían para los fans
era más grande que pelearse y
separarse. En cierto modo ayudé
a mantener al grupo unido y
en algunos aspectos lo hice”.
Esta visión se refleja también al
hablar de su gran satisfacción al
trabajar con los Ramones, “saber
que mi trabajo les ayudó a
convertirse en iconos del rock”.

Iconos del siglo XX

22 años dan para mucho, y más
si es al lado de un grupo en el
que cada uno tira hacia un lado y ninguno de ellos es del todo
normal, de lo da buena cuenta
el libro. Los Ramones tuvieron
la poca fortuna de triunfar masivamente
fuera de su país y
quedarse allí con las migajas
de un éxito reservado para las
bandas que se vieron influidas
por su música. Monte explica
esta situación: “En Estados
Unidos nunca tuvieron la difusión
en la radio que tuvieron al
otro lado del charco. Ahora son
más grandes de lo que fueron
nunca estando juntos. El entrar
después en el Hall of Fame del
Rock‘n’roll
ha sido un factor
que también ha ayudado. Si
hubieran sido así de grandes
cuando trabajaba con ellos podría
haber conseguido un buen
aumento de sueldo (risas)”.

Ese respeto por parte de las
generaciones posteriores para
Monte tiene su origen en que
“simplemente enseñaron que
sólo tienes que poner pasión
en tu música para tener éxito
y no tienes que ser un músico
virtuoso para hacerlo”. Su
grandeza musical, sumada a
un buen trabajo de promoción
visual desde el principio, les
ha llevado a que su logotipo
sea algo tan habitual en las calles
como lo pueda ser una
corbata, “se han convertido en
iconos. El logo de los Ramones
parece decirle algo positivo
a mucha gente”, añade
Monte. Algo parecido ha sucedido
con su grito de guerra
Hey Ho Let’s Go!”, que encendería
la mecha del punk
poco después, “para mí realmente
fueron los creadores
del punk, que no fue sino un
estilo caracterizado por la
adopción de una música con
una agresividad poco convencional”

Tras 22 años y 2.263 conciertos
al lado de los Ramones, es
inevitable preguntar qué pasa
por la cabeza de alguien que ha
dedicado todo ese tiempo a algo
más que un trabajo y sabe que
en ese momento se acaba, ¿qué
pensó Monte en ese momento?:
“¿Dónde puedo conseguir una
buena bebida fuerte?” Eso es todo,
el resto en el libro.

Bibliografía ramoniana

Es inevitable que un grupo como los
Ramones haya generado gran cantidad
de escritos. El año pasado, además de
De Gira con los Ramones, apareció
también la completa biografía de Dick
Porter editada por Ma Non Troppo. Por
otro lado, Marcelo Gobello, argentino
enamorado de la banda y cercano a
ellos durante unos años, completó su
particular trilogía ramoniana con Demasiado
duros para morir (Lenoir) en
2008. Es destacable también la biografía
de Ignacio Juliá en la editorial Cátedra
del año 93. Sin estar centrado
exclusivamente en ellos, Por Favor
Mátame (McNeil y McCain, Discos Crudos)
es el libro definitivo sobre el nacimiento
del punk en Nueva York. Por
último, y más orientado a coleccionistas
está Weird Tales of The Ramones
(Rhino, 2005), que aparte de un triple
recopilatorio y un DVD, incluye una
colección de cómics en donde 25 dibujantes
rinden tributo a esta banda a la
que tanto influyó el noveno arte.

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