El Público

Bruno Galindo, autor de este dispositivo inflamable que es su primera novela, retrata con nitidez y casi de manera ofensiva el devenir de una clase media que reconocemos a la perfección. Nuestro Hombre, el protagonista de El público, es la alegoría de nuestro tiempo. Pero este protagonista no es individual. Galindo utiliza una perspectiva narrativa que le va muy bien al leit motiv de la novela: nuestro Hombre es una voz colectiva, que se expresa mediante una primera persona del plural muy a lo Zamiatin y que es, en términos mercantilistas o de explotación, el mismo target.

, Reseña por Emma Quesada
28/11/12 · 21:12
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Bruno Galindo, autor de este dispositivo inflamable que es su primera novela, retrata con nitidez y casi de manera ofensiva el devenir de una clase media que reconocemos a la perfección. Nuestro Hombre, el protagonista de El público, es la alegoría de nuestro tiempo. Pero este protagonista no es individual. Galindo utiliza una perspectiva narrativa que le va muy bien al leit motiv de la novela: nuestro Hombre es una voz colectiva, que se expresa mediante una primera persona del plural muy a lo Zamiatin y que es, en términos mercantilistas o de explotación, el mismo target.
Este protagonista colectivo que es Nuestro Hombre debe descifrarse como el hombre herencia de la transición nacional.

Algunos de los capítulos son propiamente ensayos pero en ésos donde la trama avanza, ésta no lo hace sola. El público de Bruno Galindo supone un ejemplo lúcido de la literatura como campo de batalla. Completa la acción y la descripción con un elevado grado de digresión y de reflexión filosófica que guardan muchos paralelismos con autores como Michel Houellebecq, pero también con J. G. Ballard en lo que se refiere a la construcción de distopías.

La novela está trufada de referencias actuales y el relato se convierte en una máquina explosiva de ideas. Bruno Galindo tiene una alta capacidad para el análisis del hombre contemporáneo y del sistema en el que vive inmerso. El público es una novela oscura y penetrante, de aquéllas en las que el lector agradece la complicada digestión. En las últimas páginas, el relato se interrumpe de forma abrupta con lo que parece el inicio del despertar social. Leemos la última frase sin adivinar de qué lado estará Nuestro Hombre y sin descifrar tampoco un enemigo que persiste invisible.

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