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Protectores del sueño americano

La ficción televisiva ha establecido el modelo de policía norteamericano como el último héroe de la sociedad occidental. Para eso, ha sido necesario exagerar el miedo al mundo de los televidentes.

- Harry el sucio vs. los derechos civiles

23/09/11 · 8:00
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Son Ellos, los héroes de nuestra
época, los protectores del
sueño americano, los que cuidan
de las vulnerables leyes y
tratan de que el caos no azote a
los miembros de la sociedad
hasta convertirlos en seres incontrolados
que vagan por las
calles sin pautas de comportamiento
prescritas. De tal calado
se representa a los cuerpos policiales
en la pequeña pantalla,
sobre todo la estadounidense,
donde este género comenzaría
a gestarse allá por los años ‘60,
sentando algunas de las bases
morales más extendidas en la
sociedad moderna.

Los nuevos cuentos caballerescos
y épicas clásicas han
sido sustituidas por estos melodramas,
protagonizados generalmente
por un compendio
de hombres que sacrifican su
integridad para luchar contra
el mal. “El mundo no es un lugar
seguro”, repiten los protagonistas
y productores, que
prefieren mantener a sus espectadores
anclados al sillón
familiar. Ya que “la revolución
no será televisada”, los receptores
se conforman con crear
un mundo ficticio en el que los
suyos, los buenos, siempre
consiguen vencer en este
mundo que se presenta oscuro
y malvado.

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Adoctrinamiento

Los protagonistas suelen ser
seres con convicciones napoleónicas,
que se guían por una
moral impuesta y aferrada a
las instituciones judiciales, a
menudo en contra de las posibles
interpretaciones de unas
leyes impuestas por el sistema.
Implícitamente supone un
mecanismo de adoctrinamiento,
en el que relacionamos varios
conceptos que caen fuera
de la lógica de una mente reflexiva:
‘ley’ igual ‘bienestar’
igual ‘correcto’.

En el género abundan superhombres,
capaces de resolver
todas los crímenes y situaciones
de delincuencia sin apenas
despeinarse, descendientes de
los héroes epopéyicos como el
ejemplo de McGarret de Hawai
Five-0
(1968-1980) o los protagonistas
de series de tan baja
calidad como Martial Law
(1998-2000). Aunque han ido
apareciendo variantes de este
tipo de formatos que matizan y
plantean alternativas a estos
personajes, de los que el detective
Colombo (1971-1978) es
un precursor, pero la tónica a
lo largo de los años ha sido
mostrar a estas instituciones
como protectoras incorruptibles
al servicio de la sociedad.

Este género de serie televisiva
ha conseguido ir adaptándose a
los tiempos, amoldándose a cada
contexto según los principales
enemigos que los gobiernos
de turno querían inculcar. Así, la
identificación del bando contrario
es una de las mejores armas
para que la sociedad concentre
la ira de una vida abúlica en un
ser desconocido contra el que
poder despacharse a gusto. El tipo
de malhechor que frecuenta
las calles de Chicago, Manhattan
o Los Ángeles, suele estar
casi siempre estigmatizado
por mafias de distinta procedencia
y raza, tanto china, árabe, rusa,
latina o afroamericana.
Inconscientemente, la representación
de estas minorías étnicas
se contamina de aspectos negativos
que nos conducen a formar
prejuicios y opiniones que van
en contra de cualquier principio
netamente humano.

“El mundo no es un
lugar seguro”, repiten
los protagonistas para
que el espectador se
siente en su sillón

Uno de los casos más polémicos
sobre este aspecto fue el
que enemistó a Quinn Martin,
productor del género por antonomasia,
y el conocido crooner
de ascendencia italiana Frank
Sinatra. Ambos tuvieron un
fuerte encontronazo con respecto
a la forma en la que el
pueblo transalpino era representado
en la producción de
Martin Los Intocables, que narraba
las biográficas hazañas
del policía Elliot Ness contra la
mafia italiana en Chicago en
los años ‘30 de la Ley Seca. La
batalla fue ganada por el cantante,
que condujo a los productores
a reducir la cantidad
de apellidos italianos que florecían en el bando de delincuentes,
y propuso a un compañero
del protagonista con aspecto
italiano, para así suavizar el
daño ya provocado en el imaginario
colectivo de los estadounidenses
con respecto a este
sector de la población.

El carácter falso y convincente
de la televisión como espejo de
la realidad le ha capacitado como
creadora de valores, un fenómeno
mediático imperceptible.
Gerbner, en su teoría del cultivo,
analizó la función de este instrumento
como forja de patrones de
comportamiento, concibiendo
que una exposición constante e
intensa puede crear el “síndrome
del mundo pesimista”. Esto
supone la desfiguración de la realidad,
en la que los espectadores
sólo contemplan a su alrededor
situaciones de inminente peligro.
Sin embargo, productores
de cadenas como ABC o NBC
justificaron la violencia en pos
de la exactitud con la realidad,
desviando el tema de discusión
hacia el vacío. Es difícil poder
calcular cuánto ha podido afectar
a las personas este hecho, pero
lo que sí es cierto es que tienen
parte de responsabilidad en
la insensibilidad frente a las
agresiones y la muerte.


TOPICAZOS DEL GÉNERO POLICIACO
Por A.D. Tackleberry

La entrega de la pistola y la placa
Un agente de la ley es un agente de la ley. Siempre. Aunque su conducta temeraria le haya apartado del caso. Aunque un villano haya plantado sus huellas en el arma del crimen. Aunque su jefazo afroamericano le haya dicho cabreado aquello de “eres un agente cojonudo pero esta vez la has cagado. Necesito tu pistola y tu placa. Ahora”. Ese hombre roto, suspendido de empleo y sueldo, que fuma en calzoncillos mientras ve la programación matinal, no está acabado. Y no cejará hasta que haya justicia, le devuelvan su Magnum 357 o explote un tráiler.

El cuerpo, a salvo de los corruptos
Como todos sabemos, porque pensar otra cosa es antiamericano, por cada poli corrupto hay cien agentes honrados. Siempre dispuestos a pillar una bala por el ciudadano, a ser posible en el hombro. Y para atrapar a los garbanzos negros, Asuntos Internos. Esos tipos pijoteros que no conocen la calle y a los que nadie invita a una birra. Asuntos Sucios es una de las pocas que ensalza a esa clase de burócratas. Pero es que Richard Gere se merece eso y mucho más.

El policía amigo de los niños
La presencia policial en la pantalla se suele justificar con hechos de gran magnitud, como crisis atómicas, malvados nihilistas con inquietantes acentos o bandas juveniles armadas y airadas. Pero todo ello nos oculta las tareas que hacen humano al agente de la ley. Ayudar a cruzar pasos de cebra, salvar gatitos o defender a una niña con aparato de los malotes son esas pequeñas cosas que dignificaban a un Carl Winslow en Cosas de Casa o a un Romerales en la serie aquella de Mercero.

Zona especial norte
En lo doméstico, el norte de la península ofreció un vivero argumental para la loa y el descrédito de los cuerpos de seguridad durante las últimas décadas del viejo siglo. Pelis como Lobo, Gal o Días Contados configuraron la idea de unos funcionarios abnegados con problemas gastrointestinales que velaban nuestro sueño democrático ante una horda de chavales dispuestos a quemarlo todo para llevar a cabo sus sueños locos. Eloy de la Iglesia o Calparsoro enfocaron la cámara hacia otro norte, el del Plan Zona Especial, la guerra social, la reconversión y el caballo.

Demasiado viejo para esta mierda
Es sabido que el de policía no es un curro para cualquiera. ¿Que estos prohombres también sucumben al vicio? Claro está, siempre y cuando se nos presente de forma simpática. Por ejemplo, los polis de Los Simpson nos empezaron a caer bien el día que acabaron el episodio fumando hierba. Esto pasa. Y no se muere nadie. Lo que no cabe en cabeza alguna es que haya maderos tan degradados como Harvey Keitel en Teniente Corrupto. E igual de impresentable es ver a Jesús Puente poniéndose un tiro de cocaína en el coche patrulla. Repetimos: ¡Jesús Puente!

El mejor amigo de los buenos
A la poli no siempre le da la mollera para resolver el crimen, pero siempre ayudará, con nobleza y refunfuños. Esta es la idea subyacente a las series del género Se ha escrito un crimen. En ellas, los agentes de la ley se apuntan los tantos que les sirve en bandeja la perspicacia de una profesional liberal sin gusto para la elección de jerseys. El inspector Lestrade en Sherlock Holmes o el inspector-jefe Gautier en el Inspector Gadget son famosos antecedentes de éste subgénero.

Zona especial favela
Si usted pertenece a la pequeña burguesía, perdóneme que se lo diga pero no tiene usted ni la más remota idea de lo que pasa allí donde los criminales campan a sus anchas. Y probablemente tampoco sepa que hay que dejarse en casa el Estado de derecho, los derechos humanos y otras zarandajas. Si quiere saber más de que hablamos cuando decimos villanaje, revise Tropa de élite. El Batallón de Operaciones Especiales de la Policía Militar de Río de Janeiro: toda una película. Y si es usted blando, por lo menos no sea hipócrita: circule o sea baleado.

Por encima de la ley
Aunque en el departamento nadie lo quiera admitir, siempre hay polis que llevan su amor por la justicia demasiado lejos. Más que utilizar las armas del enemigo, estos tipos tienen el gatillo fácil y la mano larga. A menudo son corruptos, pendencieros, jugadores y borrachos. Nunca encontrarán perdón en el cine o la literatura. La foto del capitán Dudley Smith no colgará en los pasillos del cuerpo de policía de Los Angeles en las novelas de James Ellroy. Y nadie brindará por Elias ‘Eli’ Thompson en el Atlantic City de Boardwalk Empire.

Doblemente duras
Ya lo han visto, el enfoque de género está desaparecido en este negocio y por lo tanto en estas líneas. No obstante, hemos visto algunas mujeres polis colarse en este mundo de hostias como panes, vello torácico y pistolas desorbitantes. Titis que le meten una bala entre ceja y ceja a un vendedor de Rolex falsos cuando haga falta, para que se vea que ellas también valen para defendernos del Mal. Ahí tenéis a Angelina Jolie, en varias sagas del género patada en la boca; Rene Russo en las de Arma Letal o Holly Hunter en Copycat. Mujeres que reivindican su papel como garantes de la Seguridad.

Con placa, con dobleces, rara vez como son realmente

Desde la comisaría demócrata de Canción triste de Hill Street hasta series conservadoras como 24, CSI o el reality Cops, las series policiales han mantenido la misma imagen monolítica sobre la labor policial en Estados Unidos. Los agentes, ya trabajen para el FBI, la DEA o para un cuerpo local, son casi en su totalidad intachables desde el punto de vista profesional y
sólo adquieren dobleces en su vida personal, algo que resalta su humanidad. En la muy valorada The Wire, la corrupción policial aparece en su contexto: como uno de los efectos de la propia corrupción de todo el sistema. La serie también desarrolla varias tramas en las que se juzga (y se condena) la brutalidad de los agentes en el ejercicio de su trabajo. Otra serie que ahonda en las zonas oscuras de la labor de los cuerpos llamados de seguridad es The Shield cuya visión de Los Ángeles ha sido comparada con la narrativa del escritor James Ellroy. En España, la serie de policías con más éxito ha sido Los Hombres de Paco, que no destaca por ser una visión realista del trabajo del cuerpo por estos lares.

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comentarios

1

  • |
    anónima
    |
    26/09/2011 - 7:12pm
    en las canciones polis de la edición impresa no entiendo como os habeis olvidado de cucarachas de leño, estado policial de extremo o cops de los chikos del maiz, un saluo!
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