CRÓNICA DEL FESTIVAL DE TEATRO DE AVIÑÓN 2007
Por los caminos de la resistencia

Al amparo de la figura del poeta René Char, recordada
este año con motivo del centenario de su nacimiento,
la 61 edición del festival de Aviñón supo salvar los
escollos de una conmemoración que hubiera podido
limitarse al homenaje consensuado y estéril.

06/09/07 · 0:00
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ANGELS IN AMERICA. El director polaco
Warlikowski hace alusión a la situación de
homofobia por la que pasa Polonia / Stephan Okolowich

Proponiendo una
programación inventiva
y arriesgada,
el dúo de programadores
Hortense Archambault
y Vincent Baudriller
supo rescatar la figura
del compromiso artístico
simbolizada por uno de los
pocos intelectuales y artistas
franceses que se volcó de inmediato
en la resistencia
contra los nazis. La sombra
de Char se extendió por una
programación que, pese a su
diversidad, encontró un denominador
común en su dimensión
social y en su manera
de plantear la cuestión
del compromiso artístico
con la evocación de realidades
pasadas y presentes que
incitan al mundo del teatro a
buscar nuevas formas de representación
del mundo.

Las orientaciones marcadas
por el artista asociado a
la programación de este año,
el francés Frédéric Fisbach,
no hicieron más que remarcar
este hilo subterráneo de
la programación. Primero
con la decisión de representar
Los biombos de Jean
Genet (1961), acérrima crítica
del colonialismo francés
ambientada en la guerra de
Argelia, que Fisbach, fiel a
su concepción de montar
sus obras recurriendo a técnicas
expresivas que pertenecen
a culturas alejadas de
la suya (japonesa, coreana),
pone en escena de modo
magistral, mezclando actores
de carne y hueso con las
marionetas de la compañía
japonesa Youkiza. El eco
que toma la obra, frente a las
recientes polémicas que se
han dado en el país galo sobre
el carácter positivo de la
colonización y la voluntad
de Sarkozy de exculpar a
Francia, toma más relieve
aún con Les feuillets
d’Hypnos
(1946), fragmentos
poéticos escritos por
Char durante sus años de resistencia
a la ocupación alemana,
aquí dichos por un
centenar de actores aficionados
en actitudes de la vida
cotidiana, para reafirmar la
vigencia y la actualidad del
espíritu de resistencia.

La presencia de Fisbach
también permitió acercarse
a un teatro africano, olvidado
de las anteriores ediciones
con la invitación de dos
autores/actores, Dieudonné
Niangouna (Congo-Brazzaville)
y Faustin Linyekula
(Congo-Kinshasa), ambos
enfrentados a la necesidad
de contar la historia atormentada
de sus países. Si
Niangouna acierta con Actitud
Clando
-uno de los mejores
espectáculos del festival-
evocando la situación
de los emigrantes clandestinos
en la que se inspira para
construir una nueva ética de
resistencia, Linyekula, a pesar
de disponer de un elenco
de actores excelentes, no
consigue deshacerse de un
mero didactismo histórico.

Las otras apuestas de Fisbach
en torno a la nueva generación
de directores franceses
fueron en cambio menos
acertadas y revelaron la
desorientación de la joven
escena francesa. Christophe
Fiat fue seguramente el más
patético representante de este
otro eje del festival con La
jeune fille à la bombe
, una
mera performance estéril
aderezada con un barniz de
rock’n’roll. Otra de las grandes
decepciones de este festival
fue el montaje propuesto
por Valère Novarina, cuyo
trabajo sobre el lenguaje
anima la labor teatral de un
autor obsesionado por la
omnipresencia de la comunicación
estéril, característica
de nuestro mundo ultramediatizado.

Desgraciadamente,
la propuesta de El acto
desconocido se encierra
en una espiral lingüística exponencial
que a la larga se
transforma en un esfuerzo
vano e irritante.
Lo mejor de esta edición
vino sin duda del extranjero,
no sólo de África sino también
de los montajes de Rodrigo
García, que presentaba
dos espectáculos interesantísimos:
el tumultuoso
Cruda, vuelta y vuelta, a
punto, chamuscada,
inspirado
en la murga bonaerense
y el intimista y silencioso
Aproximación a la idea de
desconfianza
. Este último,
calificado por el autor como
“una especie de misa” en las
antípodas de la violencia escénica
que caracteriza sus
propuestas, denota su voluntad
de indagar en otras formas
de evocar la violencia
del mundo y la indiferencia
con la que ésta se extiende.

El otro momento álgido del
festival fue la adaptación por
el director polaco Krzysztof
Warlikowski de Angels of
America I,II, obra emblemática
del teatro norteamericano,
escrita por Tony Kushner
en torno a la pandemia
del sida bajo la presidencia
Reagan. La depurada puesta
en escena se centra en la denuncia
del antisemitismo,
del conservadurismo religioso
y de la homofobia a través
de unos personajes que,
más allá de sus flaquezas, hipocresías
o traiciones, se caracterizan
por su profunda
humanidad. Aunque el director
no modifique la ubicación
estadounidense de la
obra, la actualidad del texto
de Kushner se hace evidente
de cara a las horas negras
por las que pasa Polonia bajo
el mandato retrógrado y
homófobo de los hermanos
Kaczinsky, contra los que
Warlikowski dirige un ataque
al rojo vivo que confirma
la validez de un teatro de
combate y de denuncia que
no abandona ni la exigencia
ni la invención artística.

'ACTITUD CLANDO' DE NIANGOUNA
_ Nada más apagarse las
luces, la voz de Dieudonné
Niangouna brota con fuerza
y rabia en la oscuridad,
en medio del lecho de brasas
ardientes donde se ha
colocado el artista, aquí
convertido en superviviente
anónimo de un mundo en
descomposición. Mientras
una luz cenital va recortando
en la penumbra caldeada
su rostro fantasmagórico,
el fuego de la hoguera
recorre y abrasa literalmente
el monólogo del personaje
hasta transformarlo
en mensajero rescatado de
los infiernos.

En Actitud Clando, Niangouna
se centra en la figura
del inmigrante clandestino y
en la posición marginal que
éste ocupa entre las capas
más ocultas y relegadas de
nuestras sociedades. Pero
según se despliega el discurso
del clando (argot de
clandestino), Niangouna da
la vuelta al concepto y a la
situación de exclusión que
conlleva, para recuperar el
vocablo y reivindicarlo como
base de un auténtico manifiesto
libertario. Lejos de
reclamar cualquier tipo de
regularización o de integración,
Niangouna lleva la
paradoja al punto de mostrar
la absoluta necesidad
de mantenerse en los márgenes
de la 'regularidad'
para poder ser libres. La
Actitud Clando acaba así
transformándose en una
oda radical a la libertad del
individuo que rehuye toda
identidad social o nacional
impuesta, y que reafirma el
sinsentido de toda frontera:
no tener papeles, olvidar su
nombre, su firma, sobre
todo no tener trabajo, ni
horarios, ni móvil, ni dirección
fija, aún menos tarjeta
visa, ordenador, ni ninguna
necesidad creada por la
sociedad que nos convierta
en esclavos catalogados,
numerizados y clasificados,
hasta perder la verdadera
identidad de cada uno.

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