Pier Paolo Pasolini, cine-poesía desde una ciudad llena de pórticos

Hace 90 años nacía en Bolonia el cineasta, escritor, dramaturgo, músico, etc. Pier Paolo Pasolini. Su enfrentamiento con el poder y su amor por la raíz de los seres humanos marcaron su obra, profundamente libre y radical.

20/04/12 · 8:00

Soy uno que nació en una ciudad llena de pórticos en 1922
Pier Paolo Pasolini
‘Poeta de las cenizas’

Hace ahora 90 años, un 5 de marzo nacía en Bolonia uno de los mayores poetas italianos del siglo XX y una de las más lúcidas voces críticas que han surgido en la reciente historia europea. Literato, cineasta, ensayista, filólogo, Pier Paolo Pasolini encarna como pocos el ideal del intelectual libre, enfrentado frontalmente al poder, cuya obra multifacética no se agota con el paso de los años transcurridos tras su trágica muerte en 1975. Pasolini se jugó la vida literalmente en la Italia convulsa surgida tras la derrota del fascismo en la II Guerra Mundial, un escenario donde la Europa de los bloques dirimía tensiones sociales irresolubles entre la burguesía industrial por un lado y las grandes masas de obreros que llegaban a las ciudades desde el medio rural por el otro.

Sin nada que esconder frente a una élite pacata e hipócrita, Pasolini surge como una voz de un radicalismo inaudito

Encausado en 33 procesos judiciales (absuelto en todos), vivió y produjo su obra en medio del escándalo constante, perseguido por su condición de homosexual y comunista. Ello explica la brutal franqueza que encontramos en su obra: el tono de Pasolini es el de uno que ha asumido el linchamiento mediático y la exposición al escarnio público como una tragedia de la que se alimenta: sin nada que esconder frente a una élite pacata e hipócrita, Pasolini surge como una voz de un radicalismo inaudito, un azote permanente del poder democristiano, del neofascismo y la mafia vaticana y un interlocutor siempre crítico del Partido Comunista Italiano, para el cual pedía el voto una y otra vez, a pesar de haber sido expulsado de sus filas a finales de los años ‘40 a causa de su orientación sexual.

Llegada a Roma

Pasolini llega a Roma antes de cumplir 30 años procedente de la región del Friuli, de donde huye con su madre tras un primer proceso a causa de un escándalo sexual. Con escasos medios económicos, se instala en la periferia romana, donde entabla relación con la población llegada del campo en busca de oportunidades: es el subproletariado romano que protagonizaría buena parte de su obra. Tras ganarse una sólida reputación literaria, gracias sobre todo al éxito de su poemario Las Cenizas de Gramsci y de su novela Chicos del arroyo, se inicia en el cine a mediados de los ‘50, primero como guionista y luego como director con Accattone, su primera película, del año ‘61. A esta le seguirían una larga serie de largometrajes, cortometrajes y documentales. Con pocas excepciones, sus actores eran elegidos entre personas comunes de los arrabales o entre sus amigos. Su estilo cinematográfico, de un extraño realismo (él usaba el término “cine de poesía”), se puede considerar en muchos aspectos la antítesis del cine comercial.

Paralelamente a su obra artística, Pasolini se convirtió en un referente intelectual en los medios italianos gracias a sus frecuentes intervenciones en la prensa y en la televisión, donde se caracterizó por sus continuas polémicas sobre los temas que atravesaban la actualidad italiana de la época: partiendo de posiciones cercanas al marxismo de Gramsci, su postura fue radicalizándose más y más con el paso de los años. Su denuncia hunde sus raíces en el profundo amor que siente hacia el campesinado y el subproletariado italiano, cuyos valores ve desaparecer progresivamente al tiempo que el sistema de valores consumista se generaliza en Italia a mediados de los años ‘60 con el “boom” económico. La homologación cultural, que para él tiene los rasgos de un genocidio, sumen al poeta en una desesperación que le impulsa a ejercer una crítica apocalíptica hacia esa suerte de fascismo reconvertido en modernización, auspiciado por el gran capital industrial, la extrema derecha, parte de la jerarquía católica y los servicios de inteligencia del capitalismo internacional que por esos años quieren impedir a toda costa que Italia entre en la órbita del comunismo. Son los años de la logia P2, del grupo Ordine Nero y del terrorismo de Estado.

Flagelo de jerarcas

Aprovechando el eco mediático de su éxito como cineasta, Pasolini se convirtió al final de su vida en un flagelo insobornable de la clase dominante a través de constantes artículos en la prensa italiana, en los que pedía “procesar a los jerarcas democristianos” o en los que afirmaba saber quiénes eran los responsables de las masacres terroristas que asolaban Italia

(su célebre escrito Io so -“Yo sé”- fue la fuente de inspiración de Roberto Saviano para Gomorra). Nunca dejó de posicionarse críticamente, escandalosamente, frente a los acontecimientos que marcaban la vida política y cultural de su tiempo, demostrando una lucidez, una sensibilidad y una valentía excepcionales, siempre al margen de los intelectuales “de palacio”. El grueso de sus intervenciones de este periodo está recogido en los libros Cartas luteranas y Escritos corsarios.

En el momento de su muerte en 1975, Pasolini trabajaba en la novela Petróleo, narración en torno al personaje de Enrico Mattei (el directivo de la empresa nacional de hidrocarburos que llegó a acuerdos comerciales con la URSS y que resultó muerto en un falso accidente aéreo en 1962) y también acababa de terminar el rodaje de Saló o las 120 jornadas de Sodoma,

un filme brutal sobre la naturaleza del poder que sigue sin perder ni un ápice de su perturbadora elocuencia hoy día. Hoy pocos dudan de que el crimen que puso fin a su vida tuvo motivaciones políticas y que se trata de un episodio más de la siniestra trama de los años de plomo italianos, de la cual vamos conociendo los detalles a cuentagotas, décadas después, conforme van prescribiendo las responsabilidades o van desapareciendo de forma natural sus perpetradores. Como artista, su propósito manifiesto fue resistirse a que su obra se volviera un simple objeto de consumo. Hoy conmemoramos el nacimiento de esa “fuerza del pasado”, porque su espíritu sigue vivo y es más necesario que nunca.


El Teatro de la Palabra

LAURA CORCUERA

“El teatro debería ser lo que el teatro no es”, escribió Pasolini en el primer epígrafe de su manifiesto 32 puntos para un nuevo teatro (Nuovi argumenti, no9, marzo de 1968). De puntillas se ha pasado por la obra dramática de este incómodo intelectual que apostó en vida por un Teatro de la Palabra, carente de acción escénica (y de puesta en escena), como alternativa al teatro burgués (de la charla) y al de vanguardia (del gesto y del grito), donde el intercambio de opiniones e ideas (los personajes reales) estaban en primer plano y generaban un “rito cultural”.

Pasolini había hecho una primera aproximación a la escritura teatral en 1944 con I turcs tal friul, un drama en dialecto sobre una comunidad rural italiana, pero fue en 1965 cuando escribió cinco de sus seis tragedias que remataría en los años siguientes -Pilade (1967), Orgia (1968), Affabulazione (1969), Porcile (1969), Calderon (1973)—, además de su última y autobiográfica Bestia da Stile (1974).

Gracias a las traducciones de Carla Matteini, su obra se encuentra en español. En 1980, la revista Pipirijaina publicaría por primera vez Calderón, revisada y reeditada por Icaria (1987) y por la revista Primer Acto (2009). La editorial Hiru continuó la labor con Orgia (1995), que recomendamos como primera incursión a sus textos dramáticos, y Fabulación (1997). Sus obras teatrales, grandes retos para poner en escena, son pura poesía de acción bañada en la dialéctica de los contrarios (normal/diferente, realidad/sueño, pasado/futuro). Vale la pena leerlas al menos, pues esconden reflexiones que sobrepasan un tiempo concreto.

PASOLINI CINEASTA
I.G.R.

La obra de Pasolini pasa de la fascinación por el modo de vida del campesinado y el subproletariado y su resistencia a la cultura de consumo al desengaño.

Cuando el progreso margina

Debut en el cine de Pier Paolo Pasolini, Acattone, de 1961, bebe del universo que poblaba sus primeras novelas, unas borgate (los arrabales de la ciudad) pobladas por personajes marginales. Centrada en las peripecias de Vittorio, un chulo, este largometraje habla de un mundo que fascinaba a su autor. Miserable y violento, marginado del progreso pero precisamente por eso todavía resistente y no totalmente contaminado por la cultura de consumo asociada al avance del capitalismo industrial.

Italia sin milagros

Poco conocido, el documental-encuesta Comizi d'amore (1965) es uno de los favoritos de esta casa. Mientras buscaba localizaciones para rodar El Evangelio según san Mateo, Pasolini aprovechó para conocer, micrófono en mano, la opinión de los italianos (paseantes, intelectuales, estudiantes, obreros...) sobre el sexo, el amor, el matrimonio, la homosexualidad o el papel de las mujeres. El resultado, fascinante y divertido, da una imagen compleja del rostro de un país que poco tiene que ver con la Italia oficial del milagro económico.

La burguesía se consume

El primero de una serie de filmes más 'difíciles', indigestos y no consumibles para el mercado que inicia Pasolini en 1968. Teorema, adaptación de una de sus novelas, versa sobre un misterioso joven que irrumpe en el seno de una familia burguesa y va conquistando uno a uno a cada uno de sus miembros, física y emocionalmente. Este filme sobre la esterilidad de los valores burgueses, que ha sido comparado con El ángel exterminador, de Buñuel, tendrá problemas con la censura y no se estrenará hasta 1970.

'Saló', el poder sobre los cuerpos

Adaptación del marqués de Sade, Saló (1975) supone una abjuración del optimismo que propugnaban sus tres películas anteriores: es una representación del ejercicio del poder sobre los cuerpos, objetualizados y convertidos en cosas. De la celebración del cuerpo como territorio de libertad, Pasolini pasa a concebirlo como un terreno abonado para el ejercicio del poder. Esta última obra expresa el convencimiento de que no existe un afuera del poder y del capitalismo, que Pasolini había querido encontrar en las borgate y el modo de vida campesino.

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