DIFERENTES MODELOS DE SALAS ALTERNATIVAS PARA CONOCER DURANTE UN AÑO
Pequeños espacios beligerantes

Las salas de teatro alternativo se constituyeron en los años ‘90 como
espacios de revitalización de las artes escénicas en los diferentes
territorios del Estado español. Son lugares de encuentro que han
evolucionado hacia diversos modos de funcionamiento, gestión interna
y criterios de programación.

15/03/06 · 17:08
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Han generado un
plancton de dramaturgos,
actores,
coreógrafos y directores;
su actitud heroica
desde premisas de la autoexplotación
ha conseguido consolidar
espacios por los que
ahora pasan centenares de
compañías. Las salas alternativas
generan un público limitado
y bastante reducido a pesar
de mantener políticas de
precios accesibles (entre 5 y
15 euros) y elaborar días de
“paga lo que puedas”, como
el reciente Teatro de la Puerta
Estrecha en Madrid. Muy utilizado
en países como Holanda,
Bélgica y Francia, el abono
es una de las herramientas
que sirven para dar estabilidad
a proyectos de semejante
empeño humano y económico.
Pero mantenerse con una
excelencia y riesgo artísticos
que repercuta en el público
y en la dignidad económica
de las compañías es tarea de
toda una vida.

El primer teatro alternativo
viene de lejos y ya no existe
como tal. Diseñada originalmente
para la exhibición de
películas, la sala Olimpia de
Lavapiés (Madrid) se inauguró
el 14 de noviembre de 1926
y se estrenó como teatro el 18
de diciembre de 1979, con la
obra Galileo Galilei, de Ludovico
Geymovant. El 20 de julio
de 1984 se convertiría en
la Sede del Centro Nacional
de Nuevas Tendencias Escénicas,
el único teatro público
que daba a conocer autores,
coreógrafos y directores no
consagrados; pero, en 1994
pasó a depender del Centro
Dramático Nacional (hoy es
el Teatro Valle-Inclán). Hubo
una generación de teatreros
que se quedó sin espacio público
que la apoyase; gracias
al trabajo de las primeras salas
alternativas (como Cuarta
Pared o Pradillo), esa generación
no tuvo que guardar su
obra en el cajón. Trabajos como
los de Rodrigo García,
Carlos Marquerie, Juan Muñoz
o el colectivo El Astillero
marcaron una línea
concreta y ayudaron a crear
un circuito que no ha hecho
más que crecer.

Dentro del circuito alternativo,
el programa Intersalas
-que en 2000 cumplía su sexta
y última edición- fue el primer
intento de la Coordinadora
de Salas Alternativas
para establecer las bases de
un circuito de gira de las producciones
de las salas y de
aquellas compañías más relacionadas
con éstas. En la
primera edición del Circuito
de la Red Alternativa en
2002, ya eran 75 compañías
y 96 espectáculos los que
presentaron sus propuestas
de danza y teatro.

En la actualidad, los espacios
alternativos no tienen
una homogeneidad de concepto
o un horizonte claro.
Las propuestas, incluso dentro
de cada sala, son bastante
heterogéneas (basta mirar la
programación de la sala Imperdible,
la Triángulo o la
Beckett). En muchas ocasiones,
se trata de modos de producción
alternativos, pero no
de discursos alternativos. Algunas
salas se han convertido
en un espacio más donde
la profesión puede exhibir
trabajos que se habrían podido
enseñar en el teatro comercial
o en el teatro público
institucional si éstos hubieran
respondido como hacen
en otros países.

El dramaturgo José Ramón
Fernández entiende las salas
como una alternativa estética.
“En muchas ocasiones, es
una alternativa de funcionamiento,
pero creo que, tal y
como están hoy, precisan de
un apoyo público mayor, porque
dependen del empuje de
una determinada gente que
cualquier día decide que ya
está bien de tirar de esto y que
se va a dedicar a otra cosa.
Creo que sería malo que las
salas se convirtieran sólo en
un lugar en el que se forjasen
creadores que luego pasaran
a otros espacios”.

Veremos qué depara el VI
Festival Alternativo de las
Artes Escénicas Escena Contemporánea,
que se desarrolla
en varias salas y teatros
de Madrid del 30 de enero al
26 de febrero y que es fiel reflejo
del acontecer teatral
más arriesgado. Veremos
cómo evoluciona a lo largo
de 2006 este conjunto de espacios
no convencionales
cuya potencialidad reside,
en buena medida, en las capacidades
y voluntad de contar
de un determinado equipo
de personas.

LA RED

es una asociación de 28 espacios
escénicos que se creó en
1992 como coordinadora estatal
de salas alternativas.
Desarrolla programas como el
Circuito estatal para la gira de
las compañías, la promoción de
espacios de encuentro, el apoyo
al nacimiento de nuevas salas y
su relación con otros países.
También funciona como centro
de comunicación, documentación
y publicaciones como la revista
Ubú. El circuito 2006 de la
Red ya está en marcha y desde
mediados de enero recibe proyectos
dramáticos y coreográficos.
Sin embargo, sólo seis proyectos
teatrales serán seleccionados
bajo la condición de haber
solicitado una subvención
específica al Instituto Nacional
de las Artes Escénicas y
Musicales (INAEM), ya que la
red no gestiona el dinero directamente.
En el caso de la danza,
la Red selecciona otras seis propuestas
y el INAEM da a la Red
una dotación económica para
su gestión directa.

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