Literatura
Pequeño árbol genealógico del trepa

¿Vive usted pendiente del humor
de su jefe? ¿Considera que el 1% lava
más blanco? Si la respuesta es ‘sí’ puede
que usted se mueva sólo por el interés.
Le presentamos un pequeño recorrido
de la historia de los trepas a través
de la literatura.

- Entrevista a Santiago Mitre: "No hay redención en la forma actual de hacer política"

05/06/12 · 8:00
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Sancho Ruiz

Ambición. Aparentemente inocente, es el nombre de una enfermedad
social grave en la que no importa ya la meta, sino seguir
subiendo. Es una de las claves de la sociedad moderna y, en consecuencia, uno de los
grandes temas de la literatura
contemporánea. La sociedad,
enferma ella, consigue enfermar
a los sujetos. Por eso, en el
siglo XIX, aquellos que, encabezados
por Zola, apostaban
por la figura del escritor como
médico social, se dedicaron a
retratar la ambición, ese mal
del cuerpo social que se extendía
por los sujetos y empapaba
completamente sus nervios,
sus deseos y sus principios.

Echando la vista atrás, observando
el realismo decimonónico,
reconocemos perfectamente
el síntoma en el sujeto y la
enfermedad en la sociedad. Sin
embargo, nuestro cuerpo social,
el postmoderno, el del siglo XXI,
tiene una fuerte herencia
genética y no está tan lejos
del decimonónico. Para ello, la
literatura sigue ahí, como clínica,
como retrato de esa falta de
salud social. Desde que se empezó
a hablar de ello hasta hoy
han pasado muchas décadas, y
tenemos el privilegio de poder
realizar una pequeña genealogía
del ciudadano enfermo
de ambición (advenedizo,
interesado, “trepa”…). ¿Quiénes
eran y quiénes son los que
sacrificaron su existencia ante
la ambición?

El desnudo del enfermo

Como decimos, en el XIX, la literatura
marcadamente realista
se encargó de demostrar cómo
la sociedad padecía sus
propias enfermedades y cómo
éstas se asentaban en los sujetos.
Stendhal, en Rojo y Negro,
creó el personaje que muchos
consideran pionero en este tema:
Julien Sorel. Julien, joven
estudiante amante de los libros
y de origen modesto, comienza
sus andaduras alentado por el
afán de obtener una formación
que deseaba con todas sus
fuerzas. Sin embargo, a medida
que avanza en sus conocimientos,
mucho menos de lo
esperado en un principio, comienza
a comprender cómo
esos conocimientos, unidos a
la manipulación emocional,
pueden servirle como manual
de instrucciones y salvoconducto
para introducirse en las
altas esferas sociales. Así, el
lector observa cómo la ambición
se instala definitivamente
en su interior y acaba desplazando
de forma mórbida
todos los principios, sentimientos
y deseos que tenía en
un principio. El final no es
otro que la pérdida del control
del sí mismo, la despersonalización.
Julien acaba rompiendo
muchos juguetes, pero
sobre todo acaba siendo un
juguete roto irreparable. Su
ascenso muta, para él y su alrededor,
en destrucción.

También en Francia,
Balzac, dentro de la serie de
novelas La comedia humana,
nos regala el trazado de
Raphaël de Valentin, personaje
que acaba sacrificando
su vida en su deseo por acceder
a una alta sociedad que se
le antojaba como único lugar
posible. Protagonista de la novela
La piel de zapa, este joven
procedente de una “buena
familia” arruinada firma
una suerte de pacto con el diablo
al aceptar que su vida vaya
menguando, literalmente,
a medida que sus deseos de
ascenso se cumplen, también
sin dudar en utilizar la seducción
como arma dentro del
materialismo económico que
lo devora, que convierte su
pasión en sustancia económico-
social y que lo aboca a una
ruina peor que la económica:
la que sigue a la venta de la
propia vida porque ni tan siquiera
la muerte te puede
asustar más que no conseguir
medrar.

En la literatura española,
Fermín de Pas, ese magistral siniestro
que Clarín crea en La
Regenta
, nos aporta una visión
en otro ámbito, ya que inserta
al advenedizo sin escrúpulos en
el contexto de la Iglesia católica.
Personaje alevoso del que el
lector puede llegar a percibir el
olor, destroza a todos los que lo
rodean a fin de conseguir lo que
anhela: el ascenso social unido
al control de una vida que no le
pertenece, confundiendo así
deseo y poder.

Nada cambia / todo estalla

En el siglo XX (y también en lo
que llevamos de XXI), nos
encontramos con una sociedad
que delira de una forma algo
distinta. Deleuze la llamará esquizofrénica.
Sea como sea, el
capitalismo se asienta, pero los
antiguos males se heredan, y la
literatura nos habla de cómo esa
persistencia en el tiempo lleva al
desastre final, al gran estallido.

Scott Fitzgerald en Suave es
la noche nos convence de que el
que tiene que sanar es muchas
veces el que está verdaderamente
enfermo, y por ello crea a Dick
Diver, un psicoanalista que consigue
llegar a la meta acaso demasiado
pronto y se precipita en
una caída imparable, arrastrando
con él a su propiamujer.
Un pocomás adelante en el siglo,
Patricia Highsmith crea al
famoso mister Ripley. En todas
las obras en las que aparece, encontramos
de nuevo el germen
de la obsesión: la falta de escrúpulos,
el personaje cargado de
formación y conocimiento pero
desposeído de toda ley moral o
principio. El personaje, en fin,
que nomira a los lados, sino hacia
arriba, lo que él considera su
propia meta. Son muchos los
que van cayendo, pero ninguna
la empatía que élmanifiesta hacia
ellos. Solo queda en él la obsesión
por ascender.

Easton Ellis ha tratado magistralmente
el estado de este mal
en nuestra época, y prueba de
ello es American Psycho, donde
la despersonalización la protagoniza
Patrick Bateman, que representa
al joven que ha cumplido,
que ha llegado hasta donde tenía
que llegar y que, desde arriba,
contempla el vacío bajo sus pies.
Al hacerlo, el vértigo le convierte
en una suerte de individuo
desdibujado. Con el ascenso
consumado, la mirada se centra
en la vacuidad que hay ahí arriba,
donde todo cae o está a punto
de hacerlo. La sociopatía estalla
en psicopatía, y la ambición acaba
engendrando a un asesino en
serie que se nutre de violencia y
de obsesiones, rodeado de personas
igualmente desdibujadas
girando sobre símismas.

Pero si hay un ejemplo literario
que relate con especialmaestría
el estallido de esa obsesión
que es el ascensosocial es El club
de la lucha
, donde Palahniuk
escenifica una oposición frontal
a los valores sociales que enferman
al individuo. Aquí, la violencia
se centra en la rebelión, en el
intento de decir que no, en una
lucha que es al mismo tiempo
lucha física y lucha socio-económica.
Aquí, en fin, tenemos una
posible última parada de esa insania
que recorre el cuerpo social
moderno, y esa parada está
allí donde todo explota.

Trepas en series de TV

El afán de alcanzar los escalones
más altos que conducen
al triunfo social o la llegada
a los arrabales del 1% ha
sido hábilmente explotado
por los guionistas de destacables
series estadounidenses.

Un servidor, un
amigo, un siervo

Pete Campbell,
secundario de
primera fila de
Mad men, representa
un tipo de
trepa que remite
a la hidalguía
castellana, esto
es, aquellas personas nacidas en
familias de clase alta que pasan por
una mala racha. Por eso Campbell no
duda en ponerse a los pies de quien
sea necesario siempre y cuando eso
sirva para ocupar un lugar de honor
en el pelotón de los despreciados.

Una lagarta con
cuerpo de lagarta

Diana (¿tienen
apellidos las
lagartas extraterrestres?)
era la
auténtica protagonista
de V.
Diana representa
un tipo, frecuente
en los soap opera americanos, de
mujer que usa «sus encantos» (antes se
decía así) para escalar en sus planes de
conquista de la tierra, en este caso, literalmente.
Para esto no duda en manipular,
engañar, traicionar... Una joya,
vamos, e icono lésbico, para más inri.

Aceveda: la
ambición latina

The Shield pasa
por ser una de
las series más
oscuras, terribles
y desesperanzadoras
de
la historia de la
TV. Si Vic Mackey
representa el mal encarnado,
su némesis, el capitán David Aceveda
se presenta, por oposición a
Mackey, como su enemigo virtuoso.
La moraleja (y así les evitamos
espoilers) es nunca te fíes de un
trepa que presuma de rectitud.

Puritana e
hipócrita

Margaret Schroeder
debe ser juzgada
con benevolencia
ya que su
ambición palidece
en el brutal
entorno en el que
se desarrolla la
acción de Boardwalk Empire. No obstante,
el hecho de que abuse de su
posición sobre otras mujeres que
proceden de donde ella viene, su
insoportable beatería y, en definitiva,
su hipocresía, la condenan a aparecer
en esta lista.

El extraño caso del
periodista trepa

El periodista Scott
Templeton aparece
en la quinta temporada
de The
Wire
(la más floja,
según los críticos)
y, en una serie en
la que no escasean
los trepas, se convierte en el primus
inter pares. Afortunadamente, en el
mundo del periodismo no hay lugar para
personajes como el de Templeton; en la
vida real, los redactores apenas tienen
ego y, por lo general, puede decirse que
son magníficos profesionales.

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comentarios

1

  • |
    anónima
    |
    27/06/2012 - 12:52pm
    sed, conoced a mamen por corteseda de nerea, mi innetcif3n era conversar con paco.sed, me orientf3 muy bien, y me dijo que lo que intento se le escapaba. tambie9n aciertas con val, es la siguiente entrevista, sed, me dio clase en su momento.tambie9n me dijo que era especial e iba a necesitar una codireccif3n, y ya me he puesto en contacto con el sef1or tricas, ilustre blogger, pero tengo que ir a buscarle al cps a ver pero estoy teniendo buena respuesta si me decidiera con un doctorado muy cordial saludo, sef1or elros.
  • Sancho Ruiz
    Sancho Ruiz
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