ENTREVISTA AL ESCRITOR EDUARDO GALEANO
Los pasos de la poesía andante por la memoria del fuego

Acaba de terminar la gira de presentación de ‘Espejos’, que le llevó por todo el Estado durante abril y mayo. El autor de ‘Las venas abiertas de América Latina’ y ‘Patas arriba’ dedicó un ratito a DIAGONAL para hablarnos de periodismo, historia y literatura.

12/06/08 · 0:00

Texto de Igor del Barrio y Encarni Irusta

Dice estar contento
de este viaje que le
ha hecho recorrer
la península llenando
teatros y recintos (en
Santiago contaron 1.500 personas
en el Auditorio y ha sido
una de las firmas más deseadas
en las ferias del libro
en Madrid, Barcelona o
Sevilla). Él está convencido
de que “este mundo lleva otro
mundo posible en la barriga”,
y como si de una metáfora de
su metáfora se tratara, quienes
le han dado su cariño en
este camino eran, en su inmensa
mayoría, jóvenes.
Gran conversador, muy cercano
cuando habla, mira profundamente
con sus ojos azules
pintados de horizontes y
piensa cada palabra como si
estuviera modelando figuras
de barro.

El niño rebelde

Galeano se crió en un ambiente
de profundas convicciones
católicas, pero “no me
fue bien con la santidad”, dice.
Siempre tenía una pregunta
contestataria en el aula,
y desde muy chiquito supo
que estaba “destinado a ser
expulsado de la clase”. Esas
preguntas no han dejado
nunca de acompañarle. Su
educación universitaria
transcurrió en los cafés de
Montevideo. Comenzó a trabajar
muy temprano y a militar
en organizaciones políticas,
lo que le llevó a estar preso,
primero en Uruguay y
después en Argentina, antes
de su exilio a Barcelona a finales
de los ‘70. Y es en
Barcelona donde decidió llevar
a cabo el lanzamiento
mundial de su último título,
que “quiso ser el libro de los
nadies, de los no escuchados”.

Galeano es un activista
de la memoria: él prefiere dar
voz a los protagonistas de
hoy y de ayer, caminantes de
la historia, y desconfía de los
futurólogos: “Ése es el drama
de los intelectuales, quieren
creerse con el derecho a decidir
la historia, cuando los verdaderos
protagonistas son la
gente que trabaja, que son
anónimos, y son los que merecen
respeto y atención. Yo
escribí este libro tratando de
escuchar esas voces no escuchadas
y de ver esas imágenes
no vistas, de los anónimos
que hacen la historia sin
saber que la hacen. Y esa
multiplicidad de puntos de
vista requiere mucha humildad:
saber que somos un pedacito
de algo mucho más
grande y ubicarte en un lugar
desde el cual puedas de veras
escuchar y mirar. Para eso
hay que lavarse los ojos y los
oídos, los oídos taponados de
todos los prejuicios acumulados
durante siglos… Y las telarañas
que te impiden ver todo
el arco iris terrestre en su
luminoso esplendor, que son
el machismo, el racismo, el
militarismo, el elitismo...”.
Dice que uno escribe “para
abrazar a gente que no conoce
y ser abrazado por ella”.
Para él, la literatura latinoamericana
es una “voz de voces”
que da la diversidad de
un continente “con amplias
reservas de dignidad”.

Presencia de las mujeres

La revolución que salió menos
herida del siglo del viento
fue la lucha de las mujeres,
uno de los ejes narrativos
en la obra de Galeano.
“Y este libro”, nos dice, “es
una tentativa de ver a la mujer
de otra manera, porque
la mujer fue concebida hasta
ahora por la historia oficial
como sombra fiel del
prócer o como objeto decorativo.
Y la verdad es que las
mujeres han sido muy importantes
en todos los procesos
que hicieron lo posible
para que el mundo cambiara.
Entre ellas está la militante
revolucionaria Olimpe
de Gouges, que cuando la revolución
francesa proclamó
en 1793 su Declaración de
los Derechos del Hombre y
del Ciudadano, ella propuso
una Declaración de los
Derechos de la Mujer y la
Ciudadana y le cortaron la
cabeza en la guillotina. Yo
pienso que ese tipo de cosas
deben ser reconocidas, para
que ahora, que las mujeres
ocupan un lugar por lo menos
mejor del que ocupaban,
se sepa que no fue un camino
regalado por nosotros,
los machos… sino que fue
un proceso de lucha, un camino
conquistado”.

Cada vez que Galeano escribe,
intervienen mujeres
como en un círculo mágico
que se abre y le abriga.
Cuenta que Helena Villagra,
su compañera, le acompaña
durante todo el proceso de
creación, y sabe que después
sus libros caen, mayoritariamente,
en manos de ellas.
“Yo les decía a los de Sant
Jordi que cuidado con las
tradiciones, que provienen
también de prejuicios acumulados.
Y eso de regalarle al hombre un libro y a la mujer
una flor no tiene nada que
ver con la realidad: en la realidad
la que lee es ella, y en
todo caso, la flor debería ser
para él, a ver si deja de ser un
tarzán invulnerable y se enternece
un poco”.

Periodismo profesional

“Hacer periodismo crítico es
muy difícil, porque los espacios
abiertos a la independencia
en el mundo más
transitado de la comunicación
periodística, que serían
los periódicos, se han reducido
muchísimo en relación a
lo que eran al final de la segunda
guerra mundial. Yo he
dirigido mil revistas y diarios
y semanarios alternativos, y
esto de ustedes me resulta
conocido”, dice. Y nos cuenta
su elección personal:
“Nunca quise ser un profesional
del periodismo, en el
sentido de entrar en la empresa
que mejor me podía
pagar y recibir el mejor sueldo,
y después preguntar si tenía
que escribir a favor o en
contra. Nunca quise aceptar
eso”. Eso sí, comenta esperanzado
que “a pesar de que
los medios de producción de
opiniones y de informaciones
están cada vez más concentrados
en pocas manos, lo
que ha ocurrido de bueno es
la apertura de nuevos canales
de comunicación, frente a
las cuales yo tuve todos los
prejuicios que ustedes puedan
imaginar, y que he ido
venciendo. Pero vía internet
se han abierto algunos caminos
de comunicación sorprendentes.
Vamos a ver hacia
dónde conducen, pero
por lo menos han permitido
que algunas voces, que antes
resonaban en campana de
palo, tengan ahora una difusión
que está más cubierta. Y
eso me parece muy positivo”.

Otro mundo es posible
En la era del miedo global,
le pedimos a Galeano que
nos recomiende uno de sus
Espejos para contarle a un
bebé que acaba de llegar al
mundo. Y nos cuenta
“Objetos perdidos”: “Es verdad
que, cuando yo era chico,
creía que todo lo que en
la Tierra se perdía iba a parar
a la Luna. Después vi a
los astronautas que fueron y
no encontraron allá ningún
objeto perdido en la Tierra.

Y, sobre todo, no encontraron
ni esperanzas traicionadas,
ni ilusiones perdidas, ni
promesas vendidas… Nada
de eso había en la Luna. Y yo
pienso que todo eso está en
la Tierra. Quizá está escondido
esperándonos. Entonces
yo le diría al niño, a medida
que va creciendo: ‘bueno,
ya ves, si todo eso está
escondido, te está esperando
a ti que estás recién iniciando
este camino. Que las
encuentres, a esas esperanzas
y a esas ilusiones, y que
las eches a andar”. Acto después,
comenzó su recital de
Madrid con una emotiva dedicatoria
“a la memoria de
los republicanos españoles
exiliados en Uruguay, que
me enseñaron la dignidad
de los vencidos”.

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